Por favor, miren debajo de esta entrada, donde pone la fecha de hoy. Miren, miren. Hoy, 9 de junio, he tenido que salir a la calle con un impermeable abrochado hasta la barbilla. Un impermeable que me compré en una tienda de souvenirs el verano pasado, después de que nuestra tienda de campaña saliese flotando tras tres días sin parar de llover, y que cuando lo he rescatado del fondo de la mochila se asemejaba más a un Shar Pei que a una prenda digna y perfectamente ponible. Cuan cómodo y elegante es no os lo podéis imaginar: azul marino, con olor a plástico y largo hasta los pies. Harto distinguido.
Esta injusticia climática me tiene en un sinvivir. ¿Es justo pasar este frío cuando ya deberíamos pasear en pelota picada por las calles de España? ¿Es justo acaso que esté nevando en pleno mes de junio, cuando nos hemos tirado cinco meses esquiando sobre cantos rodados? No.
Este invierno gris y desencantado que estamos viviendo incrementa mi odio hacia las cosas hasta límites insospechados: odio el transporte público, odio tener todo el día los pies helados, odio a las viejas que se te cuelan en la cola del autobús. Pero sobre todo, odio los aparatos eléctricos, los electrodomésticos, las nuevas tecnologías. Su ingratitud es superior a mis fuerzas: ni en Matrix las máquinas nos trataban tan mal como nuestros microondas y ordenadores.
El otro día sin ir más lejos LeTigre nos comentaba que había perdido todos sus objetos personales de camino al trabajo (inexplicablemente, habían saltado desde el interior de los bolsillos abiertos de su chupa mientras iba en la moto a 250 por hora, suicidándose todos ellos contra el asfalto en algún momento indeterminado). En consecuencia, y después de asumir la cara de estupor que se le debió quedar al tío al que en ese momento estuviese adelantando al ver a un motero al que le salían disparados las llaves, el móvil, el mando del garaje y la cartera en plena M-40, se había tirado toda la mañana en una tienda Vodafone, intentando conseguir un duplicado de la tarjeta y un móvil nuevo.
(ring, ring...)
LeTigre: hola, he perdido mi móvil y necesito restringir las llamadas...
Señor de Vodafone, imagen y semejanza de la eficiencia máxima: ah, no se preocupe, deme los datos y enseguida lo tenemos
LeTigre (ya en la tienda): hola, he perdido el móvil y la cartera, y necesito hacer un duplicado de la tarjeta...
Dependienta: muy bien, deme el dni.
LeTigre: esto... no lo tengo, estaba en la cartera.
Dependienta: ah, pero necesito el dni para hacer el duplicado.
Letigre: pero si acabo de llamar por teléfono para restringir las llamadas y sólo me han pedido los datos.
Dependienta: sin el dni no puedo hacer nada. A menos que... a menos, claro, que conozca usted el número súper secreto.
LeTigre: ¿?
(ring, ring)
LeTigre: hola, llamaba para que me dijesen mi número súper secreto.
Señor de Vodafone: **** (combinación logarítmica súper difícil e inadivinable)
LeTigre: ****.
Dependienta: ¡ah, entonces perfecto! Ahora le hago su duplicado.
LeTigre: .... ¿se da cuenta de lo absurdo que es lo que acaba de pasar?
Total, que después de tirarse una hora y media para hacer el duplicado, cuando quiso comprarse el teléfono la cola de la caja alcanzaba ya las dos mil quince personas y tuvo que huir de allí a fin de salvaguardar su propia salud mental.
Jo, pobre LeTigre. Ahora tiene una tarjeta sim pero sin móvil...
Es o no es para que te entren ganas de matar.
Otro que esta semana ha tenido problemillas con su móvil ha sido Undertaker, que después de convertirse en Calcaneo-man, y tirarse tres meses postrado en la cama cual Ramón Sampedro a causa de una lesión snowboardil ( si es que vivimos al límite...), últimamente está recuperando su mojo de soltero, y claro, luego le pasa lo que le pasa: que se tira toda la semana recibiendo mensajes amenazantes y totalmente borderline de sus múltiples concubinas. Qué miedo, vivir todo el día amenazado por tu teléfono móvil no es cosa de broma.
Aunque sin duda somos los más susceptibles a los olvidos los que peor lo pasamos con la amenaza de los aparatos eléctricos: Nightology, por ejemplo, que es la única persona del mundo capaz de llegar al trabajo, darse cuenta de que se ha dejado el portátil en casa, volver a casa, cambiar una bombilla, hacer pis, y volver al trabajo sin el portátil, o yo misma, que esta mañana he sufrido la peor de las vejaciones por parte de mis propios objetos, somos sus principales víctimas.

Esto si que eran buenos tiempos...
¿Cómo se explica si no que mi iPod, que hace las veces cada mañana de despertador junto a la alarma del móvil, haya decidido reprogramarse sólo y sonar una hora antes, en una venganza amèliesca sin igual? Ya alguna vez le había dado por sonar una hora más tarde, lo cual es genial, levantarse y ver que tienes -10 minutos para ducharte, lavarte y secarte el pelo, aplicarte todos los productos que te das al día para parecer joven y bella, y, sobre todo, vestirte. Pero eso de sonar con una hora de antelación y que tu, inocentemente, te dirijas al baño dando tumbos mientras te preguntas por qué aún es de noche, y no sea hasta media hora más tarde que te percates de que son horas inhumanas, eso... eso no tiene perdón de Dior, no señor. Así que al final me he vuelto a meter en la cama tal y como estaba, toalla enrollada en la cabeza incluida, mientras oía a mi madre en la lejanía de mi mente 'pero, ¿qué haces?', y yo 'ghghghghghghg....' (babas), y después 'zzzzz....'. Muy mal, iPod, muy mal.







HELLO!
Canada
Rusia
Grecia
México
Adorada Veruca: los "elestrodomésticos" tienen mucha personalidad, por no decir "muchos co*ones". a mí, mi microondas me ha llevado por el caminito de la amargura días y días. ahora parece que lo tengo más contento.
de la fotocopiadora mejor ni hablo.
como yo no tengo iPOD (me niego a pasar por un programa para gestionar canciones porque una manzana me lo diga) pero sí "emepetrés" utilizo otros despertadores que también suelen fallar.
tentadito estoy de recuperar el WALKMAN y salir a la calle a CREAR TENDENCIA OCHENTERA. aunque hay que recordar que a veces también se enfadaba y se COMÍA LA CINTA!!!
en fin, besos y suerte a los humanos!