Tómese como se tome,
en "De repente los Gómez"
hay picaresca y chanchullo
y han de acabar en el trullo.
Los "testigos protegidos"
no han sido bien recibidos
en esa urbanización
-urbanización de lujo,
de ésas que tienen embrujo-
y pienso que los vecinos
tienen toda la razón:
de pronto les han metido
la zorra en el gallinero
pues los Gómez son rateros
de oficio y de vocación,
y la cabra tira al monte
cuando la necesidad
se cierne en el horizonte
y la salida es...robar,
que es lo que saben hacer:
no se van ahora a poner
por las buenas a currar
ya que es siempre el duro el tajo
y, además, hoy no hay trabajo.
Pero es que, aunque lo hubiera,
pues...de buenas a primeras
el doblar el espinazo
así, de golpe y porrazo,
les produciría flojera.
Como "Felipe", el patriarca,
ya tiene vacías las arca,
planea desvalijar
la casa de unos vecinos,
un matrimonio anodino,
que acaba al fin por picar
y con los Gómez intima.
Y los Gómez pues se arriman
a "Jorge", que está forrado,
y organizan el tinglado
con el fin de desplumarle.
Lo que hacen es invitarle
a él y a su señora, "Marta",
dama que es algo lagarta,
a cenar un día en su casa,
y así, entre bromas y guasa,
la confianza va creciendo
y "Felipe" va tejiendo
la manera de robarles
tras su confianza darles.
que eso es de lo que se trata,
y es que "Felipe" es un rata.
Al final, esta posdata:
"Los testigos protegidos"
serán un día descubiertos,
y empezará al desconcierto
y empezaran los gemidos
y hasta el arrepentimiento
de un día haber "reconocido"
al que fue autor de la muerte
-¡que tambien fue mala suerte!-
de uno al que iban a robar.
¡También fue fatalidad!







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