Del abuso alto albacea,
chulo de la peor ralea,
garañón de baja estofa
que de las leyes se mofa,
era su sucia tarea
la extorsión y la amenaza,
las dos criminales bazas
de su actitud farisea.
Tras su uniforme escondía
su despótica actitud,
que era de horrores alud
y norma de tropelía.
La historia del tal Ginés
es una historia de escoria;
es la justicia al revés,
y es la turbia trayectoria
de quien, perdido el bauprés,
traspasa la divisoria
entre el delito y la ley.
Historia de prepotencia,
bordada por la indecencia
de quien no tienen conciencia
y que sólo tiene hombría
para hacer trapacerías
con ladina virulencia.
Y, junto a él, más veinte,
de una manera indecente,
cínicos le secundaban
y hasta en su cuerpo tatuaban
el número que tenían
como a gentes de "valía".
Ginés es matón de barrio
con disfraz de policía,
Ginés es sucio batracio
que de la ley se reía.
Todo el peso de esa ley
tendría que caerle encima.
pero la justicia es lenta
y, si es lenta, no es justicia.
Y, mientras tanto, un alcalde,
muy en su bastón de mando
y acaso dictando bando,
le dejaba hacer...de balde.
¿Miraba para otro lado
cuando en Coslada sabían
más o menos del fregado
que el "sheriff" Ginés tenía?











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