Telecinco ya sabía
que Maite no daría juego
porque ella no picaría
en los anzuelos que luego
algunos le tenderían.
El primero que intentó
pescar el río revuelto
-y el revuelto él inventó-
fue Kiko, quien, muy resuelto,
a Maite le preguntó
si era verdad que ella estaba
colada por Santi Abad.
Ante tal barbaridad,
ni corta ni perezosa
Maite, que tiene un consorte
que es su pasión y su norte,
le quitó hierro a la cosa
pero le pegó tal corte
que, si hoy Kiko tuviera
cierta vergüenza torera,
rojo se hubiera tornado
y se habría difuminado.
No hay mente más retorcida
que la de Kiko "Veneno"
que, hozando siempre en el cieno,
lanza sus acometidas
sin detenerse a pensar
que puede hacer mucho daño.
Pero él no se anda con paños
calientes: entra a matar.
Rey de la maledicencia,
pica como las medusas,
más que preguntar acusa
sin pararse en menudencias
ni medir las consecuencias,
y con la mínima excusa
ataca con virulencia.
A pesar de ser sabueso,
Kiko con Maite dio en hueso
al ver que nada lograba
pues tajada no sacaba.







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