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A veces a la vida le da por absorberle a uno. Esta semana y la anterior me ha tocado a mí. Pero desafortunadamente no se ha tratado de una absorción emocionante desde el punto de vista lúdico sino más bien absorbente en plan laboral. Cosas que he descubierto estas dos semanas, unas más útiles que otras:

 

-          Mucho Excel. Para quienes no utilicéis el Excel, no sabéis lo que os perdéis. Si me tocara la lotería una de las cosas que haría sería hacer un curso de Excel avanzado para poder crear un microcosmos con él. Estoy segura de que hasta eso se puede conseguir con este programilla. Pensar que he estado varios años sin conocer las infinitas posibilidades que estoy descubriendo estos días y que probablemente haya otras cientos de cosas maravillosas por descubrir me pone los pelos de punta. Tan de punta como cuando gané a mi ex al ajedrez. Muy y tan importante debió ser para él como para mí si ya no quiso volver a jugar más conmigo. Yo hice como mi abuela me había dicho ("Hija mía, tu abuelo se murió pensando que yo era tonta. A veces es mucho mejor que se piensen que eres tonta") y no volví a nombrarlo. Quizás mi abuela se refería a hacerse la tonta antes y no después pero es que la presión pudo conmigo. Yo veía que me lanzaba hacia su rey sin que se pispara de nada y me latía el corazón a toda prisa. Igual os parece que he perdido la cabeza si soy capaz de emocionarme por unas tontas formulitas del Excel pero es que me van a facilitar tanto la vida que no puedo dejar de pensar en el día que acabe de construir mis maravillosas y nuevísimas hojas de cálculo(a partir de ahora Criaturas Celestiales EXCELentes Made By Moi).

-          Que el supuesto truco de echarse una Aspirina C en la cara (disuelta, por supuesto) no te deja la tez iluminada y radiante.

-          Que mi salud anda igual de bien que la crisis: no mejora y no paro de coger todos los virus que hay por ahí. Necesito aplicar una (o varias) de estas medidas:

A.- Reducirle el sueldo a los oídos y a la nariz, grandes responsables de dejar entrar a los virus dentro de mi cuerpo.

B.- Echar a uno o varios órganos secundarios, como por ejemplo bazo, vesícula.

C.- Poner en ERE al resto de los trabajadores no necesarios al 100% como por ejemplo al hígado o los riñones.

D.- Inyectarme sangre del erario público.

E.- Directamente irme a un hospital y tumbarme a ver si con un poquito de suerte y sin tener que hacer demasiados esfuerzos, salgo de esta con vida.

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¿Qué es esto?
 

Ya casi se me ha olvidado lo que es escribir. Intento resetear mi cerebro para que olvide que ha estado al borde mismo de la muerte. "¿Has estado en el hospital?" me ha preguntado una del curro. La verdad, duele cuando a una no le entienden una gracia y más cuando es tan obvia. Aunque pensándolo bien, más duele reírse de algo que parece una gracia y no lo es.

MyMan dice que yo no tengo sentido del humor.

Lo que tengo que aguantar.

De lo que casi muero es de un catarro con infección de bronquios incluida. Pensaba que palmaba con cada tos. Mis pulmones explotaban y mi pecho ardía durante minutos. Y como soy tonta y pensaba que se pasaría enseguida - sí, lo sé, grandes contradicciones, pensé que me moría pero a la vez pensaba que me curaría, es lo que tiene ser una hipocondríaca optimista - menos mal que no tenía Internet a mano que si no, me encuentro veinte probables enfermedades y todas mortales -, sufrí en silencio la enfermedad hasta que tomé cartas en el asunto y hablé con mi farmacéutico que me recetó una medicina fabulosa y de color blanco-asqueroso que me ha salvado la vida. De paso aproveché y le pedí vitaminas para ver si consigo mantener a raya los virus que con la primavera se ceban con nosotros. Y ya de paso, ya que estábamos, también le pedí que me diera unas de esas tiras milagrosas para poner en las cicatrices para que queden tan bonitas como una peca. Y no me llevé un tratamiento homeopático que me recomendó para eliminar toxinas porque se lo llevó MyMan.

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((Bodegón posmoderno))

Tengo una fascinación natural por las farmacias que me lleva a mirar todos los stands cada vez que entro en una. Si me tocara la primitiva creo que después de irme de compras a Milán, Londres y Nueva York, me iría a una farmacia para comprarme todo aquello que se me antojó alguna vez.

Que si la crema para tal, la otra para cual, el cacao emperifollado, el bálsamo reparador, la pomada para mejillas, las pinzas megaespeciales, todos los productos de Vichy (no podría adorar más esa marca, es fascinación la  que siento y no entiendo de dónde me viene), todo lo que fabrique Comodynes aunque no lo necesite - ¡es que como mola el packaging! -, material antimosquitos en todas sus presentaciones, tiritas para cualquier situación... en fin, casi todo.

¿Y qué es lo más cercano al paraíso para alguien con esta especial fascinación por la crucecita verde? Qué el padre de MyMan sea mi farmacéutico sería un hit-parade-permanente, ¿no? Pues no. Es muy triste. Sí, me ahorro pagar lo esencial (aspirina, aspirina complex, ibuprofeno, tiritas para la cicatrización, jarabes anti-muerte...), pero no puedo tener todo con lo que yo sueño al entrar en tan bonita farmacia porque si empezara a llevarme todo lo que deseo, van a pensar que soy una gorrona - y con razón...-. Y encima MyMan no me deja comprar nada en ninguna farmacia porque para eso tenemos la de su padre. Así que ahora sólo me contento con mirar. Tanto miro todo siempre que entro que creo que me miran raro...

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