Emma García presume
del infumable perfume
de su programa "Mujeres
y hombres y viceversa",
celestineo que versa
sobre las formas diversas
en que hacen sus deberes
unas chicas y unos chicos,
cuyo fin es darse el pico
y relamerse el hocico
después de cada escarceo.
No existe aquí el galanteo.
Se elige casi a voleo,
sin andarse con rodeos.
¡Tamaño celestineo
nadie podría imaginarlo!
Y, si alguien logra un "trofeo",
se va corriendo a contarlo.
Es altamente indecente
y ciertamente rastrero
el que haya alguien que se siente
en tan turbio abrevadero.
¿Por qué le llaman amor
cuando es sexo puro y duro
que apenas tiene futuro
pues sólo vive al calor
de esporádicos encuentros
en los que el sexo es el centro,
y el andar de flor en flor
se convierte en la tarea
y casi en la panacea
que el programa más jalea?
Pues muy bien, Emma García:
si te llena de alegría
dirigir este cotarro
y enlodarte en este barro
¿qué quieres que yo te diga?
Si a ti te importa una higa
seguir en este sarao
porque le encuentras si miga,
sigue con este cacao.
Una nueva profesión
hay que añadir a la lista
de lo cutre y lo ramplón:
la profesión de "cronista",
que tiene hasta parangón
con la del burro flautista.
Una profesión idiota,
que acaso rechazaría
un animal de bellota.







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