Sólo después de su muerte
se ha sabido que en su vida
se cruzó la mala suerte
ganándole la partida.
Erika Vills se llamaba
y, con su melena al viento,
fue la chica del momento
cuando “Martini“ anunciaba.
Fue por los años setenta
y todos la cortejaban.
Nadie atinó a darse cuenta
de que el horror la acechaba.
Tras beber de un solo trago
la fama que la embargaba,
sonó su día más aciago
cuando tuvo una llamada:
Era la voz de una amiga
y era, a la vez, la encerrona
que pronto la llevaría
del fango a besar la lona.
Una copa envenenada
de sopor cambió su sino
y Érika, hundida en la nada,
ejerció el más viejo oficio.
Un cabaret de Beirut
sería el siniestro escenario
del comienzo de su cruz
y el lugar de su calvario.
El amor de un millonario
la reflotó del embate:
pagó por ella un rescate
más no acabó su calvario
porque, con el fragor diario
de la guerra y del pillaje
Erika vivió un rosario
de los más viles ultrajes.
Ahora ya descansa en paz
después de una vida llena
de sinsabor,de crueldad,
de frustración y de penas.
Una vida en que la gloria
le sonrió fugazmente
dejándole en su memoria
una añoranza doliente.
Erika Vills nos dejó.
Hoy debemos recordarla
con la imagen del “spot”
con que “Martini” anunciaba.
Descansa en paz:si en la vida
no te sonrió la suerte
¡que seas feliz en la orilla
que hay más allá de la muerte!







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