Ruth, Ruth, no te lo vas a creer, no sabes lo que me pasó anoche, estoy fatal, estoy jodido, no hago otra cosa que comerme la cabeza. ¿Pero qué pasa?- pregunto yo con gran escepticismo- pues que anoche tuve un gatillazo, me responde mi amigo Rober.
Blanca como la cal, así me he quedado esta mañana cuando ha aparecido Rober por mi casa, y yo pensado que me traía croissants para desayunar conmigo. La verdad es que el pobre estaba fatal. La historia es la siguiente:
La noche anterior, Rober salió de cena con unos viejos amigos gracias a estas reuniones de antiguos alumnos que están tan de moda ahora. Bueno, a lo que voy, que se trataba de una ocasión bonita y especial donde la finalidad es demostrar lo lejos que ha llegado cada uno y quien es el más triunfador de todos. Rober estaba encantado, le encanta ser el centro de las fiestas y causar admiración. Y no es para menos, a sus 34 años es un importante fotógrafo que se pasa la vida de aquí para allá trabajando para las mejores revistas del mundo y, por qué no decirlo, con los mejores actores, actrices y modelos. Tiene dinero, éxito y adora su trabajo. El caso es que a la cena también acudió una antigua compañera de facultad, Daniella, una niña monísima por la que Rober siempre había sentido adoración; nunca pasó nada entre ellos, además se habían perdido sendas pistas. Pues pasó lo que tenía que pasar, es evidente. Rober se llevó a Daniella a casa, un super loft. Y, tras las copas y los coqueteos, llegó el momento. Es evidente que para ninguno de los dos era la primera vez, bueno, al menos para Rober. Ni él mismo se explica lo que pudo pasarle, pero el que el caso es que esa noche Rober no entró, ni su pene tampoco.
Según él, este gatillazo ha sido el primero en su larga y nutrida trayectoria sexual. Y todavía no se explica qué pudo pasarle para que no pudiera acabar tan ansiada "faena". Yo la verdad es que tampoco he podido ayudarle mucho, de gatillazos entiendo más bien poco, aunque por lo que he leído y por lo que puedo intuir, la presión psicológica y las copitas de más dejaron huella en Rober y en su pene esa noche. De todas formas, tampoco llego a comprender muy bien por qué los hombres se toman tan a pecho este tipo de sucesos. Es evidente que las mujeres, entre las que por supuesto me incluyo, no tenemos ese problema, pero eso no significa que no lo comprendamos. Lo que sí que no llegamos a comprender las mujeres es esa herida profunda en el orgullo masculino que causan este tipo de sucesos, me refiero al gatillazo. A las mujeres nos importan mucho más otras cosas, y para ejemplo un botón: Daniella ha llamado a Rober y han vuelto a quedar.
Y yo pregunto a los chicos tan sinceros y claros que nos visitan, ¿habéis tenido un gatillazo alguna vez?¿os da vergüenza reconocerlo?







HELLO!
Canada
Rusia
Grecia
México
Comentarios Recientes