El otro día Nightology me decía que cree que soy una friqui porque:
-cuando voy a los garitos me sé todas las canciones de memoria
-hago listas de las cosas
-escribo un blog
Yo le respondía que claro, que él no se da cuenta de lo friqui que es él en sí mismo. Que yo sepa, Nightology es la persona más despistada que conozco. Es capaz de salir por la puerta dispuesto a hacer una cosa y volver dos horas más tarde encantado de la vida, y sin recordar lo más mínimo que era lo que quería hacer desde el principio. Eso sí, por el camino se ha comprado dos iPods, una mochila de multijuegos y siete millones de abonos para el Summercase.
Claro que lo realmente grande de Nightology no es que sea un despistado de mucho cuidado, nonono. Lo realmente grande es que su explicación para no prestar atención a las cosas normales y corrientes es que tiene que gastarla toda en el curro, 'porque su curro es de fijarse mucho'; frase que por supuesto Thor y yo ya hemos adaptado para absolutamente todo, y que trasladaremos de hijos a nietos hasta que sea absorbida por la sabiduría popular.
Ejemplos de desastres por culpa de su curro de fijarse mucho:
1. Nightology decide volver del trabajo a casa a media mañana porque se le ha olvidado el portátil y lo necesita para trabajar. Una vez allí, hace pis, baja a los chinos a comprar una bombilla, la cambia, mira a su alrededor, se da cuenta de que no recuerda a qué ha venido, y se vuelve al trabajo tan contento sin el portátil. Todo ello porque su curro es de fijarse mucho.
2. Nightology decide salir de casa con la bici para dar un paseo. Dos horas después, cuando ya ha vuelto y está tumbado viendo la tele, se da cuenta de que, oh sorpresa, cuando entró por la puerta la bici ya no iba con él, y que no tiene ni idea de dónde ni cuándo se separaron. Es porque su curro es de fijarse mucho, evidentemente.
3. Thor y yo nos acercamos a casa de Nightology a cenar su especialidad culinaria: sandwich de jamón y queso a la plancha. Como su curro es de fijarse mucho, el pan se se le quema no una sino dos veces seguidas, mientras Thor y yo le miramos completamente muertos de hambre desde el sofá.
Por eso el sábado no me extrañé nada cuando, después de ripar, y una vez en el coche, de pronto le oigo murmurar a mi lado, 'ehhh, estoooo...', me giro, y veo que tiene sus gafas de pasta despedazadas en las manos.
De cómo las gafas pasaron de estar en sus ojos a estar hechas picadillo en un segundo nadie lo sabe.
Tras la consiguiente expedición por el pueblo en busca y captura de Superglue, consiguió reparar el estropicio uniendo las dos partes rotas y el cristal. Qué bien, ¿no? Pues no, porque en el proceso, y de algún modo incomprensible, desenroscó sin querer uno de los tornillos de la patilla, uno de esos malditos tornillos microscópicos imposibles de ver si no tienes súper visión de superhéroe, y que enseguida pasó a formar parte del enjambre de bolas de pelusa que asola la casa. Así que al final se ha tirado todo el finde llevando la patilla tiesa y pegada con celo a todas partes, y las gafas unidas con Superglue por la mitad.
'En casa tengo otras de Harry Potter', me decía...
Es lo más grande.

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