Necesito un vestido asimétrico como el comer. Pero igual mi cuerpo prefiere comer en vez de cubrirse sólo un hombro.

 

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Quiero ponérmelo cualquier mañana con un cuello vuelto debajo para ir a trabajar.

 

Quiero ponérmelo hoy para ir a tomar copas para despedir a una amiga que se va a vivir a las antípodas.

 

Quiero ponérmelo para ir a la boda de UMMA (Una de Mis Mejores Amigas) en febrero.

 

Quiero ponérmelo continuamente, como mis zapatos nuevos que el otro día una colega milanesa me dijo que parecía que eran de Chanel. Yo le dije toda orgullosa que me habían costado 35 Euros. Me encanta que las cosas me hayan costado poco y me encanta comentarlo.

 

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¿Qué es esto?
 

Después de haber dormido bien, el viernes me desperté con todavía necesidad de consumir y con mi pequeño gesto intentar revitalizar esta economía tan desastrosa la nuestra, pero con mucho miedo generado por las noticias continuas de crisis catastróficas y miles de empleos aún por perderse. Así que decidí contener mi necesidad imperiosa de mandar la Visa a tomar vientos y fui a visitar la nueva tienda de Sfera en la Calle Velázquez a la hora de comer - ya sabéis, Menú Sfera en vez de comer -. Sfera es una tienda con la que tengo una relación amor-odio muy particular. En su momento me pareció fatal que El Corte Inglés intentase hacerla la competencia a Zara con una burda copia y durante meses me negué en rotundo a traspasar sus puertas. Una amiga con más cabeza que yo, sí entró, compró cosas y luego cuando le decíamos "qué mona es esa falda" nos decía que era vintage de Londres para que no fuéramos a Sfera y comprásemos antes que ella lo que le gustaba. Hasta que un día paseando tranquilamente por Salamanca pasamos por delante de una tienda de Sfera donde precisamente habían puesto esa falda en el escaparate. A mí me pareció muy gracioso que intentara ocultárnoslo pero no a todas les sentó tan bien.

 

A pesar de eso seguí insistiendo en no comprarme nada allí. Me sentía extrañamente fiel a Amancio Ortega.

 

Hasta que un día acompañé a mi hermana en un peregrinaje en busca de un vestido blanco veraniego e ibicenco y allí mismo, por primera vez, quebranté mi propia norma y cayó una camiseta azul y blanca a rayas monísima y que me he puesto hasta la saciedad.

 

Desde entonces mis visitas a Sfera se han ido incrementando poco a poco  y he hecho pequeñas compras de cosas que me chiflaban. Como los zapatos que encontré el viernes, de los que estoy absolutamente enamorada, sin capacidad de recuperación. Si no tuvieran el tacón de escándalo que tienen, me los pondría cada segundo que estoy despierta.

 

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Son multicolores y están fabricados enteros de plástico pero con una semejanza tan pasmosa con la piel y el ante de verdad que parece que el plástico sea el nuevo Matrix.

 

 

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Amancio, tendrás que empezar a acostumbrarte a que quede de vez en cuando con Isidoro. No te importa, ¿verdad?

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¿Qué es esto?
 

Llevaba gestando en mi interior la necesidad de posesión de unos zapatos nuevos negros un tiempo y en mis visitas habituales a Zara había ido mirando de refilón sin encontrar nada que me convenciese. Pero hoy me he encontrado en una de esas tiendas caras con unos botines y unas botas maravillosas. Ambos en negro, ambos de charol. Ahora la duda me corroe. Mi presupuesto no da para ambos. Mi armario se resiste a acoger a ninguno pero le obligaré a aceptar a sus nuevos inquilinos, ya sean las botas, ya sean los botines.

 

¿Qué hago? Cada uno cumple una función muy diferente. Ambos pares son muy trendies y ambos tienen el mismo tacón. No hay por donde coger esta duda. ¿Botas negras tengo? Sí pero planas y de piel. ¿Botines negros tengo? Sí pero de los que se pueden llevar sólo por dentro del pantalón (me entendéis, ¿verdad? - si le digo a Myman que hay botines para llevar con falda y por fuera del pantalón y botines para llevar por dentro del pantalón sólamente, me dirá que he perdido el juicio...).

 

La verdad, me siento un poco absurda tardando tanto tiempo en tomar esta decisión. ¿Qué nos hace a las mujeres tomarnos estas cosas tan en serio? ¿Es genético? ¿Es un comportamiento social aprendido desde pequeñas? Una vez leí en un blog la historia de una niña de cuatro años que tiraba sus pendientes nuevos al suelo porque le hacían daño en las orejas para luego recogerlos y volvérselos a poner mientras decía "pero son tan bonitos que seguiré llevándolos...".

 

Mañana tengo que volver a la tienda con unos pantalones pitillo porque hoy he ido con unos tipo "boyfriend jeans" en plan anchitos que parece ser que Katie Holmes está poniendo de moda y no he sido capaz de visualizarme correctamente.

 

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¿Qué es esto?
 

Después de la 1ª parte, llega la 2ª parte:

 

Finalmente el viernes siguiente a las 20:30, después de terminar todos mis quehaceres diarios, cojí el coche y con muy pocas ganas pero mucha ilusión, me fui a El Corte Inglés a por el Hula-Hoop. Mal. Me llegaba a la altura de la pelvis. Qué obsesión hay en España con que los aros de gimnasia sólo sirvan para hacer gimnasia rítmica.

 

En la ferretería de El Corte Inglés busco tubo de polietileno para hacernos nuestro propio Hula-Hoop. No hay. El mundo es cruel.

 

Odio El Corte Inglés.

 

Nuestra amiga la de Gijón está encantada con su Hula-Hoop y temiendo que en breve su tripa no iba a tener nada que envidiar a la de Michael Phelps, nuestra amiguita MQ volvió a mostrarnos su faceta más generosa y se ofreció voluntaria para ir a Leroy Merlín en busca de los útiles necesarios para fabricar nuestro propio Hula-Hoop. Cuando encontró el tubo, me llamó diciéndome que los vendían en sets de 25 metros y que le parecía demasiado. Yo, como en la bolsa en época  de bonanza, "cómpralo, cómpralo", para luego meditar y preguntar cuánto costaba. "25 Euros". "Cómpralo, cómpralo, lo pagamos entre las tres y cuando el resto de nuestras amigas miren nuestra nueva figura con envidia, les vendemos los Hula-Hoops y amortizamos el dinero y el tiempo invertidos". Hablamos también sobre su siguiente objetivo en Leroy Merlín: encontrar los conectores para los tubos.

 

Al rato me manda un mensaje: "que no tienen conectores de esos". Respondo: "¿Y con qué conecta la gente la movida esa?". Me contesta: "Y yo que sé".

 

La llamo. Parece ser que le dicen que no hay nada, me dice que le atiende una tipa que la mira con cara rara. Le digo que busque a un hombre (en estos momentos no me gusto nada a mí misma pero sé que la probabilidad de encontrar lo que buscamos con un hombre es bastante más alta), que esos tubos se utilizan para regar y que la gente lo tendrá que conectar con algo (todo esto lo sé gracias a las instrucciones que encontré en internet, si no, de qué).

 

Al rato me vuelve a llamar. Me dice que nos vamos a hacer mucho daño. "¿Cómo?" respondo. "Sí, que el tubo este tiene una cosa muy gorda en medio". Le explico que no tiene que tener nada, me dice que ese tubo tiene una rosca en cada lado y otra en medio, le digo que no nos vale, me dice que no hay otra cosa, le digo que es imposible, me dice que no ha podido encontrar a ningún dependiente, que ha tenido que volver a preguntarle a la misma dependienta y que la ha mirado como si estuviera loca cuando al enseñarle la pieza mi amiga ha respondido que eso no le servía porque se iba a hacer daño en la tripa.

 

Me dice que va a abandonar. Le digo que no se preocupe, que buscaremos en una ferretería de esas de Bravo Murillo que tienen mil millones de cosas y aparatos.

 

Le toca el turno a PT. Una mañana cualquiera, con el firme propósito de encontrar la pieza de conexión perfecta, se recorre 5 ferreterías - ¡5! - y 1 tienda de sanitarios. Sin ningún tipo de éxito. Ninguno. No puede ser. No me lo creo. Esto tiene que ser una broma. Le doy una copia de la foto de las instrucciones sobre cómo hacer tu propio Hula-Hoop, va con la foto otra vez a una de las ferreterías y le dicen que eso no lo tienen en España. ¿Pero cómo puede ser? Así somos de listos los españoles. ¿Una pieza tan sencilla como un tubito con una rosca a cada lado no existe en este país? Al enseñarle las fotos a la dependienta de una de las ferreterías, ésta le dice a mi amiga: "Tú lo que te quieres hacer es un Hula-Hoop, ¿no? Pues vete a una tienda de chinos". Ya sabemos que en las tiendas de chinos los Hula-Hoops nos llegan a la pelvis pero aún así ella va a uno que está cerca y encuentra un Hula-Hoop que, efectivamente, le llega a la pelvis pero que pesa un quintal. Mi amiga lo mira dudosa mientras la china le dice: "Sí, sí, gila bien, gila muy bien. Todo el mundo lo lleva".  Como siempre cuando me cuentan algo gracioso, pensé que PT estaba exagerando, que no podía pesar tanto el Hula-Hoop. Me contó que le hacía daño en la tripa pero que conseguía bailarlo un buen rato, que era como de hierro y recubierto de gomaespuma y que le había quitado la pegatina de fabricado según las normas de la UE.

 

Cuando lo vi, aluciné en colores. PT no había exagerado nada.

 

Yo diría que es de hierro casi-macizo. Pesa más que mi perro. Lo de la pegatina de fabricado según las normas de la UE tenía que ser un chiste. Porque lo de la gomaespuma para que no te mueras en el intento de Hula-Hoopear es muy fuerte. Yo no sé si tengo roto el hígado pero cuando intento girarlo, veo las estrellas. Esto no puede ser bueno para el cuerpo.

 

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Dice PT que el truco para poder bailarlo es lo que pesa, que si compramos el de El Corte Inglés de la misma altura pero mucho más ligero, no lo lograremos. Estoy por ir, comprármelo y practicar sin parar.  Igual consigo algo. Desde luego, con este lo único que voy a conseguir es una fractura de músculo - si es que eso existe -.

 

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Me he metido en la web que lo vende por internet y el máximo diámetro que venden es de 87 cm. Y si seguimos las recomendaciones de los Hula-Hooperos, debe llegar hasta nuestra tripa, es decir, un metro (!).

 

Empiezo a rallarme con este tema...

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¿Qué es esto?
 

Este agosto estuve todas las vacaciones pensando que aunque el verano acabara, por fin, al volver a Madrid, podría ir a H&M y comprar sin fin. Una de las cosas que se fueron conmigo a casa se vino sin estar yo muy convencida. Era un vestido negro suelto muy mono con un cuello de ganchillo - dios, un cuello de ganchillo, me lo llegan a decir hace unos años y no me lo creo - Myman me dijo que parecía una Amish -. No me gustó mucho cómo me quedaba porque me hacía un poco tripa de embarazada y todos sabemos que la tripa de embarazada es ideal sólo si estás embarazada. Y no es mi caso. Pero el vestido tenía un algo especial que no me dejaba soltarlo así que decidí llevármelo a casa y probármelo con algún cinturón. El cinturón que le quedaba bien de forma no quedaba bien con el cuello (imitación de serpiente gris-verdoso con cuello beige de ganchillo = mal, muy mal), y el que le pegaba de color no quedaba nada bien de forma con ese vestido. En ese momento me arrepentí muy mucho de no haberme comprado un cinturón igual al de falsa serpiente en charol negro este verano en Stradivarius - sólo 2 Euros en rebajas - y pensé en intentar encontrarlo pero sólo de imaginarme a mí misma surcando las calles en su busca me dio una pereza terrible. A Stradivarius sólo voy de casualidad, cuando paso por al lado buscando otra tienda o una ferretería. Es que dentro me siento un poco desubicada con tanta adolescente por metro cuadrado. Está claro que no soy su público objetivo pero es que a veces tienen algunas cosas de lo más molongonas.

 

Así que renuncié, guardé el vestido en la bolsa de H&M junto con su ticket y decidí no pensar más ni en el vestido ni en el cinturón.

 

Hasta que un día - antesdeayer - una luz iluminó mi cerebro y pensé en quitarle el cuello al vestido.

 

Perfecto.

 

Ahora tengo EL VESTIDO y EL CINTURÓN adecuados.

 

Y además el vestido tiene un cuello efecto "vintage" ideal.

 

Nada como una buena idea en el momento adecuado.

 

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¿Qué es esto?
 

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En agosto tuve una pesadilla recurrente en la que soñaba que en el viaje de trabajo de finales de septiembre mi jefa me pedía unos datos fundamentales para la reunión que tenemos el 28 y yo no tenía nada. En ese instante me di cuenta de que no tenía nada y me agobié mogollón en el sueño. Como si el mundo estuviera a punto de colapsarse y Justin y Madonna no estuvieran disponibles para salvar el mundo. Le ponía una excusa tonta y cogía el ordenador para intentar hacer el trabajo, que normalmente tardo un par de semanas en terminar, en media hora para que no me asesinase. En ese momento me despertaba asustada y flipando con haber sido tan nerd - es decir, lerda - como para plantarme en el avión sin haber hecho antes lo que sí o sí, sabía que me iban a pedir.

 

Así que con ansias volví el día 25 de agosto de vacaciones, impaciente haciendo otras cosas mientras esperaba a que llegara el 1 de septiembre, día en que por fin tendría los datos que tenía que analizar para mi jefa.

 

El lunes 1 de septiembre, con ganas de terminar con esa pequeña semillita de angustia que la pesadilla recurrente había dejado en mí, encendí el ordenador emocionada, dispuesta a darlo todo de mí, a adelantar todo lo que pudiera. Pero... la vida tenía ganas de tomarme el pelo y, oh sorpresa, el programilla encargado de darme los datos me hizo un corte de mangas. Preocupada, le mando un e-mail al informático. El informático no responde. ¿Informático? ¿Dónde estás? De vacaciones, me contestan. Hasta el lunes siguiente, día 8 de septiembre no viene.

 

Una semana más pensando que la pesadilla se puede hacer realidad. ¿Por qué?

 

En fin, me consuelo pensando que todavía, después de la llegada del informático, tengo otras dos semanas y media para hacer el trabajo.

 

Pero... otra vez la vida se hace la graciosa. El lunes el informático me arregla el ordenador en el minuto 1. En el minuto 2 MARRÓN cae sobre mis hombros. "Lo siento mucho, sé que es muy pesado" fueron las palabras de mi jefe. Imaginaos como debe ser de pesado para que tu propio jefe sienta piedad de ti.

 

El lunes fue un día terrible. Interminables horas de MARRÓN-trabajo que no acabaron hasta que no fue la hora de irme. Qué tontería.

 

El martes fiesta, ay, que pocas veces no me he alegrado de tener una fiesta en mitad de la semana. De hecho, sólo esta vez no me ha alegrado. Soy consciente de que quizás esté magnificando mi sueño, pero ¡cómo no voy a hacerlo!, el mundo se me está rebelando.

 

El miércoles, es decir, hoy, he llegado volando a la oficina. Hoy sí que sí. Paso un momento a ver a mi jefe para ver si estaba bien lo del lunes. Estaba bien. Pero... obviamente, hay un pero, "mejor haz esta otra cosa fundamental que te va a llevar también mogollón de tiempo pero es que es fundamental". Bueno, vale. Creo que quizás a la hora de comer puedo terminar y comenzar, aunque sólo sea comenzar, esta parte de mi trabajo que este septiembre me va a volver loca.

 

Ilusa de mí. Concatenación de cositas, cosas varias y ristra de petardeces que hacen que no haya podido ponerme con lo que me tengo que poner ni por la tarde ni a última hora ni el último minuto. Parece broma. Pero no lo es.

 

¿Mañana? Veremos.

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¿Qué es esto?
 

Tengo unos zapatos que crecen. Ya lo he comentado antes. Pero a pesar de esta absurda manía del zapato del pie derecho de sentirse a sus anchas, los he seguido usando. Con una gran maestría he conseguido mantenerlos a raya y dominarlos en mis aventuras por Madrid.

 

Hasta hoy. Hoy he estado a punto de morir varias veces yendo a la oficina. El zapato derecho estaba cada vez más suelto y el taconazo amenazaba con desbocarse. Cada paso que daba me costaba más. Cada metro andado, parecía más lerda. Ya hacía tiempo que se me había ocurrido llevarlo al zapatero para ponerles una tira elástica en el empeine - como Prada con todos los de su colección de este invierno - pero como por falta de tiempo y de pereza terrible prevacacional y postvacacional nunca lo llegué a hacer, pensé en hacer un alto en el zapatero y pedirle por favor, por favor, por favor, que me los arreglase en el momento. Cuando por fin, tras varios intentos del perverso zapato derecho de tirarme al suelo y poner en duda mi pericia con los tacones, llegué a la altura del zapatero, vi que el muy ---- me había dejado en la estacada y todavía no había vuelto de vacaciones.

 

Así que, a grandes males, grandes remedios. Cogí dos gomas del pelo de H&M que tenía en el bolso, me los coloqué en el empeine sujetando el zapato, puse un poco de celo en la suela para que no se moviese la goma, y a caminar sin parar todo el día.

 

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¿Qué es esto?
 

 

 

 

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Es irónico que vaya a Hipercor a hacer la compra con el plan de que me la envíen a casa al día siguiente y que acabe llevándome dos bolsas gigantes y pesadas de  productos de limpieza de regalo. ¿Cómo iba a dejarlos ahí? La verdad, a puntito han estado de quedarse pero me ha parecido un gesto muy feo.

 

Mientras iba preguntándome si mis brazos se caerían o no, un tío que estaba cargando su compra en su coche me ha mirado y me ha sonreído.

 

¿Le conozco y he quedado fatal por sólo devolverle la sonrisa?

 

¿Se reía de mí por verme con dos bolsas TAN pesadas?

 

¿Ha leído mi mente y por tanto entendido mi sorpresa ante tan inesperada y absurda situación?

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¿Qué es esto?
 

 

 

Explorar.jpg

Día 1 - Aparece el Hula Hoop

 

Ayer fuimos a pasar el día y la noche a casa de un amigo cerca de uno de esos pantanos que están en los alrededores de Madrid. A media tarde descubrí el Hula-Hoop apoyado en un sillón. Me decían mis amigos y amigas que era muy pequeño para hacerlo rotar pero como yo no tengo ni idea de física les dije que no, que como iba a influir la circunferencia en nuestra capacidad de hacerlo girar. Fue imposible. Lo intentamos casi todos y la que mejor lo hizo duró 5 segundos y después de un buen rato de entrenamiento. Pensé que quizás era un problema de desconcentración - hay veces que las cosas no salen bien porque uno está demasiado concentrado y sólo hace falta soltarse para que todo fluya de forma natural - así que me bebí algún que otro ron en busca de la inspiración que obviamente nunca llegó. De hecho, no sólo no ayudó el ron, es que llegó un momento en que tuve que dejarlo, muy a muy pesar, porque cada vez me salía peor y, sobre todo, cada vez se me ocurrían ideas más absurdas para intentar lograrlo como por ejemplo dar vueltas sobre mí misma a la vez que intentaba darle al Hula-Hoop. Surtía efecto, sí, pero el mareo posterior era un pelín peligroso para mi integridad física.

 

Triste y derrotada por no conseguirlo decidí que tenía que lograrlo, que buscaría en Internet los trucos para hacerlo girar y que me compraría un hula-hoop el lunes mismo.

 

Día 2 - Resaca

 

Piiiiii

 

Día 3 - En busca del Hula-Hoop

 

No sabéis con qué agujetas me he levantado hoy en la tripa. Ni que hubiera hecho doscientas abdominales. Busco en Internet "Cómo bailar el hula-hop" y aparte de mil vídeos de Enrique y Ana me cuesta encontrar unas instrucciones sobre cómo hacerlo - el por qué lo descubro luego: se escribe Hula-Hoop, no hula-hop-. Reglas de oro:

 

1.- Hula-Hoop grande. Sí, es fundamental el tamaño de la circunferencia. Cuanto más grande sea el aro más lenta es la rotación y por tanto más fácil es mantenerlo en movimiento.

 

2.- No hay que hacer circulitos con la cintura y las caderas, hay que poner un pie delante y otro detrás y cambiar el peso de uno a otro.

 

En estos momentos necesito un Hula-Hoop urgentemente. Me imagino a mí misma consiguiéndolo a la primera y me emociono. A la hora de comer voy a El Corte Inglés de al lado de mi trabajo y, sorpresa, no hay Hula-Hoops. Las cosas de gimnasia rítmica las tienen en Castellana. ¿Cómo puede ser esto? ¿Después de subir las 4 plantas andando en busca de la firmeza perdida de mis glúteos, encima me voy a ir sin Hula-Hoop?

 

Menos mal que todas nos hemos quedado trastocadas con el tema del Hula-Hoop y todas necesitamos por nuestro honor volver a bailarlo y una de mis amigas se ofrece a ir a Decathlon y comprar Hula-Hoops para todas. ¡Viva!

 

Por la tarde mi amiga llega con los Hula-Hoops a su casa y, emocionada, tras mandarnos un SMS informándonos, se pone a intentarlo. Abandona a los cinco minutos. No ha habido manera. Cuando hablo con ella le pregunto si ha puesto en práctica las instrucciones y me dice que no se las había leído, que no había tenido tiempo. Así que le explico de qué va el tema y le deseo toda la suerte del mundo. Me muero de ganas de ir a su casa corriendo a por mi Hula-Hoop pero con las agujetas que tengo no voy a poder ni darle media vuelta al aro.

 

Día 4 - El Hula-Hoop de Decathlon

 

MQ no ha conseguido hacer girar el Hula-Hoop. Me extraña. Cuando voy a su casa a recoger el mío, veo la razón. El Hula-Hoop no nos llega ni a la mitad del muslo y la página web de las instrucciones dice que tiene que llegar por lo menos hasta la tripa. Todo mal. Obviamente, cuando llego a casa, intento Hula-Hoopear. Sin ningún éxito. Abandono enseguida. Ya sé que es prácticamente imposible y tonta no soy. Me exaspero. Las opciones se van reduciendo. Ya sólo nos queda:

 

-         Ir a una tienda de jardinería y comprar los útiles necesarios para hacernos nosotras mismas los hula-hoops con estas instrucciones que encontré ya sabiendo que se escribía Hula-Hoop.

 

-         Ir a El Corte Inglés de Castellana a ver si los encontramos.

 

-          Comprarlos por Internet.

 

Si me hubieran dicho la cantidad de problemas que me iba a traer probar el Hula-Hoop, igual lo hubiera dejado de lado.

 

Día 5 - Dispersión

 

No sabemos qué hacer, la tienda que los vende por Internet está Off hasta el 15 de Septiembre. Ya sólo nos queda hacerlos nosotras mismas o comprarlos en El Corte Inglés. Esto parece misión imposible. ¿Es que nadie en España hace gimnasia rítmica? Una de las futuras Hula-Hopeadoras vive en Gijón y tras recorrerse la ciudad entera y no conseguir nada decide ir a una ferretería a ver si consigue comprar los materiales. Allí en la ferretería a los dependientes les debe haber parecido muy divertido porque ellos mismos le han hecho el Hula-Hoop. ¡La gijonesa ya tiene Hula-Hoop! Estoy esperando a que me llame y me cuenta si ha conseguido algún avance.

 

¡Necesito ir a El Corte Inglés de Castellana ya!

 

Ya se me han pasado las agujetas del otro día. Voy a intentarlo otra vez con el mini Hula-Hoop a ver si consigo algo...

 

TO BE CONTINUED / CONTINUARÁ

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¿Qué es esto?
 

 

 

tarifa.jpgTarifa es genial. Los mojitos están buenísimos, las playas son estupendas, se come fenomenal, hay chiringuitos tan perfectos como el Tangana, no hace demasiado calor casi nunca y el agua está buenísima.

 

Y, además puedes vivir cosas tan divertidas como ésta:

 

 

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