Ayer LeTigre y yo dedicamos toda la tarde-noche a hacer una de esas mudanzas que vas retrasando y retrasando hasta que ya no te queda más remedio que moverte o te comienzan a devorar tus propios objetos.
Lo que sucedió, como él dice, fue simplemente surrealista. Lo que hemos dado en llamar ‘momentos bizarros’ fue algo más o menos tal que así:
A eso de las siete recibo un mail de LeTigre en mi buzón, comunicándome que la fecha para la mudanza se ha trasladado a hoy. Mhhhh, qué fastuoso, con la que está cayendo. Salgo del trabajo y pongo rumbo a Malasaña, mientras él se va directito a casa de Jake para recoger su furgo, elemento imprescindible para realizar nuestras gestiones.
Llego a su casa. Nos miramos. Buscamos a alguien mas por aquello de ‘¿dónde están esos amigos tuyos que decías que nos iban a ayudar con la mudanza?’
Por lo visto no hay nadie más.
El sofá es pequeñito y tiene fundas lavables, así que lo arrastramos en medio de la lluvia calle abajo sin la menor piedad, hasta que adquiere tal color que parece que lo hemos sacado de un container. Ya en la furgo, nos percatamos de que el portón de atrás está roto y hay que sujetarlo con un sofisticado mecanismo consistente en un palo haciendo palanca. Ajajá.
Haciendo equilibrios para no rozar en ningún momento este mecanismo mortal y que la puerta se nos caiga en la cabeza, levantamos el sofá y empujamos hasta que queda depositado dentro de la fragoneta. Acto seguido, subimos a por la cama de LeTigre, el otro objeto que va a desaparecer de su piso en favor de un fastuoso chaise-longe. La cama tiene ruedas así que no tenemos que dejarnos los huevos riñones para arrastrarla por el edificio. Eso sí, está dentro de un mueble de madera que pesa más que una vaca en brazos. Llegamos al coche: a ver... probamos con el portón del lateral... no cabe. A ver, portón trasero... vale, en este momento nos damos cuenta de que la cama no solo es plegable sino también desplegable: al intentar subirla a la furgo, se desdobla en dos en plena acera. Tras intentar empotrarla varias veces contra la parte de atrás del coche sin cercenarnos los dedos, por fin lo conseguimos, y ponemos rumbo hacia nuestro primer destino, no sin antes pasar por el garaje para recoger una última tanda de objetos. Por supuesto, vamos sin mando para la puerta, ¿por qué iba a salir algo bien hoy?, así que nos toca esperar a que alguien entre o salga para poder pasar a su lado a toda velocidad. Una emoción nada comparable al momento: ‘Oye, ¿el techo del parking no está muy bajo?’, ‘Si...’, ‘Pues bájate a ver si nos damos con él, anda...’
Ya en la carretera, pillamos la A-6 a toda velocidad con:
-un solo retrovisor
-lluvia persistente
-noche cerrada
-una cama plegable danzando de un lado a otro de la furgoneta, amenazando con decapitarnos al menor frenazo.
El paradigma de la seguridad.
Cogemos el bus-vao, salimos por la carretera de El Escorial y, de repente:
‘Oye Veruca, ¿te suena esto?’
‘A mí no...’
‘A mí tampoco...’
(Silencio...)
(Más silencio...)
Entramos por un camino de cabras sin iluminar que resulta ser un puerto de montaña indeterminado (el puerto de ‘a tomar por ****’ en palabras de LeTigre). Damos media vuelta en un lugar nada peligroso y volvemos por donde hemos venido intentando dar con la casa de Undertaker.
Tras encontrar, por fin, su mansión, y después de teclear dos mil quince números diferentes intentando dar con la clave que abre la puerta de su urba (ese sitio es más insondable que Prison Break), partimos en dirección Villa Thor. Por el camino, sufrimos un cruce de llamadas Thor-Undertaker-madre de LeTigre, y claro, con tanto follón, ni nos damos cuenta de los badenes asesinos que hay por todo Majadahonda hasta que de repente, ¡zas!, oímos volar la cama contra el techo del coche mientras LeTigre grita: ‘¡¡bizarre moments!!’. Delirante.
Llegamos a casa de Thor para darle su tabla y cual es nuestra sorpresa cuando vemos que nos abre la puerta, Y VIENE ANDANDO... como Lázaro, esto es un milagro. Nos cuenta que ya le han vendado los dos esguinces que se ha hecho en ambos pies, y comienza a perseguirnos arrastrándose por toda la casa mientras hacemos nuestras cosas.
Thor: Tomaros algo hombre...
Nosotros: Es que tenemos mucha prisa.
Thor: Pero, no sé, quedaros un ratillo, una visitilla...
Nosotros: Que no, que no podemos, que aún tenemos en el maletero un sofá y una cama...
Así que nada, nos acompaña hasta la puerta y le dejamos solo con su soledad. En la lejanía escuchamos sus últimas palabras: ‘Que no veo a nadie, tíos...’
De casa de Thor a la mía hay apenas un trecho, aunque suficiente para que vayamos haciéndonos a la idea de lo terrible que va a resultar: sacar la cama plegable, sacar el sofá y subir de nuevo la cama plegable, todo sin esnucarnos. Total, que al final me acabo pillando los dedos con la cama, o, como bien ha dicho LeTigre esta mañana: ‘casi se los amputa’. Casi nada.
Subimos el sofá arrastras, y LeTigre se queda alucinado cuando, al entrar en mi habitación, ve que la única manera de que encaje el sofá entre mis cosas es... verticalmente.
Es que, como le contaba ayer, en los últimos cuatro años en mi habitación solo han entrado cosas, nunca salido. Con razón mi madre pegó un grito cuando le llamé por teléfono para comunicarle que llevaba el sofá...
A partir de este momento, me desligué de la operación mudanza y me quedé en casa intentando incrustar mi nuevo sofá entre el armario y la cama. Eso si, aunque no estuve presente, me consta que lo que pasó después fue una sucesión sin par de más momentos bizarros que culminaron con LeTigre prestándole su coche, la gorda Knee-Hole, a Jake, después de empotrar la furgo contra una columna y tener que llevarla al taller.
TIEMPO TOTAL ESTIMADO PARA LA MUDANZA BIZARRA: 5 horas 45 minutos.
*Esta entrada no hubiese sido posible sin la inestimable colaboración mailística de LeTigre.
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Eneko: por favor, ¿no tendrá algo para el dolor de cabeza?
Mujer en pistas: si, mira, tengo estas pastillas rosas.
Eneko: señora, no tengo la menopausia, tengo dolor de cabeza.

Ay Veruca de mis entretelas! pero qué alegría que estés viva! jaja, delirante la mudanza!
deberían estar prohibidas por los médicos.
si en vez de Madrid fuera Cleveland, con esa carretera y en la noche, hubiérais ido a parar a la casa de un psico-killer, así que podéis dar gracias, jaja.
besos enormes!
pues no había pensado lo del psico-killer, pero ahora que lo dices... ¡qué miedo!
o_O