¡Ayyyyyyy, qué bien lo hizo ayer mi Esther! Cantó fenomenalmente bien, mucho mejor que en las galas anteriores que parecía una bisagra oxidada. Estoy encantada de que siga en el programa, ¡soy tan fans! Además, el placer inmenso que me proporcionó ver la cara de pared que se le quedó a Rubén, y moreover, a Iván, aka 'la bicha', tras ser expulsado, no tiene precio que se pueda pagar con dinero. Para todo lo demás, Mastercard, evidentemente.
Jo, qué fuerte la gala. Haré una breve descripción de lo que se me pasó por la mente mientras la veía:
-El tandem Jesús Vázquez-Risto, es mejor que los payasos de la tele, de verdad, que les den un programa de debates o algo. Si tuviese que elegir entre uno u otro no sabría con cual quedarme: ¿con las puñaladas traperas de Risto, que te las clava en el estómago para después retorcerlas, y, por si no estás muerto aún, te las recubre de sosa cáustica sin inmutarse? ¿o con la vena explosiva del cuello de Jesús Vázquez, que cualquier día le va a estallar en directo durante el programa?
-La actuación por supuesto de Esther, que fue totalmente triunfal. Cierto es que escucharla sigue siendo dañino para la salud, pero por lo menos las veces que desafinó se podían contar con las manos, y no formaban parte de un mismo pitido infernal e incesante. Su cara de felicidad al terminar pasará a formar parte del imaginario colectivo, todo ello hábilmente aderezado por sugerentes planos de la cara de estreñimiento de dos semanas de Risto y del padre de pelo eléctrico de Esther.
-El acento de Pablo en inglés es de fibrilar, directamente. Ayer juro que por unos segundos le escuché decir 'guachi guachi guaaaaa' mientras cantaba.
-La bicha, Iván, que después de llevar una semana despotricando hasta del aire que respira no pudo contener a la drama queen que lleva dentro y casi muere a los pies de Rubén al conocer su expulsión. Cuánto dramatismo por Dior, sólo le falta liarse una toga a la cintura y conducirlos a todos a través del desierto.
-El momento pastel de fresa de Rubén, 'le dedico esta canción a mi hermana, que se llama Noelia'. ¿Pero se puede ser más tolai? Yo creo que no. Menos mal que gracias a superEsther ya le han largado de la Academia, porque si tengo que ver una vez más esa cara regordeta con su pétrea sonrisilla me da algo. Palabrita.
-Las voces de las Tanias, que esta semana se han puesto de acuerdo para torturar a los telespectadores.
-El maquillador ese de Max Factor, que es negro pero solo de color, porque tiene la cara de mi vecino, que es de Cuenca. Es profesional porque lo dicen ellos, porque no hay más ver la carita con la que se miran las pobres al espejo cada vez que termina de maquillarlas, cual adefesios.
-Reke, que sigue creyéndose que es heterosesuaaarl.
Grandes.
En fin, a otra cosa mariposa, que no todo es OT en esta vida. Esta tarde me he dado una vuelta por el centro, porque tenía que comprar unos rotuladores que me hacen falta. Aprovechando la coyuntura, me he dado un paseo por mis tiendas predilectas para comprar trapos a cuatro pesetas, es decir, H&Ms, Sferas, Zaras y demás. En Hambre & Miseria concretamente he encontrado un pañuelo rojo muy bonito, pero como no he visto nada más que me convenciera, allí se ha quedado. Es que cuando voy a H&M tengo la necesidad de comprar o muchas cosas o nada.
Total, que al final he acabado dando con mis huesos en la sección de cosméticos de El Corte Inglés. Siempre me pasa igual: cuando no encuentro nada que me guste, acabo comprando compulsivamente:
a. Bolsos
b. Zapatos
c. Zapatos y bolsos (a juego)
d. Mogollón de potingues que me hagan sentir más joven, bella y/o delgada para superar el trauma
En El Corte Inglés es todo un poco más caro, pero no importa, porque de repente hacen cosas como darte una preciosa tarjetita por valor del 25 por ciento de tu compra. Y te vas más contenta que unas pascuas, claro.
Una vez allí, y después de arrasar con las lociones hidratantes, las cremas para los pies, las lociones exfoliantes y las estanterías de Nivea, he dirigido mis pasos directamente hacia una dependienta, una de esas amabilísimas dependientas del Corte Inglés que de tanto dulzor lo mismo te dan ganas de saltar por encima del mostrador a abrazarlas que de ponerles la zancadilla y salir corriendo en dirección contraria.
Yo hace años que aprendí que las dependientas del Corte Inglés son una clave fundamental para saltarse las colas de dicho establecimiento. Es decir, tu puedes tirarte un cuarto de hora esperando en la caja a que te atiendan, que basta que llegue una de esas finísimas dependientas con su clienta trotando detrás, que se te van a colar.
Con esta sabiduría, me he dirigido hacia una dependienta que de tan amable emanaba una especie de resplandor rosado. Le he dejado todas las cosas que llevaba en los brazos, y me he puesto a rebuscar entre las cremas anticelulíticas, hasta que he dado con una que me va a dejar más delgada que el palo de una escoba, y si no al tiempo.
Total, que hemos llegado a la caja, y por supuesto allí había una mujer esperando con su botecito de esmalte de uñas en la mano. La dependienta, como todos menos esa mujer sabíamos, ha pasado olímpicamente de ella, para cobrarme directamente, ante lo cual la señora se ha puesto como una auténtica fiera, acusándonos a ambas a grito pelado de estar sordas y ciegas. Como os lo cuento.
Yo que soy muy sensible y bipolar a partes iguales, he tenido ganas de llorar y soltarle cuatro borderías, todo al mismo tiempo.
Este vaivén de emociones no me deja vivir tranquila, esa es la verdad.
Total, que al final la mujer se ha marchado muy ofendida, sin comprarse el pintauñas ni nada. En venganza por tal agravio, me he dejado 30 leurazos de más en un montón de potingues.
Ayyy, yo quiero ser como Stefanie y que me regalen las cosas.
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