Mientras de forma prevista
todos persiguen la pista
del misterioso moroso
que, a resultas de un "calambre"
-fue un suceso muy luctuoso-
el pobre acabó fiambre,
vive la comunidad,
con cierta morbosidad,
momentos de efervescencia,
que provoca la presencia
de una coqueta inquilina,
que ha comenzado a inquietar
a las señoras decentes
- y cotillas insolentes-
que la quieren denunciar
porque creen que practica-
-¡si serán las tías ...borricas!-
el oficio más antiguo
y a la vez el más ambiguo
que existe en la humanidad.
Pero resulta que no.
Resulta que no es ramera
como han corrido la voz.
¡A ver si todos se enteran!
Judith es una psicóloga
que trabaja como autónoma
y ofrece a diestra y siniestra
sesiones a precios...extra.
Quien primero se equivoca
-se imaginó una bicoca
y requirió sus servicios
pensando que eran...fornicio-
fue el más reprimido...en vicios.
Es decir: el señor Recio,
tonto que no tiene precio.
Le ocurrió que fue a por lana
y resultó trasquilado
...y todos se han enterado.
Y se quedó...con las ganas.







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