El rubito se detuvo a pocos centímetros de mi cara y,
sin presentarse ni sonreír, me habló con una voz ruda y desconsiderada que me hizo dar un respingo.
Me anunció que su compañero deseaba conocerme y me hizo un gesto con la cabeza para indicarme que le siguiera. Perpleja, obedecí.
En el asiento del copiloto había otro hombre. También llevaba un bigotito, pero el suyo era cuadrado y un poco ridículo. Con su traje a rayas y sus mofletes inflados, me recordó al señor Banks de Mary Poppins.
Aun así, tenía unos simpáticos ojillos que se achinaban cuando sonreía
y estaba rodeado por un aura de distinción que no pasó desapercibida para mi instinto de actriz.
El hombre me saludó agitando graciosamente la mano como una reina. A mí se me escapó una sonrisa y me acerqué al coche, confiada.







HELLO!
Canada
Rusia
Grecia
México
Linda, saca tu astucia y vigila las intenciones de los extraños. No te vayan a confundir con lo que no eres.
¡Ánimo! ¡L.A. es tuyo!
Ah, Hong Kong Blues! En aquel entonces yo creía ciegamente en la bondad de los extraños...
Tuya,
Linda