Archivos Enero 2008

… puede venir bien echar un vistazo a esta foto, que se va a utilizar en una campaña anti tabaco. Las dos son gemelas, con estilos de vida similares, pero con una diferencia: una es fumadora, y la otra no.  Y lo llevan escrito en la piel…

El tabaco ahoga literalmente la piel: reduce el aporte de oxígeno, disminuye los niveles de vitamina C y altera la producción de colágeno. Por eso, los cirujanos plásticos no hacen liftings faciales a fumadoras, puesto que no cicatrizan bien.

¡Ah, y por cierto, el tabaco también agrava la celulitis! 

A lo mejor, como la piel es más visible que los pobres pulmones, alguien se lo piensa antes de encenderse el próximo cigarrito…

fumadora.jpg
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¿Qué es esto?
 

Hace unos días, una lectora dejó un comentario que me gustó muchísimo en uno de mis post, aquel dedicado a la frase "Sin tetas no hay paraíso". Iba a contestarle con otro comentario, pero como ha despertado muchas cosas en mí, le voy a dedicar este post.

Este es el texto de Lyd:

"Hola Stefanie, suelo leer tu blog y me gusta bastante, pues yo también soy una aficionada a la cosmetica y belleza.
Bueno el título de esta serie ha sido objeto de muchas críticas, asociaciones de feministas (grupo que como mujer me avergüenza), hasta de partidos políticos de Canarias donde exigian la retirada de este formato, porque era (según ellos) una forma de denigrante para la mujer.
Bueno como mujer no estoy deacuerdo, primero no creo que el título este encaminado a reflejar que sólo con tetas se alcance el éxito.Sólo han hechado un capítulo, pero no me parece glorioso el que llegar a ser prostituta, rodearse de un entorno mafioso... sea el éxito que se puede alcanzar (al menos para mi y con todos los respetos a quien elija este tipo de vida, pero yo no veo exito ahi.
Yo lo veo de otra forma y es, más como una crítica a la sociedad, a esa sociedad que somos todos y exigimos "tener tetas para que haya paraíso". Porque desde una humilde cr´tica estefanie, tu haces un blog de belleza, donde informas de los últimos cosmeticos de empresas más prestigiosas donde lo que te venden es estar guapa para triunfar.Sino, porque nos echamos cremas, porque nos compramos tenacillas, porque el último maquillaje que esconde arrugas, marcas y demás o porque nos sometemos a tratamientos anticelulíticos?
Tu blog se titula crónicas de una adicta a la cosmética, que diferencia hay en querer esconder defectos con maquillaje o querer detener el tiempo con cremas a querer operarse el pecho para verse mejor o encontrar ese paraíso. Pues no hay ninguna diferencia. Y no me parece mal quien lo hace, pues soy la primera que me gusta cuidarme y probar todo tipo de cremas y tratamientos, pero no soy tan hipócrita de criticar o escandalizarme por un eslogan que es reflejo de la sociedad a la que tú y yo contribuimos.
Los guionistas sabían que iban a escandalizar, pero somo tan hipócritas de escandalizarnos de que alguien se opere las tetas para triunfar y no de que se usen cosmeticos para el mismo cometido?"

 

Esta es mi reflexión… 

 

Buffff, Lyd, me ha encantado tu comentario. Me ha gustado muchísimo y me lo he leído con mucha atención, la verdad. Sobre todo, porque incide en una pregunta que yo me hice sobre mi trabajo hace mucho, mucho tiempo: ¿es ético instar a consumir para estar más guapa? ¿No se está alimentando el culto al cuerpo, anteponiendo lo físico a todo lo demás?

Te prometo que le di muchas vueltas, pues en ese momento me encontraba en una encrucijada profesional y quería saber si seguía escribiendo sobre belleza o debía aceptar una oferta para pasar a otro campo totalmente diferente.

Al final, pensé en lo que significaba la cosmética: la oportunidad de estar mejor. Porque aunque creo que es insano e indecente volverse locos con el culto al cuerpo, creo que no podemos obviar el hecho de que somos animales sociales. Vivimos rodeados de gente: miramos y somos mirados, vemos y somos vistos. Interaccionamos constantemente, y esa interacción es parte vital de nuestra vida. Y en ella, nuestro aspecto físico es esencial. A través de la imagen comunicamos. Es nuestra primera forma de expresión. La más inmediata, una que no necesita subtítulos.

Por tanto, es razonable que mucha, mucha gente quiera presentar una buena imagen. Y con ello no me refiero a ir subida a tacones todo el día, peinarse sólo de peluquería o no salir de casa si no se ha realizado un maquillaje completo. No, no es eso. Es estar bien, sentirse bien, a gusto en la propia piel.

Por otro lado, creo que no se puede minusvalorar el poder de la belleza. Un poder real. Las personas guapas y atractivas lo tienen más fácil, y eso es así desde la noche de los tiempos. Todas hemos vivido en nuestra propia carne la diferencia que hay entre salir de rompe y rasga o hacerlo a medio gas.

Por tanto, creo que, sin ser esencial para la supervivencia del ser humano, preocuparse por la apariencia no es un tema menor. ¿Sabes que en algunas terapias antidepresión arreglarse y ponerse guapa forma parte del tratamiento?

Pero a la vez creo que no podemos perder el norte con el tema del físico. Estar bien, sí, es importante, pero no puede ser el eje de la vida de nadie. Conocer técnicas, productos o trucos para estar mejor está bien, siempre y cuando no sean lo más importante.
Desde ese punto de vista he querido abordar siempre la belleza. No creo que un lápiz de labios pueda cambiar la vida, y tampoco una operación de estética. No me gusta vender milagros embotellados, ni promesas de eterna juventud. Básicamente, porque no existen. El tiempo pasa, el cuerpo cambia, ¿y qué? ¡No pasa nada!

Hace unos años alguien me preguntó si me gustaban mis piernas. “Claro que no”, le dije. “Yo tenía unas piernas estupendas y ahora estoy más blanda que un contenedor de gelatina, me ha salido celulitis hasta en las uñas y tengo una cosa arrugada a la altura de los tobillos que creo que son mis rodillas”. Me miró seriamente y me dijo: “¿Acaso no te llevan donde quieres? ¿Acaso no te trasladan sin dolor, con eficacia? ¿Es que no te resultan útiles?”. En ese momento, me di cuenta de que tenía TODA la razón. Y mi celulitis sigue sin gustarme, pero, ¿sabes qué? Tampoco es tan importante. No pienso dejar de ir a la piscina por ello, ni esconderme. Podría dedicar tiempo y dinero a combatirla, pero… en mi caso (y sólo hablo de mi caso), no me vale la pena. Prefiero ganar ese tiempo haciendo rabiar a mi hija y correr detrás de ella. O estar tirada en el sofá mirando el techo, actividad placentera donde las haya. (Y te cuento esto tras haberme puesto mi tercera sesión de botox, que tampoco es que abjure de la estética).

Desde mi perspectiva, la cosmética y la estética tienen sentido en la medida que se disfruten. Por ejemplo: ahora, maquillarme cada mañana para ir a trabajar me resultaría un sacrificio, pero hacerlo antes de ir a una cena, me resulta un ritual tan placentero como delicioso, parte de la alegría de salir. Y no me molesta ponerme botox, porque me lleva menos de una hora, mientras que pensar en seguir un completo tratamiento anticelulítico me daría una pereza inmensa. Pero esa es sólo mi elección, tan respetable como la de quien pasa de cremas, mechas o, por la contra, quien le dedique tanto tiempo como atención, cariño, ¡y dinero!

Creo que operarse el pecho, la cara o usar cremas es fabuloso si quieres tener un pecho más bonito, una cara más tersa o una piel mejor hidratada, ¡fabuloso! Pero nada de eso te llevará jamás al paraíso, porque ese está en otro lado…

P.D. Además, sinceramente, creo que no es comparable aplicarse una crema con someterse a una intervención de cirugía estética, con lo que eso conlleva. También es cuestión de grados.
 

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¿Qué es esto?
 
Lo reconozco: cada día estoy más despistada y tengo menos retentiva. Podría decir que es que tengo muchas cosas que hacer, y que no me caben todas en la cabeza, o, sencillamente, que me estoy haciendo mayor. (A ver si va a ser eso…) El caso es que, tras sucederme uno de los enésimos despistes que me están pasando, recordé la frase de una gran amiga: “a estas alturas, ya sólo retengo líquidos”.

Nada más decirlo me di cuenta de que es rigurosamente cierto: las ideas se me van, pero los líquidos se acumulan que da gusto.

Un famoso diseñador decía de sus clientas que no se creía cuando ellas justificaban la talla de más diciendo que “estaban hinchadas”. A él, como hombre, le resultaba un concepto demasiado etéreo, casi imposible. El pensaba que si tenía que sacarle dos centímetros más a la cinturilla de la falda era porque habían comido más de la cuenta. Y punto.

Y no digo yo que ese no sea el caso para los kilos de más, pero las mujeres sabemos que además de esos kilos extra existen los “centímetros extra”, un aumento de circunferencia que se produce lo queramos o no.

Reconozco que yo he dejado de tener dominio de mi cuerpo. El hace lo que quiere, cuando quiere, y no me pide explicaciones. A veces se porta bien, y deja los líquidos para otra ocasión, y otras, me ataca sin piedad y hace que se me claven los vaqueros, me apriete el sujetador y tenga los dedos como choricillos. A traición, hala, sin que yo sepa muy bien por qué.

Ayyyyyyyyy, si va a ser verdad que somos agua en un 70%, pero agua de lo más levantisca…
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¿Qué es esto?
 
La primera vez que oí el título de esta serie me escandalicé. Y yo no me escandalizo fácilmente, palabrita. Pero es que además de ordinario, me parece que el mensaje que transmite es vomitivo. Quedaría más correcto, mono y femenino decir denigrante, pero es que lo que realmente me da son ganas de vomitar, con perdón de la expresión.

No me voy a alargar, pero si una mujer considera que su diámetro pectoral es la clave de su realización como persona, felicidad, éxito y lo que toque… mal vamos. Y si para algún hombre la clave de la atracción por una mujer se basa exclusivamente en eso, aún peor.

Que no vamos a ser tan inocentes como para ignorar que, en general, a muchos hombres les gustan las mujeres de mucho pecho. Cierto. Y a nosotras nos gustan con un buen cuerpo también, ¡cómo no! Nos gustan con sus abdominales marcados, pelo en la cabeza, manos grandes y cuidadas, una sonrisa impecable… Vamos, que nos gustan guapos. Y luego nos enamoramos del que no es guapo pero, sencillamente, nos vuelve locas. Por su sentido del humor o por su falta del mismo; por sus detalles o su falta de ellos; por la forma en que nos mira y, sencillamente, por cómo nos hace sentir.

Y ya sé que el título de la serie está hecho para provocar, lo sé, pero, ¡joooooo, en mi caso lo han conseguido! Eso sí, les propongo a los guionistas que, para alcanzar su paraíso, se operen para ponerse implantes. Aunque sean hombres, ¡qué más da! Si alcanzar el paraíso es tan fácil como operarse, ¿a qué están esperando?
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¿Qué es esto?
 

photo_d_issermann.jpg Con el nuevo curso ya empezado, quiero echar la vista atrás para recordar algunos de los productos de este pasado año que nos han puesto un poco más fácil estar guapas. Seguro que se me olvidan algunos, por lo que no están todos los que son, ¡pero son todos los que están!

- Idealist de Estée Lauder se ha convertido en un vicio para mí que dosifico convenientemente: sé que me bastan dos gotas para la cara, ¡y  no me permito ni una más, que intento estirar el contenido del frasco al máximo! Es mi aliado personal en la lucha contra los poros abiertos, y me ahorro un par de exfoliaciones a la semana.

- Continous Rescue Antioxidant Moisturizer de Clinique, una hidratante diaria cargadita de antioxidantes. Al ponérmela, me siento más “virtuosa”. Vamos, como que estoy siendo buena chica al protegerme la piel.

- Las tenacillas rizadoras de Braun. Tienen el ancho perfecto para hacer tanto ondas grandes como bucles muy pequeños. Y la tecnología iónica se nota: el pelo queda muy brillante. ¡Hay veces que salgo de casa hecha una oveja, toda llena de rizos porque no puedo parar de enrollarme la tenacilla una y otra vez!

- Hay dos nuevas líneas cosméticas de venta en farmacias y parafarmacias que me han robado el corazón: Sanoflore, una marca francesa de carácter bio, y Caudalie, también francesa y pionera en descubrir las virtudes antioxidantes y regenerantes de la vid. Ambas son de una relación calidad – precio absolutamente tentadora, pues ofrecen productos excelentes a muy buen precio. Siento especial debilidad por los aceites de ambas marcas, auténticos concentrados para la piel que son una delicia de aplicar y de oler.

- Siempre he sentido especial predilección por la barra de labios Rouge Dior, y ahora, en su nueva versión, más. Sacarla del bolso es un acto de glamour inmediato, y los colores están llenos de luz.

- Los perfumes Esprit de Gingembre de Angel Schlesser son, sencillamente, deliciosos. Dos fragancias ligeras pero con carácter, se nota que detrás tienen una historia. Me los pongo en las muñecas antes de irme a dormir y así su olor me acompaña mientras me quedo dormida. 

- El maquillaje Mat Lumière de Chanel, que deja la piel sin brillos, pero con un aspecto natural. Bonitos colores que se funden con la piel, ¡me gusta, me gusta!

- Benefit es una marca americana de maquillaje (con algo de tratamiento incluido) con una filosofía lúdica muy especial. Pero lo que más me gusta es que todos los productos, sencillamente, funcionan: son colores para aplicar con los ojos cerrados, esos tonos que favorecen sí o sí. Prometo extenderme más sobre ella en posteriores blogs, aunque mi pena es que por ahora se venda sólo en dos centros de El Corte Inglés, en Madrid y en Zaragoza. Soy adicta a su Benetint, un líquido rojo intenso que sirve de colorete y tono para labios, ¡cero grasa, sin purpurina y permanece hasta el final! Tienen una versión en bálsamo para labios que favorece a absolutamente todas las pieles.

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¿Qué es esto?
 

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