Mi único propósito de Año Nuevo

Han pasado muuuchos días desde el último post, pero el mundo del virus entró en mi casa, y lo hizo con fuerza. Y es que una de las cosas que más echo de menos de mi tiempo "pre-maternal" es la salud. Ayyy, aquellos inviernos sin catarros... Esos meses de frío sin mocos... Esos tiempos en que no salía de casa sin ir cargada de pañuelos de papel o en que vivía sin sentirme pendiente de un cargamento de kleenex... ¡Qué tiempos! Pero con una niña pequeño en casa, los virus se convierten en invitados de honor. Yo es que ya casi les pongo nombre, y recuerdo a una amiga que me decía, "me los imagino retozando en mis almohadas, con patitas y los pelos de punta, riéndose de todos". Pues los de casa se han estado tronchando de todos una semanita...

Así que si sumamos unos días de virus más otros de descanso, el post anterior se ha quedado el pobre ya de lo más solito. Y lo peor (especialmente para mi faceta más vaga)  es que tenía dos textos escritos que, pasada Navidad, no tienen ya el más mínimo sentido, ¡y a la basura que han ido, con la rabia que eso me da!

Por eso, tras darle alguna vuelta que otra (tampoco demasiadas, que no estoy yo para mucho pensar) he decidido que, aunque sea una vulgaridad, voy a hablar de Propósitos de Año Nuevo. Que sí, que lo sé, que es muy típico y tópico, pero siento que es lo que toca a estas alturas del año.

Mi único propósito de este año (intento no hacer más de uno al año para no dejar más que uno sin cumplir) es dormir más. Es barato, es factible, y es agradable. (Ya ven, intento ponerme las cosas fáciles, no voy a engañar a nadie). Y encima, sienta bien. Porque no sé el resto de la Humanidad, pero a mí lleva tiempo dándome las tantas de la noche liada con las mil y un cosas con las que todos nos liamos. Así que el lunes me levanto así - así. El martes, algo peor. El miércoles, me vuelvo a autoinsultar por no haberme acostado antes. El jueves, me aborrezco (y de lo de madrugar, ni hablamos). Y el viernes vendería mi alma al diablo por una horita más de cama, ignorando el hecho de que el diablo no debe tener el más mínimo interés en comprarme nada, incluso en segundas rebajas.

Así que me propongo seriamente disfrutar de al menos de siete horas y medio de sueño ¡cada noche! ¡Cada una! Porque encima, dormir no tiene más que ventajas. Reduce el hambre (cuando dormimos poco no segregamos la cantidad necesaria de hormonas reguladoras del apetito); mejora la memoria (y vaya si me hace falta...); estimula la concentración; ayuda a la piel a regenerarse... Y encima, parece que ayuda a vivir más - y mejor.

Aunque, la verdad, con sentirme algo mejor al levantarme y no tener ganas de llorar y superar el bajón de las cinco de la tarde sin peligro de descoyuntarme la mandíbula entre bostezo y bostezo, me vale...

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1 comentarios

Hola Stephanie... Ojalá consigas tu propósito de dormir más y mejor cada dia. El sueño es tan dificil de controlar. Viene y se va cuando quiere. A veces me he propuesto de ir a la cama a las 11, y me he pasado horas y horas contando ovejitas hasta conseguir dormirme, más el consiguiente cabreo por sentir que estaba perdiendo mi tiempo. En fin. Besos

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