He vuelto...

Hola, hola, holaaaaaaaaaaaa...

Yo misma puedo oír el eco en mi blog, ¡ha pasado demasiado tiempo desde la última entrada! Vamos, creo que le han salido hasta telarañas cibernéticas... No sé como son las telarañas en un ordenador, pero fijo que le han salido...

La razón de mi ausencia no han sido exactamente unas vacaciones (¡ya me gustaría!) sino una combinación estelar de eventos planetarios propios.

El primero fue un viaje a Etiopía con una ONG con la que colaboro cuanto puedo. Etiopía es un país que, por diferentes razones, tiene un hueco muy especial en mi corazón y en mi vida, un lugar duro de gente amable que lucha como puede para salir adelante. Un país al que, como a todos los países pobres, la subida del precio del petróleo y la especulación con los alimentos ha llevado a una situación desesperada para sus habitantes. Para nosotros, que la comida suba es cuestión de darnos algún capricho menos o poner más patatas al guiso, pero para millones de personas es la diferencia entre comer - o no.

La experiencia fue absolutamente maravillosa. Muy dura, pero muy reconfortante, porque ver lo que se puede hacer, ver que realmente se ayuda a alguien, da mucha fuerza para hacer más y más cosas.

Pero, claro, volver... Ah, eso es otra cosa... Volver es duro, muy duro, porque pasar de situaciones extremas a nuestra abundancia te cruza bastante los cables. Con lo cual si unimos la acumulación de trabajo al jet lag emocional, no era capaz de concentrarme en un cosmético ni queriendo. Y mira que me gustan... Pero esa transición es difícil, muy difícil.

Finalmente, he acabado haciendo las paces con varios aspectos de nuestro mundo, incluida la cosmética. Porque me doy cuenta de que más allá de lo que es la industria como tal, con el frenesí marketiniano que la posee, el afán de las mujeres por estar más guapas es tan natural como la sed. En Atapuerca, Miss. Atapuerca y sus 500 mejores amigas seguro que usarían arcillas y bayas para dar color a sus labios, y desde entonces no hay cultura donde el adorno y el cuidado personal no haya formado parte vital de sus ritos y tradiciones.

Lo recordé cuando ví a una familia compuesta por una madre y sus dos hijas pequeñas, que venían a la consulta de la médico de la ONG. Sus ropas estaban ajadas, y los zapatos rotos, pero las tres llevaban las uñas de manos y pies maquilladas con esmalte. De un esmalte color verde pistacho metalizado absolutamente indescriptible, pero maquilladas. Un gesto de coquetería que me recordó esa imagen de una mujer afgana cubierta de pies a cabeza con un burka bajo el que se adivinaban unas uñas pintadas.

Finalmente, me he visto obligada a recordar que querer estar guapa, verse bien, aplicarse algo que nos haga sentir mejor en nuestra piel forma parte de nuestra propia esencia. Y eso, marketing aparte, siempre está muy bien.


P.D. Dedico este post a Trini, que puso un comentario genial sobre si me había tomado el artículo de "Elogio de la pereza" demasiado en serio... Gracias, Trini, ¡me encantó!
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3 comentarios

¡Que alegría leerte de nuevo! Me encanta que hayas regresado

Lo admito, te agregue a mi RSS y eso me ahorra ver si tienes algo nuevo, pero ya me parecia raro tanto silencio.
Yo tengo sentimientos encontrados cuando a veces compro un producto de belleza que sería absurdo usarlo si pienso en las precarias condiciones en que viven otras personas en mi propio país.
Estoy de acuerdo contigo en lo que planteas, pero no deja de parecerme absurdo llegar a comprar cremas con oro y otros ingredientes de lujo.
Quizás no hay que perder de vista que es bueno consertirse un poco, pero sin perder de vista la realidad.

Bienvenida y ¡GRACIAS! por tu dedicación del post. Cuando escribí el comentario el pasado 10 de julio desconocía el motivo. A los pocos dias, sabiendo que lo tuyo no podía ser pereza, investigué y me encontré con la Stefani que se dejaba intuir entre líneas. Tu proyecto personal es una maravilla y de una valentía que te engrandece como persona. La gente no lo entenderá, pero como tu bien decías la que lo recibe todo eres tú. Al fin y al cabo todos nosotros (los que lo tenemos todo) deberíamos hacer lo que has hecho tu. Suerte en el camino elegido; para mi ha sido todo un honor haber descubierto tu blog.

Un Beso muy fuerte: Trini

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