"¡Aquello es un circo!" Esto es lo que me decía mi Ingeniero de la Fórmula 3 y amigo Jose Santos después de estar trabajando en la F1 durante una temporada.
En ese momento me hizo gracia su expresión, pero después del Gran Premio de Hungría, en el que equipo Maclaren tuvo que hacer juegos malabares para hacerse con el control de sus pilotos y decisiones, entiendo mejor a lo que se refería.
¡Pasen y vean señores y señoras!¡Pasen y vean! Famosos, deportistas, multimillonarios y "tifossi", padres y niños. Hondeando banderas, con gorras, camisetas con su piloto favorito y como no, sus entradas, con el mayor número de pegatinas y colorines pisibles para poder ser y estar en esa burbuja, inaccesible y glamurosamente "VIP".
Pero esto no ha hecho mas que empezar, porque los focos se encienden y el semáforo da salida a las fieras, si fieras, que se llaman Fernando Alonso y Lewis Hamilton dirigidos por el látigo de Ron Denis.
Que nadie piense que son amigos o que lo eran. Que nadie piense que no se conocían hasta la F1 y que nadie piense que esta es la primera vez que se baten en duelo. En el karting, deporte que ambos practican desde que sus cabezas soportan el peso del casco, ya imponían su carácter y su talento siendo la F1 un escenario mas en el que ambos se encuentran con hambre de triunfo.
Ellos quieren ganar y tienen la experiencia para hacerlo y la determinación para pasar por encima de cualquiera. Conozco a pilotos así, confiados de sí mismos, formados desde pequeños para luchar y vencer en lo que mejor hacen, pilotar, sin poses ni peloteos porque son las fieras del número principal, a las que todo el mundo quiere ver.
Que se aparte el presentador y quien pretenda domar su número. Que corra la tinta y se disparen los flashes de los interesados porque esta lucha " a muerte" nadie la podrá controlar.







HELLO!
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