Me gustan los Oscar por que siempre pasan cosas increíbles en ellos, desde aquella vez que 'Titanic' (brrrrr) se alzó con la vergonzosa cantidad de once estatuillas (doblemente brrrr), hasta lo que sucedió ayer con ‘Sweeney Todd’ o ‘Expiación’ (sonrisa malévola). Pese al éxito de crítica y público que, al parecer, ha tenido la última peli de Tim Burton, finalmente la gran ceremonia del cine americano me ha dado toda la razón del mundo al afirmar que la película es una castaña pilonga, concediéndole un solo premio, y para más recochineo, uno de esos que no quiere nadie. ‘Mejor dirección artística’ (voz de fondo: ‘vaya miellldaaaa...’), rubrica así todo lo dicho por mí en la entrada anterior, como está mando (risa diabólica). Jo, hay que ver lo que se pica a la gente cuando leen una opinión disidente, si es que está claro que éste no es país para viejos...
Por lo demás, especial enhorabuena a Javier Bardem por su estatuilla, pese al odio que le profesa a todo ser humano que no sean su madre y Penélope Cruz. La verdad, el hecho de que sea español me da un poco igual –me da en la nariz que tampoco él tiene un especial cariño a la madre patria-, pero por fin se ha concedido un merecido reconocimiento a uno de los mejores actores que ha conocido el cine desde que los hermanos Lumière inventaron el proyector cinematográfico. Enhorabuena también a los Coen, que le han levantado mejor película y dirección a ese pestiño infumable de ‘Expiación’, interpretado por el insecto palo Keira Knightley, probablemente la peor actriz de su generación, que se queda con el muy triste ‘Mejor Banda Sonora Original’ pese a sus siete nominaciones. Otros que se han llevado un premio a casa han sido Diablo Cody, por su excelente guión en ‘Juno’, el gran Daniel Day-Lewis por ‘Pozos de ambición’, la bella Marion Cotillard por su interpretación de Édith Piaf en ‘La vie en rose’, mi amada Tilda Swinton por su papel en ‘Michael Clayton’ o los adorables chicos de 'Once' por su canción 'Falling Slowly'.
Y ahora... ¡pasemos a destripar los vestidos!
Bien, tenemos por aquí a Nicole-Madelman-Kidman, en una extraña posición, creemos que estudiada para no dejar ver la forma natural de sus brazos, propios por otra parte de una persona que hace ya varias décadas que interpretó 'Los Bicivoladores'. A su lado, Calista-narizimposible-Flockhart. Ambas han desarrollado los mismos rasgos faciales en los últimos años, lo que me lleva a creer que acuden al mismo cirujano plástico para remodelarse la faz. Un poco de botox está bien chicas, pero estáis empezando a pareceros a dos pequeños replicantes de cera. Los vestidos, de Balenciaga y Valentino, son ciertamente un horror.
Anne Hathaway, muy criticada por los floripondios de su modelo de Marchesa. A mi las flores me gustan (soy muy floral), es quizá el drapeado lo que le hace un flaco favor. Junto a ella, la sin par
Diablo Cody, guionista de ‘Juno’. Su poco ortodoxo vestido de leopardo, de Dior, me parece de lo más grande visto sobre la alfombra roja. Me gustan las personas que se mantienen fieles a su estilo, ya sea para ir al Eroski como para recibir un Oscar.

Dos formas de llevar el rojo: a la izquierda, Heidi Klum, con un ostentoso vestido también de Dior. Sinceramente, si no eres actriz ni eres nada, no hay por qué acaparar todos los flashes de esa manera... A la derecha, la bella Helen Mirren con un elegantísimo vestido de Georges Chakra. Yo quiero envejecer así, oigan.
Los vestidos más raros: los negros, extrañamente. El modelo de Karl Lagerfeld (odio a Karl Lagerfeld) para Penélope Cruz es un completo horror, y no lo hace ningún favor a sus caderas (ya se lo decía Bardem hace unos años: ‘eres un guarro...’, ‘¡y tu una jamona!’. Pues eso). La verdad, estaría mejor con uno de los vestidos que creó para MANGO. El vestido más sorprendente: el Versace de Hillary Swank, con un cuerpo que parece un extraño híbrido entre el espectacular vestido rosa palo, también de Versace, que lució Penélope en los Oscar 2007 (jamás nadie superará ese vestido), y el de Maribel Verdú en los últimos Goya, diseño de Alberta Ferretti. Clon clon clon...
Y por último, el vestido más bonito de la gala es para... ¡Cameron Díaz!, de Dior por supuesto. La percha no dice mucho (yo lo habría llevado mucho mejor, señor Dior, la próxima vez ya sabe...), pero el vestido en sí es precioso: sencillo y arquitectónico. Puro Dior.
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