¡Cómo se nos va el tiempo! Sin embargo, siempre hay necesidad de hacer una pausa en el camino para re-pensar la vida. Esa pausa me toca a mí hoy. Me encuentro en el lugar menos pensado, menos imaginado y hasta menos glamoroso. Estoy en Israel. Para aquellos que somos cristianos, está es una experiencia que sólo se vive una vez. La mía ya la he empezado a vivir, pues ha sido imposible no removerse interiormente ante la vista del mar de Tel Aviv y el pensar que este mismo cielo, fue el que vió nacer a Dios.
Vivimos hoy tiempos difíciles, la verdad es más costosa comprenderla y mucho más ubicarla en el corazón.
Hoy agradezco a Dios y a la vida por está oportunidad de venir a encontrar un poco más de mi identidad y de mi propia herencia como hija de Dios.







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