Resultó que estaba muerto
aunque él lo desconocía,
y sólo lo ha descubierto
cuando se le ocurrió un día
ir a una entidad bancaria
a retirar un dinero,
y le dijo una operaria,
muy de buenas a primeras,
que ahora oficialmente era
"canica en el agujero".
El, de golpe, se derrumba
al oír que estaba en la tumba.
Lal Bahari: asì se llama
este hombre que clama y clama
intentando demostrar
que está vivo de verdad.
Resultó que un tío suyo,
en un criminal chanchullo
le declaró un día por muerto
y se quedó con su huerto.
Veinte años justos tardó
en que le dieran por vivo.
Su trabajo le costó
el ser de nuevo admitido
como un ciudadano más.
Llegó a cambiar su apellido,
asistió a su funeral
y hasta incluso había pedido
la pensión para su viuda:
la maldita burocracia,
lenta siempre por desgracia,
siguió teniendo sus dudas.
Intentó ser detenido
pero no lo detuvieron,
pretendió ser perseguido
pero no le persiguieron,
se presentó a presidente
y tampoco lo eligieron:
él era un muerto viviente
al que ni caso le hicieron.
Y después de veinte años
de continuos desengaños
al fin lo "resucitaron"
más no recuperó el huerto
este hombre al que condenaron
a pasar veinte años "muerto".







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