¿A qué estarán esperando
las agencias de modelos,
que no están ya demandando
la tomadura de pelo
- es infumable el libelo-
y la imperdonable afrenta
que hace "90-60-
90, a su buen prestigio?
¿Por qué no están ya en litigio?
Desde que entras al vestíbulo,
la desventurada agencia
suelta un tufo de prostíbulo
que ofende a la inteligencia.
Del desastre general
y el desenfreno a mansalva
tan sólo "Chantal" se salva.
Los demás son...lodazal.
Es tanta la sordidez
y lo soez que se evidencia
en la impresentable agencia
que raya en la estupidez.
Son estrellas dos niñatas
a cada cual más barata,
más torpe y más facilona.
Parecen las dos de broma.
Mezcla de sexo y de droga,
de desenfreno y abusos,
la seducción es un uso
que, en principio, se homologa
con el deseo de triunfar.
Y resulta que, al final,
el triunfo se vuelve soga
que se enrosca a la garganta,
y las chicas se atragantan
y no logran reaccionar,
y entonces la pasarela
se les vuelve sanguijuela
que les empieza a chupar
la más pequeña ilusión
que todavía les quedaba,
y aquello con que soñaban
se convierte en decepción.
Hay algo que al cielo clama
y es aquí una realidad:
que la que quiera triunfar
debe pasar por la cama,







HELLO!
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