A las tres de la mañana
y porque le dio la gana
Lis dejaba Gran Hermano.
Se fue piano-piano,
sin que nadie lo notara.
¿Tenía miedo a dar la cara?
Se fue pues le traía cuenta
escapar de la tormenta
que encima se le venía.
En el fondo, no quería
volver con Laura a cruzarse
porque podían enzarzarse
en un tsunami de insultos.
Y por eso escurrió el bulto.
¿Cuál fue de Lis el pecado?
¿Descubrir que eran pareja
Ángela y Laura? En bandeja
las dos se lo habían dejado
porque las había pillado.
Además ¿no existía el reto
de premiar a la persona
que descubriera un secreto?
¿O era todo una encerrona?
Habría que premiar a Lis
pues dio de lleno en la diana
al llegar a descubrir
a la pareja lesbiana.
Tuvo una equivocación:
el prometer no decirlo
e ir después a descubrirlo:
ése fue su gran error.
Lis no es una mojigata
aunque a Ángela la engañó.
De acuerdo: la traicionó.
Pero no no fue una chivata.
Peor fue la reacción
de su marido postizo,
que, puesto a rizar el rizo,
con ella se enemistó.
Gran Hermano es sólo un juego.
Muchos lo olvidan y luego
vienen los malentendidos,
llegan las lamentaciones
y abundan las discusiones.
Esto no es cuestión de amigos
sino cosa de rivales.
Y aquí casi todo vale
pues todos son...enemigos.







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