Si usted busca una pareja
de necios entre los necios,
mejor la búsqueda deja:
los tienen usted en los Recio,
matrimonio extravagante,
a los que une un nerviosismo
al borde del paroxismo.
Ella y él son...delirantes.
Espejo de fealdad,
Berta, la esposas de Recio
se columpia en el trapecio
y cae en la infidelidad.
Y el vendedor mayorista
de pescado congelado,
retrógado y moralista
y otras muchas cosas más,
a pesar de ser astado,
no se llegará a enterar.
Recio vive de las rentas
y así todo se soporta,
y , en el fondo, no le importa
que lo lidien en Las Ventas.
Peor lo de Maite, la infiel
que iba al marido engañando
y éste se encontró el pastel
de un hijo de contrabando.
¡Pobre Amador, sufridor,
que fue sometido al potro
de aceptar a un hijo de otro
con total resignación!
Eso sí: al fin consiguió
baja por paternidad,
propina que se ganó
aunque él no fue el semental.
Pero , en su caso, la baja
no le supone ventajas
porque se quedó en el paro
y lo va a pagar muy caro
ya que Maite, al enterarse,
lo que intenta es divorciarse.
¡Viva la ley del embudo!
Amador está amargado
porque, encima de cornudo,
va a quedar apaleado.
Mas por aquello del paro
va a suceder algo raro:
como no tienen dinero
y comer es lo primero,
deciden formar consorcio
y, al final, no habrá divorcio.







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