
Mal que me quieren mis comadres porque les digo las verdades; bien que me quieren mis vecinas porque les digo las mentiras
(Anónimo)
Quien tiene una vecina, tiene un tesoro… y más si tienes una vecina como la mía. Ella es francesa, parisina exactamente. El que sea una francesita instalada en Madrid no es que sea una ventaja… más bien diría yo que es un inconveniente. Sobre todo porque cuando me “alquilo” películas de su casa, no siempre tengo la opción de poder verlas en español. Pero esto algo que contaré más tarde.
Yo me instalé en la comunidad un año antes que ella, el antiguo propietario de la que ahora es su casa, me daba menos juego: directamente era un aburrido sin vida social. Sin embargo, mi vecina me ha brindado la oportunidad de pasarme largos y entretenidos ratos con la oreja pegada en la pared de mi salón escuchando las conversaciones con sus amiguetes y amantes. También para seguir sus orgasmos y la frecuencia con que los práctica. La verdad sea dicha, mucho, lo que se dice mucho, no lo hace la buena mujer.
Mi vecina, al igual que yo, tiene gato (aunque ella uno y yo dos) pero no es eso en lo único que coincidimos: ambas tenemos que salir de viaje con frecuencia. Cuando nos dimos cuenta del enorme favor que podríamos hacernos mutuamente cuidando de nuestros mininos cuando estuviéramos fuera (echarles comida, ponerles agua, cambiar la tierra…), felices nos dimos las llaves de nuestras casas y decidimos que cuando una no estuviera, la otra se haría cargo de los gatos.
A mí, muy lejos de parecerme un incordio el tener que atender a Leo (que así se llama su gato), me parece un plan perfecto. Mi vecina me avisa, me da las llaves y al día siguiente ya estoy en su casa ocupándome del gatito en cuestión.
Ocupándome del gatito, de sus películas, de sus cd’s, de su ropa, de sus zapatos, de sus perfumes, de su sofá, de sus revistas y de todo de lo que pueda arramplar en su ausencia.
Qué interesante es la vida de los demás, sobre todo cuando la cotilleas de un modo clandestino. Si ella me permitiera fisgonear en su casa, no tendría gracia y probablemente no lo haría. Pero es marcharse de viaje y no poder soportar la tentación de entrometerme en su intimidad.
Mi vecina tiene una colección de zapatos bastante exquisita y lo mejor de todo es que calza mi mismo número. Mi vecina tiene buen gusto para la ropa y tiene un vestido verde y negro de Dolce Galbbana que en cuanto no está y se lo deja, yo me lo planto y me queda de miedo. Mi vecina es tan astuta como yo, o más.
Ayer fui a su casa para ver que me “alquilaba” de su videoteca. Me llené de alegría y júbilo cuando comprobé que ya se había hecho con la última temporada de House.
Me fui rápidamente a mi casa con la nueva adquisición; me tiré en el sofá y cual fue mi desgracia al comprobar que el menú de todos y cada unos de los DVD’s de House, sólo me daba las siguientes opciones de idioma:
- Český
- Dansk
- Deutsc
- E۸۸hnika
- English
- Françai
- Nederlands
- Works
- Portugués
- Svenska
¿Y el español? ¡¿dónde está el español?! ¡¿Qué maldito idioma es el E۸۸hnika?!. Creía morirme, menuda mala pasada me había jugado la mala pécora. No sé a que francesa de tres al cuarto se le ocurre comprar todas las temporadas de House, en unos formatos que no te dejen ver los capítulos en mi idioma. Mi domingo echado al traste.
Pasé del inglés, no estaba yo para pensar… y teniendo en cuanta que sólo iba a entender los nombres de los protagonistas y a duras penas, opté por verme la serie en portugués. Fue un aburrimiento, así no tenía ninguna gracia.
Volví a su casa para devolver las películas y para ver si tenía otras opciones interesantes en su videoteca que tuvieran como opción el español, pero no, nada interesante, el resto de las pelis ya se las había “alquilado”.
De la forma más tonta me encontré en pijama, tumbada en su sofá y viéndome todos y cada uno de sus álbumes de fotos.
No solo descubrí que tiene una madre que se conserva muy bien y la sospecha de que ella se ha operado la nariz, sino que además comprobé ¡qué la jodia de ella asistió a una fiesta con un vestido mío!.
¡Já!, ¡lo sabía!, ¡sabía que ella hacía exactamente lo mismo que yo!, ¡sabía que yo no era la única descerebrada de la comunidad!. Ya la última vez que me marché de viaje sospeché que alguien había andado husmeando entre mis cosas; pero una amiga me convenció diciéndome que no todo el mundo era igual de descarada que yo. Sí, sí… ya veo que el descaro no entiende de nacionalidades.
Lo malo no fue descubrir que se había puesto mi ropa: lo peor fue comprobar que a ella le quedaba mejor que a mí.
El domingo que prometía ser tedioso y lleno de capítulos en portugués, se puso harto interesante. Una vez comprobado que se había plantado uno de mis vestidos, me llevó a hacer un exhaustivo examen de cada una de las fotos de su colección. Comprobé, atónita, que en otra ocasión se había puesto mis sandalias negras de Farrutx. Una verdadera y sorprendente desgracia.
¿Cuántas cosas se había puesto sin mi permiso?. Por un lado me sentía orgullosa de mi armario, por otro, dolida y estafada; pero sobre todo me sentía impotente por no poder demostrarle mi resquemor. A ver quién era la guapa que le decía cómo había descubierto la engañifa.
Una cosa me llevó a la otra, y sin darme cuenta me sorprendí mirando en sus joyeros para ver que encontraba.
¿Qué creéis que encontré? Pues, buscando buscando, di con un par de pendientes míos. La verdad es que lo pendientes en cuestión me costaron cuatro perras y ni si quiera los había echado en falta… pero eran MIS pendientes; yo al menos le devolvía las cosas...
Mi vecina volvió de viaje y yo tardé poco y menos en llamar a su puerta. Ahí estaba yo; sonriente, con MIS pendientes en mis lindas orejitas; con sus llaves en la mano y dándola la bienvenida a su dulce hogar. Me faltó la tarta de manzana para ser la perfecta vecina cínica americana, pero no estaba dispuesta a cocinar para ella (amén de que no tengo ni idea de cómo se hace una tarta de manzana). Comprobé como, sorprendida y sin decir ni mu, miraba los pendientes... y mientras yo me regodeaba en silencio, las dos hicimos mutis por el foro.
Ambas sabemos ahora que tenemos un pacto tácito. Nos “robamos” con permiso y lo consentimos, y como hay que cuidar al vecindario y a la mano que da de comer a tus gatos, he comprado la última temporada de “Las Chicas de Gilmore”, para que las “alquile” de mi casa cuando me marche de viaje. Además, he limpiado detenidamente todas y cada una de mis sandalias para que pueda ponérselas en mi ausencia.
Que disfrute de mi casa con salud, que eso haré yo con la suya.

Tarta de manzana?? quizas usted desea envenenar a su vecina, con algun pastelillo?? diferente traje mismo peligro... estaremosinformados con su magnifica forma de escribir, con sus relatos y su vida cotidiana y no desespere.. q comienza de nuevo.. muaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaackis
¿Las chicas Gilmore? ¡Por Dios, qué tortura! Debió de dolerle mucho que le sentara mejor a ella el vestido.
Enhorabuena, señorita Coolkiku...
Enhorabuena por este nuevo blog y mucha suerte!
Muy buen relato, cool!
Bien exprimido ;)
Releyendo esta vieja historia tuya, me doy cuenta de lo que supone para cada persona fantasear con la vida del vecino. O de la vecina. O de los dos. O de los tres. Y si esa fantasía incluye que el otro nos usurpa también nuestra vida, tenemos un maravilloso laberinto especular. Pero, cuidado con la realidad, si pensamos en la vieja leyenda del Doppergänger... Ja, ja, ja
Por eso yo dejo las llaves a mi vecina de 80 años porque se que no me roba nada.
Muy bueno.