A Pamplona hemos de ir.
Pamplona es, sin duda alguna, sinónimo de toros. Más bien, sinónimo de encierros. Y es que

Cada 6 de julio la localidad de Pamplona se viste con sus mejores galas para dar la bienvenida a miles de turistas y pamploneses que abarrotan las calles de la ciudad. Con el chupinazo se desata la locura. El rojo y el blanco lo invaden todo. Y el sabor a fiesta es inminente. Las 24 horas del día Pamplona se convierte en un jolgorio sin igual: música, buena comida y bebida, corridas de toros, procesiones... Sin embargo, el punto álgido de la fiesta se alcanza cada mañana con los encierros.
Los encierros de los Sanfermines han otorgado a Pamplona una fama mundialmente reconocida. Cada año, un sinfín de visitantes acude a la capital de Navarra con el objetivo de desafiar a los toros en una carrera que discurre durante 825 metros por el casco antiguo de la ciudad. Así, los mozos -vestidos de blanco con un pañuelo rojo y un periódico en la mano- se juegan la vida en cada calle, en cada curva, con el objetivo final de pasar el callejón que da acceso a
Como hemos dicho, el encierro de los Sanfermines discurre por las principales calles del centro histórico de la ciudad. Qué mejor forma tras haber corrido -solo los más valientes- delante de los toros para empezar a conocer Pamplona. Pero antes de comenzar nuestra visita hemos de señalar un dato histórico: fue Ernest Hemingway con la publicación de su novela "The sun also rises" quien dio a conocer la fiesta de los Sanfermines en el extranjero. Ahí queda eso.
Como bien decíamos, Pamplona tiene mucho que ver. De hecho, su magnífico complejo defensivo constituye uno de los ejemplos mejor conservados de arquitectura militar en la península. Por eso, recomendamos dar un paseo sosegado por las murallas. De este modo, podremos contemplar bonitas vistas de la ciudad y apartarnos un poco del bullicio de las fiestas patronales.
Otro de los motivos por los que es conocida Pamplona es por ser ciudad de paso del Camino de Santiago. Es más, Pamplona es la primera ciudad del popular camino francés. El viajero que se atreva a realizar la peregrinación a Santiago ha de saber que atravesará las calles más emblemáticas del casco antiguo, todas ellas empedradas y que, sin lugar a dudas, transportará al caminante a la época medieval. Una recomendación antes de que el viajero abandone Pamplona: es obligatorio hacer una breve parada en una de las múltiples tabernas para obsequiar al paladar con un buen pincho y un vino de la tierra.
Si aún os parece poco, Pamplona cuenta con un conjunto de monumentos de excepción.
Con el "pobre de mi" finaliza nuestra visita a Pamplona. Al igual que la gente se marcha a sus casas cabizbaja tras nueve jornadas de fiesta, nosotros nos despedimos de la capital de Navarra con otro ánimo, pensando en todo lo que hemos descubierto en esta ciudad y entonando el famoso cántico "ya falta menos"... para nuestra próxima visita a Pamplona.
Fotos: flickr







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