Indira, en un arrebato
de justificada ira,
se puso a tocar la lira
de un doloroso relato:
el desprecio y el maltrato
que con ella tuvo Arturo
contra el que echó mil conjuros
en un tremendo alegato
con el que sólo intentaba
conseguir lo que soñaba:
que lo echaran de inmediato
...o que expulsaran a Carol,
que fue lo que al fin logró.
Los celos que la cegaron
Carol los ocasionó
de una forma intencionada.
Jugaba Carol con fuego
pero no salió quemada:
con Arturo no hubo nada
aunque sí existió trasiego
de insinuaciones veladas
y sugerencias larvadas
porque Arturo es mujeriego
y piensa en la dentellada.
Dejó Indira un relicario
de descalificaciones
y de incendiarios sermones
dentro del confesionario.
Empujada por los celos
buscaba Indira camorra
y a Carol la llamo zorra.
No la arrastró por los pelos
porque la ocasión no tuvo.
Mas no muy lejos anduvo,
al menos en la intención.
Cundo llegó la expulsión
de Carol, se alegró Indira
despojada de la ira
de los celos que aguantó.
Que Carol no fue culpable
de lo de Indira y Arturo
Todos lo dan por seguro.
Pero lo que sí es probable
es que Carol se alegró
de lo que ha sufrido Indira
y de su alocada ira
que, a sabiendas, provocó.







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