Como decía..., me encantan las olivas... Y la forma mejor de paladear esas que da la estación me parece que es a la mallorquina: son las aceitunas partidas. Se machacan dándoles un golpe. Y se preparan con un aliño de agua, 8% de sal, hinojo y pimiento verde picante (al gusto). Al estar abiertas las aceitunas cogen rápidamente el sabor de la mezcla.
Son una excelente guarnición para las tradicionales sopas mallorquinas, que tanto apetecen al llegar la temporada de otoño.
Ingredientes para 4 personas:
300 g de finas rebanadas de pan moreno
250 g de coliflor
250 g de acelgas
200 g de tirabeques
200 g de habitas tiernas
200 g de guisantes
100 g de achicoria
4 alcachofas
2 manojos de espárragos trigueros
1 manojo de cebollitas tiernas
2 dientes de ajo
3 tomates de ramillete
1 puerro
½ manojo de perejil
1 tacita y media de aceite de oliva
1 cucharada de pimentón
Sal
Elaboración:
Lavar y cortar el puerro y las cebollitas. Pelar un diente de ajo y picar menudos los tomates. Quitar el hilo a los tirabeques y partirlos en tres trozos. Desgranar los guisantes y cortar las habitas en aros finos.
Partir la coliflor en brotes pequeños. Desechar las hojas viejas de las alcachofas, partir en 6 gajos y lavar. Cortar la parte dura de los espárragos y romperos a trozos. Las pencas de las acelgas, sin hilos y cortadas en bastoncitos. Las hojas, lavadas y rotas con las manos.
Calentar el aceite en una cazuela de barro y dorar el ajo sin pelar, chafada la nariz. Ya en su punto, sacarlo y poner las pencas, los puerros y las cebollitas. Remover. El fuego, moderado. Andes de que se dore, introducir el tomate y el ajo picados. Fundido el tomate, incorporar las habitas, los guisantes, las achicorias, las acelgas, la coliflor, los tirabeques, los espárragos y las alcachofas.
Cada hortaliza se echa sola: dar unas vueltas y añadir la siguiente, respetando el turno anotado para que todas queden al dente. Una vez rehogadas, poner sal, pimentón y remojar con 5 tazas de agua hirviendo. Dejar cocer a fuego dulce. Lavar y cortar el perejil menudo. Conseguido el punto de cocción de las hortalizas, sacarlas y reservarlas. Echar el perejil en el caldo.
Introducir el pan en el caldo, colocando la primera rebanada y la que sigue debajo de la que precede. El fuego, moderado.
Absorbido el caldo por el pan (no debe removerse), cubrir con las hortalizas. Apagar el fuego y, sin levantar la cazuela del fogón, regar las hortalizas con un hilillo de aceite de oliva crudo
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