Leticia Sabater llora
lágrimas de desconsuelo
y vive penosas horas
de zozobra y desvelo
porque, desde hace semanas,
está en paradero incierto
quien fue su novio, Roberto
Corbo, y de él no sabe nada.
Dice: "Hasta que no aparezca
y la verdad resplandezca,
no recobraré la calma:
él es mi amigo del alma".
Roberto es un prestamista
-se le acusó de usurero-
y su familia, realista,
teme por su paradero
y teme hasta por su vida
pues piensa en una venganza
o en alguna malandanza.
Pero la presentadora
no es así de pesimista
y, decidida, se alista
a defender a Roberto
a quien mantiene a cubierto
de la mínima sospecha
que pueda abrir una brecha
que apunte a negocios raros.
Leticia tiene muy claro
que Roberto es buena gente,
y ella espera ahora impaciente
que, en la oportuna medida
en que lo crea conveniente,
dé ya señales de vida.
De Roberto la familia
ve las cosas de otro modo
a como las ve Leticia.
Pero esto, además, no es todo:
de forma un poco difusa
a Leticia hasta la acusan
de ser una aprovechada,
y dicen que es una lista
y que es su interés primero
recuperar el dinero
que le prestó....al prestamista
y son noventa mil euros.







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