Archivos Diciembre 2007

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Lo que me gustaría es que te encontraras con una persona que te tratara como tú me trataste a mí, pero más me gustaría que esa persona pudiera ser yo.
(Anónimo)


Tengo días que me siento Lucifer. Y no es que haga nada del otro barrio: aún no me ha dado por robar las pensiones de la tercera edad ni por maltratar animales (dios me libre). No fabrico cócteles molotov en mi casa y nunca he echado cicuta en la sopa de nadie (aunque ganas no me han faltado). Manifestarme me da pereza y los sindicatos ni te cuento.

Si cojo el transporte público, y aunque tenga un dolor de pies que se me refleje hasta en el ojo izquierdo, cedo mi asiento a embarazadas y personas mayores.

Pero oiga usted, una tiene su paciencia y, cuando la sobrepasan, suelo tener una ligera tendencia a convertirme en Satanás.

Bien es verdad que sacarme de mis casillas es relativamente sencillo. Por ejemplo, basta con que me des golpecitos en el brazo mientras me hablas o que invadas mi espacio vital (hay que evitar, en la medida de lo posible, hablar tan cerca de tu interlocutor que se pueda averiguar por el olor del aliento, que se cenó la noche anterior).

Pero si hay algo que realmente me desquicia, es que me interrumpan cuando estoy en pleno proceso creativo. Una vez lo puedo soportar, dos también, pero a la décimo cuarta, los ojos se me inyectan en sangre y echo tanta espuma por la boca que parezco un extintor.

Creerme si os digo que una hiena a mi lado, es como un ternerito.

Intentar trabajar una mañana desde casa es poco menos que imposible. No sólo porque los malditos carteros comerciales llaman al telefonillo cada 5 min. y porque todos los empleados del gas, agua, teléfono y un tropel de mensajeros, llaman a mi puerta, sino porque un día tuvimos la brillante idea de poner teléfono fijo en casa y nos castigaron con un número heredado que, para más INRI, acaba en 00 y es como la centralita del teléfono de la esperanza.

Así que me inspiración suele verse truncada con frases del tipo:

- No, se ha equivocado

- No, está llamando a un domicilio particular

- Lo siento, esto no es una clínica

- Que no, señora, que no me sé el teléfono de ninguna inmobiliaria

- Que no, joder, que esto no es ningún centro comercial

- Siento ser yo quien se lo diga, pero sus dedos marcando en el teclado deben ser como pollas, porque es la tercera vez que ha marcado mal el número…

- ¿Yo? ¿grosera yo?


En un ataque de desesperación, pensé que lo mejor era seguirles la corriente. Ya que no podía luchar contra las equivocaciones, me aliaría con ellas. De ese modo, al menos pasaría un rato entretenido y comprobaría cuán lejos podía llegar con mis dudosas dotes de actriz.

Y sí, pasé un día entretenido, pero ahora no sé que hacer con todas estas citas. Creo que en mi vida, tuve una agenda tan apretada (amén de que jamás me he sentido tan polifacética).

- El próximo miércoles tengo que hacer una citología vaginal a las 10:00 hrs. Por la tarde, haré una colposcopia y dos ecografías abdominales

- El jueves por la mañana una resonancia magnética y una prueba de contraste

- Tengo un recado para el Sr. Molinero: que el Sr. Aguilar Fischer no podrá asistir a la cena del día 22

- El día 21, a eso de las 12:00 hrs, Dª Consuelo Girones vendrá a buscar su pedido de langostinos y gambas… y no sé como hacerlo, porque las quiere tan buenas como las del año pasado

- También tengo reservado el Salón Giralda de un hotel

- Y tengo que mandar un presupuesto de calendarios para el 2008 antes de mañana a las 12:00 hrs.

Sólo un señor me cazó, enseguida supo que yo no era una trabajadora de Iberdrola, la verdad es que me entró la risa, no lo pude remediar.

Mira que listos son cuando quieren, ¿eh?

 

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¿Qué es esto?
 

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Lo que hay de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de desagradar
(Charles Baudelaire)


Es una línea muy delgada la que separa la elegancia del mal gusto. Y esta línea, en Navidad, se atraviesa con mucha facilidad.

Todos los años, por estas fechas, acabo traumatizada por lo mismo de siempre: por las miles de personas que se van a la Plaza Mayor de Madrid a comprarse pelucas.

Señores, por dios, ¿qué tiene de navideño ponerse una peluca?. ¿Tiene algo que ver con el niño Jesús? ¿con los Reyes Magos? ¿con Papa Noel, quizá?.

Algo se me escapa, y muy probablemente sea el sentido del humor que hay que tener para caminar por la calle hecha una payasa. Y sí, efectivamente tengo muy acusado el sentido del ridículo.

Familias enteras se pasean customizadas por el centro de Madrid convirtiendo sus calles en la Freak Parade. Y yo, cada vez que me cruzo con una peluca, un sudor frío me recorre la espalda y un instinto asesino se apodera de mí.

¿Acaso es tan difícil no ser grotesco?

Desde aquí, solicito al Alcalde que exija a los puestos tradicionales de la Plaza Mayor a vender única y exclusivamente belenes, figuritas, luces de navidad, abetos, pinos, villancicos, etc…. Estoy segura de que, entre todos, podemos hacer una ciudad mejor.

Supongo que este trauma tiene mucho que ver con el que mi padre, por estas fechas y cuando contaba yo con la bonita edad del pavo, me fuera a buscar al colegio con un gorro de Papa Nöel. Yo corrí como una desaforada; pero en dirección contraría.

Y cambiando de tercio pero sin irme demasiado del tema, os hablaré de algo más: el espumillón.

Yo oigo la palabra espumillón y me viene automáticamente a la cabeza Chencho, al que seguro que recordáis de la película de La gran familia. Chencho, aquel niño de apenas 2 años, allá por los años 60, se pierde el día de Navidad entre la multitud de la Plaza Mayor mientras que el abuelo –el maravilloso actor Pepe Isbert- le buscaba desesperadamente llamándole con su voz enronquecida — "¡Chencho!, hijo mío, ¿dónde estás? ¡Chencho!...".

Es una extraña asociación de ideas: Espumillón igual a Chencho.

Y no es que esté en contra del espumillón, nada más lejos, lo que me horroriza es el mal uso de éste.

El pasado puente de diciembre, mientras nosotros decorábamos nuestro árbol de navidad (sin espumillón y superando traumas), mi amiga Maite me llamó desconsolada: había discutido enérgicamente con su pareja.

¿Qué creéis que ocurrió?

Pues que él quiso poner espumillón alrededor de los cuadros. Valiente hortera.

Por supuesto, le aconsejé que por ahí no pasara, por el espumillón en los cuadros, no. ¡Nunca!.

¿Acaso hay algo peor que eso?

 

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¿Qué es esto?
 

estas-deplimida-141107-01.jpg

Nunca mates una mosca sobre la cabeza de un tigre
(Proverbio Chino)


Suntuoso, así se llama el chino cacique de mi barrio. Si conoces Madrid y conoces el distrito centro, sabrás de lo que hablo. Mi chino Suntuoso tiene en la misma calle: Alimentación Suntuoso I, Alimentación Suntuoso II, tienda de Fotografía Suntuoso, tienda de Moda Suntuoso y tienda de ¿todo a euro? Suntuoso.

Mi chino me salva la vida cada dos por tres. ¿Qué a las tantas de la noche quiero chocolate? ahí está Suntuoso. ¿Qué me he quedado un domingo sin comida para los gatos? ahí está Suntuoso. ¿Qué de pronto un día me despierto necesitando fervientemente una regadera para regar las plantas que no tengo? ahí, una vez más, está Suntuoso.

Suntuoso es maravilloso, su propio nombre lo dice. Suntuoso es celestial, tiene todo lo que necesites y a la hora que lo necesites. Es un chino fantástico que si no tienes lo que buscas, te lo consigue. Si le preguntas si tiene tabaco mientras tiene gente en la tienda, te dice que no, pero cuando comprueba que nadie le escucha, te pregunta qué tabaco es el que quieres y te lo saca de una bolsa de plástico que tiene guardada dentro de una mochila.

Pero hoy Suntuoso ha sido un chino muy malo: me ha dejado abatida para el resto del día. Suntuoso me ha metido el dedo en la yaga, en la que escuece, en esa yaga en la que no quieres que nadie te meta el dedo… Suntuoso me ha puesto en ridículo delante de un montón de clientes. Se ha portado muy mal. Fatal.

Es por la noche, en Madrid hace frío y mi teléfono hace cosas muy raras: sólo recibe llamadas de amigas, padre, madre y hermanas. No sé que le pasa que no entran llamadas ni mensajes de hombres (mi padre no cuenta). El teléfono se ha empeñado en mortificarme. Yo no hago otra cosa que mirarlo, agitarlo e ir a las opciones del teléfono y comprobar, una y otra vez, que no tengo nada bloqueado que haga que los maromos que están en mi agenda, les impida el comunicarse conmigo. Pero nada… mi teléfono sólo suena para llamadas sin relevancia.

A eso de las 23:30 hrs he decidido que tenía una urgente necesidad de visitar a Suntuoso y hacer algo de compra: avituallamiento que hasta ese momento no me había dado cuenta que necesitaba y que, de pronto, he pensando que tengo que adquirir ya que si no lo hago, moriré.

He cogido de sus diferentes estanterías todo lo que necesitaba, lo he soltado todo sobre el mostrador sin que se me cayera nada y, cuando me disponía a pagar y mientras me metía todo en sus bolsas recicladas de El Corte Inglés, me ha dicho:

Suntuoso: Estás deplimida, ¿eh?
Yo: ¿yo? ¿Pol qué? (es que ya hablo algo de chino)
Suntuoso: No, pol nada… ja ja ja ja ja

¿“ja ja ja ja ja”? ¡Chino Maldito! ¡¿por qué tienes que reírte de mí?! ¡¿En qué notas que estoy deplimida?!, ¡¿sólo porque llevo: tres tabletas de chocolate, una tarrina de medio litro Häagen Dazs de vainilla con nueces de Macadamia, una tarrina de medio litro de Häagen Dazs de chocolate con trozos de chocolate, un paquete de mini Donuts, un paquete de Donetes, un litro de batido de Okey de fresa y una caja de galletas Fontaneda Hob-Nobs 60% Avena, trigo y chocolate negro pero integrales para no engordar?! ¡¿Sólo porque me lleve todo eso y te haga millonario, me tienes que decir a la cara, sin pudor ni compasión, que estoy deplimida?!.

Suntuoso, eres el chino más malo sobre la faz de la tierra, eso no se hace a tu clienta VIP: la que te anima a abrir un restaurante de comida a domicilio, la que te llena la caja registradora, la que te preguntas que estás viendo en la tele china, la que te recomienda que te eches un champú anticaspa y la que siempre se acuerda de ti cuando tiene algo urgente que comprar… ¡Eso no se me hace! Y menos, chino maldito, cuando tienes la tienda llena de gente mirándome con cara de “es verdad, pobrecilla, está deplimida”.

Ha conseguido que salga de la tienda sintiéndome fatal, casi a punto de llorar; cargada como una mula, muerta de frío, viendo como la gente lo pasa bien y viendo, también, como mi maldito móvil sigue sin sonar en forma de llamada o mensaje de hombre… Pero… aja-já… Aún me quedaba algo que decir, dos palabritas que iba a entender muy bien. Yo nunca me callo y mucho menos cuando he sido humillada.

Llena de valor he dado media vuelta, he entrado en la tienda y después de dejar todas las bolsas en el suelo, me he acercado a Suntuoso y le he dicho en voz baja y al oído para que nadie nos oyera:

Yo: ¿Tienes tabaco?
Suntuoso: Sí, ¿el de siemple?
Yo: El de siemple

 

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¿Qué es esto?
 

 

los-ex-tercera-071107-01.jpg

Un millón de palabras no te traerían de vuelta, lo sé, lo sé porque lo intenté.
Tampoco un millón de lágrimas, lo sé, porque las lloré...

 


Y hoy, la tercera y última tanda sobre los ex. Espero que os haya servido de ayuda o al menos, que hayáis pasado un rato entretenido. Espero, igualmente, que hayáis aprendido que el ex perfecto no existe y que es mejor obviar a esa persona con la que un día se compartieron fluidos, tiempo, dinero, casa, coche, perro y televisor.

El ex novio, novio de tu amiga: Fue tu novio durante un tiempo y de pronto, por esos avatares del destino (o porque ya no te aguantaba más), acabó siendo el novio de tu amiga. Hay que ser fuerte para soportar este tipo de ex, se puede caer en la trampa de preguntarse a diario qué tiene tu amiga que no tengas tú. Lo primero que hay que pararse a pensar es si ella es una amiga de las buenas o una simple conocida que te trae al fresco. En el primer caso, más vale que aceptes pronto la relación porque si no, acabarás haciendo doblete y tendrás a un ex novio y a una ex amiga. Por una cuestión de salud mental, hay que olvidar que una vez tuviste contacto físico con él, de lo contrario, correrás el riesgo de quedarte idiotizada de por vida. En reuniones y cenas, evita hablar todo lo que puedas, porque si eres como yo y perteneces a esa especie que tiene la boca como la de un buzón, creerás que todo lo que dices tiene doble sentido. Como cada vez que os veis, tus nervios te traicionan y no dejas de hacer el memo ni un solo instante, a nadie le sorprende que ya no esté contigo y esté con ella… Resumiendo: este ex no debería de existir ya que puede acabar con los nervios de cualquier persona. Demasiado estresante para soportarlo de por vida.

El ex laboral: ¡Qué malo es tener un ex que trabaja contigo, qué malo!, otro para mandar a la hoguera y otro que debería estar totalmente prohibido. A este no te lo quitas de encima ni con agua caliente. Estás condenada a sufrirle hasta que uno de los dos cambie de empleo (y tal y como están las cosas, cualquiera deja un trabajo así como así). No puedes engañarle diciendo que no puedes quedar porque tienes una reunión (una sola llamada de teléfono y sabrá que es falso), no puedes utilizar como excusa para no verle que estás de trabajo hasta las cejas, porque lo más seguro es que se pase por tu despacho y te pille ojeando el Elle… no puedes utilizar ninguna excusa laboral (que siempre son perfectas) porque lo más probable es que te pille… Lo peor de tener un ex así es que te toca verle en todo momento. Cuando estabais juntos os encontrabais en el ascensor y saltaban chispas, ahora, si coincidís (porque ya te cuidas muy mucho de que no sea así), decides que mejor te subes dieciocho pisos a patita por eso de que quien mueve las piernas, mueve el corazón. Solución: ignorar que un día tuviste algo con esta persona y someterte a un lavado de cerebro que te permita olvidar que mantuvisteis una relación. Ya sabes eso de “donde tengas la olla no metas la…”


El ex legal*: No es que sea un ex legal porque sea muy buena persona, es que la ley dice que es tu ex… si lo dijo un juez, no vas a ser tú el que lo ponga en duda. Un divorcio no tiene por qué ser algo traumático si mandas a tu ex a tomar viento y con un poco de suerte no le vuelves a ver. Los traumas vienen cuando algo te sigue encadenándote a él o ella. No hay que olvidar en ningún caso que esa persona te hizo perder el tiempo de una forma excepcional y se quedó con tus mejores años. Sí, vale, que también hubo momentos mágicos donde los dos os sentíais andar por las nubes: pero se os picaron las muelas de tanta dulzura y eso terminó. Si os andáis quejando que de que tu ex marido o tu ex mujer os siguen amargando la vida, es hora de arrancar de raíz a ese cáncer. Desaparece de su vida, sácalo del mapa, conciénciate de que se acabó y manda tejer un felpudo en el que ponga “Capri c'est fini”. Comienza tu nueva vida nueva sin esa persona y disfruta del no tener que rendir cuentas a nadie. Olvídate de todas esas tonterías que llevas escuchando toda la vida de paz, cordialidad, educación y buenos modales. Vete al mejor bufete de abogados y sal del juzgado cantando a voz en grito esa terrible canción de Pimpinela que tanto juego puede dar: “Vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa y pega la vuelta […] Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios, que no te desean […] Vete, olvida que existo, que me conociste y no te sorprendas…”. Prepárate para todo y ármate de valor: ¿qué a tu ex le da por ir a bares de alterne y gastarse todo el dinero en el Casino Gran Madrid? ¿qué se gasta un pastizal en un deportivo descapotable y biplaza? Pues bravo por él, al fin y al cabo nunca dejaste de fastidiarle hasta convencerle en comprar el maldito monovolumen. No hagas mala sangre de eso, tú puedes dedicarte a inyectarte botox por todo tu cuerpo y a dormir desnuda sin el miedo de que ese asqueroso barrigón te ponga la mano encima. Si por el contrario, a ti te da por hacer turismo sexual en Cuba y tirarte a todo lo que tenga nuez, pues ¡ole, ole y ole!… pero nunca, en ningún caso, compartas tus nuevas aficiones con tu ex, ni las entenderá, ni las querrá saber: no puede existir amistad entre dos persona que primero se enamoraron, luego se alimentaron de pasión, más tarde firmaron una hipoteca, luego un matrimonio y por último, dejaron de quererse para después pasar a desearse poco menos que la muerte.


(*)Estos consejos no son aplicables si el matrimonio tiene hijos, ahí ni me meto que son palabras mayores.

 

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