Archivos Consejos Contraproducentes: Noviembre 2007

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Los amores son como los niños recien nacidos; hasta que lloran, no se sabe si viven

(Jacinto Benavente)

 

 

Y lo prometido es deuda… Hoy, la segunda parte de los ex.

La ex por antonomasia: Esta es la que más fastidia, mucho más que “La ex incómoda”. La otra, al fin y al cabo, le plantó tu chico, pero aquí fue ella la que se bajó del carro… y claro, cada vez que se la menciona, a ti se te ponen los pelos como escarpias. Nunca has visto su foto y no te puedes comparar. Nunca os habéis encontrado estando juntos pero él, se la encuentra hasta en la sopa. Es con la que siempre tendrás la duda de si quedará algún resquicio de amor hacia ella y, aunque a él le duela la boca de decirte que tú eres su gran amor, cada vez que la menciona se te da la vuelta el estómago. Cuando crees que lo tienes superado y que ya no sale a flote su nombre, un día va y te viene con un: “Amor, ¿sabes quién me ha llamado hoy?”, “no cariño ¿a quién?...”, “¡a Marta!”, “¿Qué Marta?, “¡Marta mi ex!” y va y te cuenta que “la pobre” lo está pasando fatal porque en el trabajo no está contenta y quiere que tu chico la recomiende a alguno de sus contactos… Y tú haces de tripas corazón y mientras sueltas un “Vaya, hoy en día nadie está conforme con su puesto de trabajo”, en realidad estás recitando en tu interior un sin fin de insultos. Sin duda, este espécimen debería de estar prohibida.


El ex de la vergüenza: Es ese que aún te preguntas que tipo de trauma estabas pasando por esa época para haber estado con semejante ejemplar. Te has deshecho de todas sus fotos, pero no porque no hayas podido superar que ya no tengas nada con él, sino por la vergüenza ajena que sientes. El pobre es más feo que mandar a tu abuela a por drogas y si por casualidad tu actual pareja se entera de que tuviste algo que ver con él, lo más bonito que te dice es algo así como “cariño, estuviste con ese tipo antes de operarte de la vista, ¿no?” mientras se troncha de la risa. Es (y verás la de topicazos que voy a tener que escuchar por decir esto) el típico que si no te hubiera hecho ni caso, ahora estarías llorando de rincón en rincón por su amor, pero como te tuvo en palmitas y te consintió todo (impertinencias, insolencias, paranoias…) pues decidiste que mejor pasabas de él. Esta especie puede sufrir mucho por ti, así que por su propio bien, mejor mantenerse a varios kilómetros de distancia.


El ex que escuece: Cuando le ves es como si te abriera en canal y te echaran pimentón dentro. Mejor no saber de él, mejor no verlo, mejor que nadie te diga nada de él. Que a nadie se le ocurra decir que está con tal o cual persona porque sabes que no lo vas a digerir bien. Al que en su momento le deseaste la muerte y que ahora, superando traumas, te conformas con que sufra una gonorrea y/o sífilis, que se quede ciego de un ojo y que el otro no lo pueda cerrar nunca, que se quede cojo y le salgan pústulas por toda la cara y ampollas sangrantes, que se quede calvo a trozos y que tenga un pitido permanente en los dos oídos. Es el que todo lo relacionado con él te va a salir mal y que si te le encuentras por casualidad (porque tuvo la brillante idea de quedarse a vivir en tu mismo barrio) te pilla en ese domingo en el que has bajado a la tienda de los chinos a comprar sin peinar… y sin pintar… y con la marca del cojín en la cara, más sola que un ajo y maldiciendo en alto porque acabas de pisar la caca de un perro que aún estaba caliente… y te topas con él, que está radiante, estupendo, con aire de triunfador y te suelta, con una risita malévola, que se te ve estupenda… Esta especie es venenosa y mortal. Habría que aniquilarla.

Y de nuevo, esto es todo por hoy, espero que hayan disfrutado. Mañana la tercera y última entrega con cuatro nuevos tipos de ex. ¡Búsquenla en “Pastelitos Envenenados”!.
 

 

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¿Qué es esto?
 

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 Soportaría gustosa una docena más de desencantos amorosos, si ello me ayudara a perder un par de kilos
(Sidonie Gabrielle Claudine Colette)

¿Quién no tiene un ex en su vida? Seguro que quien más y quien menos, tiene alguno guardado en el fondo de su corazón… y de su teléfono móvil.

Nuestros amigos tienen ex, nuestros compañeros de trabajo tienen ex y salvo mi madre y padre (que no cuentan porque son de otra generación), tiene a un ex guardado en la manga.

Que conste que sobre este tema puedo hablar con conocimiento de causa, porque no tendré un yate atracado en una isla del caribe, pero desde luego, lo que sí que tengo son ex. Los tengo para dar y regalar, de todos los tipos, colores y formas; grandes, pequeños y medianos; tarados, cuerdos y temerarios; los tengo lunáticos, responsables y perturbados; enamorados y desesperados, los tengo maduros y verdecitos. Tengo información suficiente como para hacer una tesis doctoral en lugar de un artículo de blog.

Y con la sana intención de volver a sentar cátedra, en mi no modesta opinión, creo que los ex sólo sirven para incordiar. Por mucho que intenten convencerme de que se puede llegar a  tener una relación cordial y de amistad con ellos, que es lo adecuado y recomendable entre gente adulta, yo creo que se ha de hacer justo todo lo contrario: lo sano y adecuado para la salud mental de todos nosotros, los ex deberíamos de desaparecer y marcharse con tanta paz como la que se deja.

Sí, ya sé que muchos de vosotros os lleváis estupendamente con vuestras ex parejas, pero a mí eso no me vale… Yo también me llevo bien con algunos de mis ex y os aseguro que sus parejas están deseando que me pase una apisonadora por encima. No hace falta que nadie me diga, que no soy precisamente querida por ellas.

Dicho todo esto, voy a pasar a mencionaros, en esta primera parte del artículo, unos cuantos tipos de ex. Seguro que hasta les ponéis poner nombre y apellido.


El ex llorón depresivo: Es el que se encarga de recordarte día tras día que le has fastidiado la vida y que eres una hija de mala madre. Es el que te hace sentir culpable y te repite, una y otra vez, que nunca podrá superar la ruptura. De vez en cuando (gracias a su ya elaborado plan en hacerte sentir mal) consigue que te vayas a la cama con un gra remordimiento de conciencia, pensando en que verdaderamente le has destrozado y que no mereces vivir por haber sido tan mala y cruel. Sabes que te maldice en sus oraciones y que aunque le sorprendas con un matasuegras, guirnalda al cuello y bailando el chá chá chá como un desaforado, te dirá que en realidad no lo está pasando nada bien y cambiará automáticamente su cara a la de cordero degollado. Este tipo es muy dado a soltar lagrimitas y en cuanto te despistas y te pones cariñosa queriéndole decir “ya pasó, ya pasó…”, él ya te está metiendo la mano por debajo de la falda.


La ex incómoda: Es la ex novia de tu pareja, es esa maldita que nunca termina de echarse novio. La que se empeña en invitar a tu pareja a comer, a cenar, a desayunar… la que llama a horas intempestivas para decir “¡Fulanito!, no puedes ni imaginarte por dónde estoy: ¡en ese pueblecito tan mono al que me trajiste por sorpresa!, ¡no sabes cuanto me estoy acordando de ti… bueno… de nosotros!” (y yo de todos tus muertos, piensas). Es la que fue abandonada por él y nunca terminará de aceptarlo. La que de vez en cuando le lloriquea y le manda, despechada, un montón de fotos porque ella ya no las quiere tener… Y sabes que no te llega ni a la suela del zapato, pero te revuelve el estómago cada vez que se pone en contacto con él.
 

El ex peligroso: Es el que pone en peligro cualquier relación que tengas (por muy asentada que esté) porque sabes que él + copas + tonteo es = a acabar rememorando viejos tiempos en el catre. El que hizo contigo lo que quiso y el que sabe que aún puede hacerlo. Es el que más vale que no te ponga un dedo encima porque, aunque estés a un solo día de tu boda, como te toque, se te va a poner el culo en pompa y vas a tardar medio segundo en restregarte por su pierna. Es con el que aprendiste que es lo que NO quieres en una relación pero que sabes a ciencia cierta, que no tendrás otra relación con el que tengas mejor sexo. A esta especie hay que mantenerla lejos, muy lejos, es un bicho peligroso porque puede arruinar todo con sólo tocarte.

Y por hoy, esto es todo. En breve, la segunda entrega con nuevos tipos de ex. ¡No te los pierdas!.

 

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¿Qué es esto?
 

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De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes
(Jules Renard)


La mentira es humana y la piadosa, necesaria.
 
Con esta frase comienzo este artículo, este blog y con ella pretendo sentar cátedra.
 
Soy de la opinión que las parejas no deben de contárselo todo. Bien es verdad que la confianza y sinceridad son pilares básicos en una relación pero, creo sinceramente, que contarlo TODO a nuestra pareja o a un proyecto de ella, no es absolutamente necesario. Más bien todo lo contrario…
 
El tiempo, la convivencia y la confianza, nos harán rectificar o sincerarnos si el tiempo, y nosotros, lo creemos oportuno.
 
Pero ojo, que nadie se equivoque, mi intención no es invitaros a mentir, sólo os induzco a endulzar una verdad que necesariamente no debe saberse con total exactitud. O lo que es lo mismo: (venga, vale) mentir.

Y para ejemplo, un botón: Pongámonos en situación. Imaginemos que salimos con alguien, que esa persona nos gusta, que ha pasado el filtro de las primeras citas y que tienes la sana intención de volver a verle todo el tiempo que haga falta. De hecho, te sorprendes a ti misma queriendo pasar los fines de semana junto a él y porque, el otro día y sin darte cuenta, te pescaste haciendo limpieza en tu armario por si un día le da por dejar algo de ropa en tu casa.

Supón, también, que habéis salido a cenar, que la última copa la tomáis en casa, que os sentís pletóricos, encandilados e incluso enamorados y que, después de una velada llena de confesiones, donde os habéis contado vuestras inquietudes, miedos y hasta os habéis dado los nombres de vuestras primas lejanas, él a la luz de una vela, algo embriagado por todo el vino que habéis tomado, se atreve a preguntarte:

- ¿Con cuántos hombres te has acostado?

WARNING! ¡Es una pregunta trampa!, ¡no la respondas o al menos no lo hagas antes de haber meditado bien tu respuesta!. Recuerda que puedes guardar silencio, que cualquier cosa que digas puede ser utilizada en tu contra y que tienes derecho a un abogado y a tenerlo presente en el interrogatorio… Aunque, evidentemente, no es momento para llamar a ningún letrado y que se pase el resto de la noche con vosotros.

Por nada del mundo se te ocurra poner la mirada perdida mientras cuentas con los dedos y en voz baja: “sesenta y cuatro, sesenta y cinco, sesenta y seis…” mientras él te mira ojiplático.

Distrae su atención, simula un ataque de tos, derrámate la cera de la vela por el cuerpo, saca el perfumador de tu bolso y échate colonia en los ojos, incluso grita ¡fuego, fuego!. Haz cualquier cosa pero no digas, bajo ningún concepto, la verdad: ¿quién dijo que la omisión de la información era mentir?, seguramente un tipo con una novia inteligente que se negó a confesar que se había beneficiado hasta a el apuntador.

Piénsalo, digas lo que digas nunca debes darle la respuesta correcta porque ni él mismo sabe lo que quiere escuchar. Imagina que son 72 (que buena cifra, chica, tú sí que sabes pasarlo bien), pues, seguramente, le va a parecer algo desorbitado; pero igualmente si le dices 54, 31 ó 12. Cualquier número le parecerá que son demasiados. Además, te arriesgas a tener un número mayor al de él y eso, digan lo digan y por muy en el siglo XXI que estemos, no es tu mejor carta de presentación.

Si, por el contrario, dices “contigo sumáis dos”. ¿Dos? Pues ese número tampoco le gustará nada. Creerá que era demasiado inexperta y casta.

Y si, por un casual, se te ocurre decir “uy, tendría que contarlos, nunca me he puesto a ello”, pensará que son tantos que el resultado de la operación es igual a incalculable.

Todas sabemos que en algún momento de tu vida, antes o después, te has puesto con tu querida amiga, un lápiz, un papel y unas cuantas risas a anotar con cuantas se ha acostado cada una. A algunas de vosotras os saldrán nombres como “el fotógrafo”, “el del bar de los mojitos” o “Federico/Fernando/Felipe” porque eres incapaz de recordar como se llamaba. Pero no te preocupes, no serás ni la primera ni a la última a la que le pase eso. Ese tipo de despistes y confesiones déjalas para ti y para tu amiga, pero en ningún caso y bajo ningún concepto, lo compartas con él. ¿Para qué?.

También puedes hacer oído sordos a su pregunta, morderle el lóbulo de la oreja y poniéndote mimosa decirle: “miéntame Pinocho, miénteme”. Si tiene dos dedos de frente y la picardía que ti te sobra, sabrá que quieres añadirle a lista de los que tienen nombre, apellido y talla.

 

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