El programa "Europasión"
ha sido "eurotostonazo",
fue la mejor ocasión
de pegarle carpetazo
a todo ese braguetazo,
que es el tema Eurovisión.
Y, encima, con la Carrá
tuvo un olor a alcanfor
que no se podía aguantar
¿Es que no había una mejor
presentadora en España
que Raffaela, una castaña
de muy antiguo sabor?
La cosa, más que un programa,
fue espacio recaudador,
manera desvergonzada
de hacer que el espectador
sus preferencias mostrara:
para saber qué canción
resultaba más votada
había que pasar por caja
mediante un SMS,
un genial tejemaneje
en que juegan con ventaja
todas las televisiones,
que se llevan los millones
de forma disimulada
pero son casi dos euros,
señores, cada llamada.
El tinglado se montó
para darle cobertura
a esa "música- basura"
enviada a Eurovisión:
el "Chiki-Chili" de marras,
esa atorrante chicharra,
que está todo el día en antena
y causaría mucha risa
si es que no nos diera pena.
Han hecho del "Chiki-Chiki
himno de la progresía,
estandarte de la "friky",
voz de la "mamonería".
La cosa se ha desmadrado
de una forma que da pena
y, mientras, sus promotores
tienen la cartera llena.

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