A las mujeres la moda nos persigue por todas partes. Y lo digo porque cada vez que entro a mi navegador para revisar mi correo lo primero que aparece en la pantalla es un exquisito anuncio de Neiman Marcus. Con lo que me gusta esa tienda. Pero no se queda ahí salgo a la calle a revisar mi correo en papel y entre cartas viene el catálogo de Saks, Banana Republic y Bath and Body Works.
De veras que a veces no sé que pensar. Parecería ser que las ventas del mundo giran en torno a lo que las mujeres podamos consumir. Soy mujer , me gusta la moda, el maquillaje y todo lo que tenga que ver con la belleza. Acabo de estar en un precioso desfile de modas que me hizo ir directo a las tiendas comprar alguna de las cositas que que ví en ese desfile. ¿Todas las mujeres tendremos este problema del consumo?
No lo sé. Pero realmente , me preocupa grandemente que la identidad femenina se quede en eso: consumo. Consumo de marcas, de tratamientos de cremas que prometen devolverte diez años, de cirujanos plásticos y entrenadores personales, de botox.
Cuando la identidad femenina, es decir cada mujer se queda anclada en lo superficial sin poner atención a los aspectos de carácter estrictamente humano como lo son el conocimiento propio, desarrollo de virtudes y vida interior, de veras que puedes llegar a convertirte en una muñeca. No me refiero a las muñecas tipo American Girl, sino a las archiconocidas Barbie o Bratz. Especialmente hoy con la moda del fitness y el wellness.
Vuelvo y te lo repito, no tengo nada en contra de toda esa maravilla de productos creados para nosotras, las reinas de la creación. No hay nada que me guste más que asistir a un spa, te mentiría si digo lo contrario. Seguro que si fuera millonaria estaría metida en ellos todas las semanas. Quizá tendría un poco el cuerpo de Victoria Beckman, o la eterna juventud de Madonna que a sus cincuenta años ya no se parece a ella.
Por eso, hablando de la belleza, hace poco leí un ensayo muy interesante escrito por el Profesor Alejandro Navas de la Universidad de Navarra. En el mismo el profesor escribe que la belleza "hoy" es algo que se puede conseguir, claro, añado yo, si se tienen los recursos.
El profesor de sociología de la Universidad de Navarra escribe en este ensayo su propio análisis sobre la nueva concepción de la belleza y todas las técnicas, sistemas, máquinas, y fórmulas que existen especialmente para que nosotras las mujeres siempre seamos hermosas, jóvenes y radiantes.
El dato quizá más significativo que me llama la atención en su ensayo sea el recurso a la cirugía estética, a la que, según cifras que aporta el artículo , cada año acuden a España 400.000 personas y doce millones en Estados Unidos. Pero no se queda ahí, el autor aporta el dato de la existencia en China de más de un millón de clínicas y centros de belleza, la existencia en Alemania de 7.000 establecimientos de fitness al que acuden cinco millones y medio de usuarios o los 20.000 millones de dólares anuales que gastan los adolescentes estadounidenses en productos de belleza y cuidado del cuerpo.
Quizá por todo ello hoy día a la mujer le(me) cuesta más ser mujer. No la que se mira frente al espejo y observa su armario para ver que es lo que se va a poner ese día. O la que pone toda su atención a su aspecto externo. Cuando eso pasa, pero por supuesto que es mucho más difícil acordarse que hay un maravillosísimo mundo interior dentro de cada una, un jardín esperando ser cultivado, un hogar que quiere ser luminoso y alegre siempre. Me refiero con todo esto a vivir desde sus cualidades específicas como son ser guardiana y transmisora de valores humanos y espirituales. La que busca siempre la unión entre los hombres. La que sabe que su identidad es iluminada por el amor de Dios, su creador.
En realidad cuando hago una pausa y trato de ver hacia mi mundo interior, no puedo evitar pensar que en realidad mis cremas de Chanel no son lo más importante y que esa camisa blanca de Ann Fontaine de esta temporada puede esperar.... y es que la magia de lo nuevo se acaba tan pronto, pues ya lo sabes, is not the material world what makes you
happy. No se agota ahí la identidad femenina.

Tienes un blog tan políticamente correcto que me asusta un poco. Creo que vivimos en un mundo donde el que más y el que menos sabe que la felicidad es un estado que depende de nuestro equilibrio interior y no de lo que nos rodea o de lo que conseguimos material o socialmente hablando. Y el que no lo sabe creo que tiene un nivel económicamente tan bajo que evidentemente sus necesidades son tan básicas que ni se plantea si el mundo consumista o capitalista minimizará su mundo interior (si es que el hambre le permitido alguna vez descubrir que lo tiene claro), difícilmente el que está preocupado por comer o por dormir sin que la lluvia o el frio no se lo permitan se va a preocupar por la última creación de dior o de chanel o si éstas lo apartarán de los verdaderos valores morales.
Te vuelvo a repetir que cuando algo, como lo material, carece de importancia alguna comparado con lo inmaterial, llámesele mundo interior o cualquier otra cosa, poner atención en él como reclamando precaución hace el efecto contrario, porque al fin y al cabo cuando comparamos cosas las ponemos a la misma altura. Al fin y al cabo quien se compra la crema de chanel o se compra moda pret-à-porter, es igual de consumista con y sin mundo interior. Y ya lo dijo Cristo por mucho mundo interior que tengas hasta que no des, dones todo lo que tienes y me sigas no entrarás en mi reino (evidentemente él no utilizó la expresión del mundo interior, pero hoy seguro que te lo diría a ti). Claro está que aquí las decisiones dependerán del reino a donde quieras entrar, al de Cristo o al de las chicas malas, ya sabéis aquello de que las chicas buenas van al cielo y las malas vamos a todas partes. Y si no lo sabéis pues aprended chicas que eso como poco enrequecirá vuestro mundo interior.
Tienes un blog tan políticamente correcto que me asusta un poco. Creo que vivimos en un mundo donde el que más y el que menos sabe que la felicidad es un estado que depende de nuestro equilibrio interior y no de lo que nos rodea o de lo que conseguimos material o socialmente hablando. Y el que no lo sabe creo que tiene un nivel económicamente tan bajo que evidentemente sus necesidades son tan básicas que ni se plantea si el mundo consumista o capitalista minimizará su mundo interior (si es que el hambre le permitido alguna vez descubrir que lo tiene claro), difícilmente el que está preocupado por comer o por dormir sin que la lluvia o el frio no se lo permitan se va a preocupar por la última creación de dior o de chanel o si éstas lo apartarán de los verdaderos valores morales.
Te vuelvo a repetir que cuando algo, como lo material, carece de importancia alguna comparado con lo inmaterial, llámesele mundo interior o cualquier otra cosa, poner atención en él como reclamando precaución hace el efecto contrario, porque al fin y al cabo cuando comparamos cosas las ponemos a la misma altura. Al fin y al cabo quien se compra la crema de chanel o se compra moda pret-à-porter, es igual de consumista con y sin mundo interior. Y ya lo dijo Cristo por mucho mundo interior que tengas hasta que no des, dones todo lo que tienes y me sigas no entrarás en mi reino (evidentemente él no utilizó la expresión del mundo interior, pero hoy seguro que te lo diría a ti). Claro está que aquí las decisiones dependerán del reino a donde quieras entrar, al de Cristo o al de las chicas malas, ya sabéis aquello de que las chicas buenas van al cielo y las malas vamos a todas partes. Y si no lo sabéis pues aprended chicas que eso como poco enrequecirá vuestro mundo interior.
Te pido perdón por haber duplicado el comentario.
Fe de erratas: enriquecerá.
Querida Amy: ¡me encanta tu comentario! muchas gracias por leerme y sobre todo escribir lo que piensas. Esta es la belleza de los blogs, por lo menos en mi caso, no quiero divertir, sino hacer a las personas reflexionar. A veces se logra, ¿no? un abrazo.