Cuando abrí los ojos, mi corazón se disparó por un instante. Estaba ciega... o muerta. No veía absolutamente nada. Me llevé una mano a la cara, empapada en sudor, donde notaba algo extraño y pegaj
oso. ¡Mi sudario!
Al rato abrí los ojos de nuevo, sólo para llevarme otro susto. Un rostro oscuro y redondo me contemplaba tras unos ojos severos que me recordaron a los de mi madre cuando me reprochaba en
silencio que ya no iba a la iglesia los domingos. Pertenecía a una mujer regordeta que sujetaba una gran bandeja con patas. La depositó en la cama, dejándome atrapada como una fiera en su jaula, aunque me moría de ganas de ir al baño.
-Buenos días. Mi nombre es Juanita. Si necesita algo toque el timbre de color verde -dijo, descorriendo bruscamente una cortina sin importarle que la luz del sol impactara en mi rostro. A mí me pareció que la tal Juanita lo hacía a propósito. Sin saber qué decir, le dediqué una sonrisa. Ella chasqueó la lengua y salió de la habitación.
Hice a un lado la bandeja y un trueno bramó dentro de mi cabeza. Entonces era eso. Tenía resaca. Había llegado al hotel después de beber mucho y seguro que había tenido pesadillas, porque en mi cabeza hervían un montón de imágenes inconexas y absurdas.
Pero entonces me di cuenta de que no, aquello no podía ser un hotel. En los hoteles nadie le llevaba a una el desayuno a la cama sin pedirlo. ¿Qué estaba ocurriendo?













opezar bajando de un tren.
e hacía dos días: cuando anuncié a mi familia que me disponía a coger


padre, así que no se lo tuve muy en cuenta. 



y estaba rodeado por un aura de distinción que no pasó desapercibida para mi instinto de actriz. 
mpoluto descapotable de color blanco, estacionado al otro lado de la calzada. Yo había leído muchas revistas en mi vida y conocía bien las marcas de los coches. El sol se reflejaba en el capó,
a figura imponente. Era un hombre esbelto y bronceado, vestido con una camisa blanca muy bien planchada y un pantalón caqui. 

ella ancianita como sacada de una película de Frank Capra tendría muchas historias que contar sobre los años dorados... ¡Pero ahora me aguardaba el futuro! 


HELLO!
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