Más vale tarde que nunca, eso es lo que pensé hace un par de meses cuando regresé de mi viaje a Australia. Dicho y hecho, en cuanto pisé suelo español, me fui, con maletas, chanclas y gorrito de playa, al gimnasio de al lado de mi casa. Y logré la hazaña que me había propuesto días atrás, apuntarme.
Debe ser ya como la sexta vez que me apunto a un gimnasio, eso si, cada vez en uno diferente, para que no se note que soy "la de siempre que no va nunca". La motivación me ha venido dada desde Australia. Tanto cuerpazo no es normal. Os puedo asegurar que no he visto tíos más buenos en mi vida... rubios, altos, esbeltos, de piel tostada, ojos azules, cachas, surferos...me quedo sin adjetivos. Por lo que se ve, y según mi Paco, pasa lo mismo con las tías, pero a ellas ni las nombro, que ya bastante suerte tienen.
El caso es que bien por admiración (a los tíos) o bien por envidia (a las tías) decidí que yo también podría lograrlo. Manos a la obra:
1. El cuerpazo. Apuntarme al gimnasio para rebajar las cartucheras, subir el culo y fortalecer brazos y piernas.
2. Tono tostado en la piel. Con el sol que tenemos en España, ayudado con las modernas máquinas de rayos UVA, en un par de semanas me hago con un morenito que no veas (Por cierto Ana, gracias por la recomendación del autobronceador de C..., ¡es genial!)
3. Rubia, alta y de ojos azules: lo de rubia...bueno, con un buen tinte me hago un apaño y listo. Me temo que el problema está en que a mi edad ya me he estancado en mi 1,72 y lo de los ojos azules...¡que vivan las lentillas de colores!
En fin, que como os decía antes, hace un par de días me apunté al gimnasio. (Sí, sí... ya lo sé, se acercan las Navidades y no es buena fecha pero yo soy así, el mundo al revés).
¿Qué opináis? ¿Estáis apuntados a algún gimnasio? ¿Alguien me da la fórmula para acudir dos días seguidos y no desistir al tercero?







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