Bien estuvo "Aguila Roja".
Parecía una serie floja
mas logró una buena audiencia
a pesar de su incoherencia.
Los tópicos medievales
distraen a los chavales
y a los que no los son tanto.
Y, a pesar de no ser santo
de mi devoción, opino
que hasta el maestro anodino
tenía un peculiar encanto.
Gustó hasta el anacronismo
de ver a un niño con gafas,
que era una pequeña estafa.
Más, si gustó, da lo mismo.
Gustó el persistente empeño
de los baños en barreño,
erótica escaramuza
de "La lozana andaluza".
También gustó Érika Sanz,
la mujer del posadero,
con su doble "macetero":
¡La chica estaba en un plan
con sus dos peras a flote
saliendo por el escote!
Se le querían escapar.
¡Esta mujer tenía tela!
Pena me daba el marido,
un cornudo consentido
por mantener la clientela.
Pero para casquivana,
nadie como la marquesa,
una auténtica diablesa
siempre en busca de jarana.
Esta mujer desairada
-a quien rechazó el maestro-
se vengó con el cabestro
que, de forma no lograda,
encarnó Francis Lorenzo
en completa astracanada.
Creo que no hay dama más necia
que la marquesa Lucrecia,
y no hay niño más cretino
ni peor maleducado
que el hijo que ella ha criado.
Mas le importaba un pepino.








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