Me gustan los desfiles que comienzan con música potente, con esa música que marcar insistentemente compases de dos por dos con los que acompañar los pasos de las modelos sobre la pasarela; como si a cada movimiento del metrónomo sus pies (sus tacones), y por lo tanto los míos, se clavasen en la pasarela y ayudasen a clavar los ojos sobre los tejidos, sus pliegues, los cortes, el fruto de los meses de esfuerzo y creación.
.. quizás no debería haber dicho esto porque, quizás (seguro), alguien, al leerlo, me puede tachar de hortera, de hacer primar el show o incluso el chunda-chunda sobre la ropa, pero bueno, ésto es lo que hay. Tal vez sea éste un buen momento para las confesiones y por eso, continuando con ellas, diré que: lo siento mucho pero este no es un blog de moda, de críticas sobre cortes, hechuras, costuras, tejidos y confecciones... a lo mejor lo parece o parece que eso es lo que se pretende pero no, lo siento pero no. Este es un blog de sentimientos, de los sentimientos que nacen y, que pese a lo que mucha gente piensa, pueden nacer de un desfile, de una pasarela en la que se unen y mezclan cuerpos, pasos, tejidos, cortes, hechuras, músicas y ritmos... y, por qué no, también ilusiones, muchas.
Y así, con música potente, con esa música que marca insistentemente compases de dos por dos, con los tacones clavándose en la pasarela, recién llegado de cruzar el charco y tras mostrar sus creaciones en 4eyes, comenzaba el desfile de Juanjo Oliva con otros ojos, los míos, clavados en los abullonados vestidos mini iniciales. Un Juanjo Oliva recuperado para el estampado y el riesgo, capaz de llenar la pasarela de vestidos armados con volúmenes que recuerdan a los tutús de las bailarinas, pero no a los de las simples aspirantes de academia sino a las primeras figuras que cambian, al ritmo de las estaciones y de la música, el Covent Garden de Londres o la Ópera de París por un Montecarlo, Nice o Saint-Tropez disfrazados de África. Bailarinas, pero no niñas como las de Degás sino verdaderas mujeres convertidas en Grace Kelly, en Gracia de Mónaco -como se decía antes-, como si ella misma (en lugar de Ava y sin necesidad Clark alguno) hubiese decidido quedarse a vivir en aquel Mogambo y ahora, vestida con los estampados wax de esa África de película pero con las formas de la costura de aquellos años 50's, regresase de nuevo a nuestras vidas para pasar el verano en la Côte d'Azur, mientras juega con las telas a componer formas como quien juega con el papel haciendo aviones, barquitos y pajaritas...
.. quizás no debería haber dicho esto porque, quizás (seguro), alguien, al leerlo, me puede tachar de hortera, de hacer primar el show o incluso el chunda-chunda sobre la ropa, pero bueno, ésto es lo que hay. Tal vez sea éste un buen momento para las confesiones y por eso, continuando con ellas, diré que: lo siento mucho pero este no es un blog de moda, de críticas sobre cortes, hechuras, costuras, tejidos y confecciones... a lo mejor lo parece o parece que eso es lo que se pretende pero no, lo siento pero no. Este es un blog de sentimientos, de los sentimientos que nacen y, que pese a lo que mucha gente piensa, pueden nacer de un desfile, de una pasarela en la que se unen y mezclan cuerpos, pasos, tejidos, cortes, hechuras, músicas y ritmos... y, por qué no, también ilusiones, muchas.Y así, con música potente, con esa música que marca insistentemente compases de dos por dos, con los tacones clavándose en la pasarela, recién llegado de cruzar el charco y tras mostrar sus creaciones en 4eyes, comenzaba el desfile de Juanjo Oliva con otros ojos, los míos, clavados en los abullonados vestidos mini iniciales. Un Juanjo Oliva recuperado para el estampado y el riesgo, capaz de llenar la pasarela de vestidos armados con volúmenes que recuerdan a los tutús de las bailarinas, pero no a los de las simples aspirantes de academia sino a las primeras figuras que cambian, al ritmo de las estaciones y de la música, el Covent Garden de Londres o la Ópera de París por un Montecarlo, Nice o Saint-Tropez disfrazados de África. Bailarinas, pero no niñas como las de Degás sino verdaderas mujeres convertidas en Grace Kelly, en Gracia de Mónaco -como se decía antes-, como si ella misma (en lugar de Ava y sin necesidad Clark alguno) hubiese decidido quedarse a vivir en aquel Mogambo y ahora, vestida con los estampados wax de esa África de película pero con las formas de la costura de aquellos años 50's, regresase de nuevo a nuestras vidas para pasar el verano en la Côte d'Azur, mientras juega con las telas a componer formas como quien juega con el papel haciendo aviones, barquitos y pajaritas...
Y de nuevo música potente, un compás distinto al de dos por dos pero, de una misma forma, los tacones clavados a la pasarela y los ojos -igualmente tras el charco y el neoyorquino 4eyes- fijos en las sedas, en esas amazonas de organza y asfalto y caballeros de dupión presentados por Ana Locking como antídoto a cualquier
mal, enfermedad o dolencia que pueda aquejarnos... ¿la crisis?.
Así, como si fuera el Dr. Frankenstein resucitando al propio Michael Jackson de su banda sonora o al hombre compuesto de retazos de otros (que no es lo mismo pero que bien podría ser igual) la Dra. Locking nos presenta sus píldoras; sus cápsulas de colores impactantes donde los rojos se combinan en perfecta mitad con los naranjas, los fucsias con el negro y donde, como en botica, hay de todo, incluso látex con el que crear trajes de blazer y bermuda para ellos y traslúcidas faldas y vestidos para ellas que, además de antídoto, se convierten en profiláctico contra nuevos contagios, infecciones e inflaciones.
La moda como antídoto, como sueño para todos en medio de cada realidad, con joyas realizadas en cera virgen, efímera y cercana, el lujo de lo cotidiano... así receta Ana Locking, y como en los propios inicios de la medicina y farmacopea también acude a la naturaleza, a las flores y frutas de la botánica clásica con la que estampar vestidos que casi podrían ser verdaderos capotes de paseo con los que torear la crisis o simplemente capear el temporal porque, ya se sabe, con un poco de azúcar, esa píldora que os dan, la píldora que os dan, pasará mejor. Si hay un poco de azúcar, esa píldora que os dan satisfechos tomaréis... y si así cantaba Mary Poppins, ahora lo demuestra la doctora y yo, al menos, no me atrevo a llevarles la contraria.
mal, enfermedad o dolencia que pueda aquejarnos... ¿la crisis?.Así, como si fuera el Dr. Frankenstein resucitando al propio Michael Jackson de su banda sonora o al hombre compuesto de retazos de otros (que no es lo mismo pero que bien podría ser igual) la Dra. Locking nos presenta sus píldoras; sus cápsulas de colores impactantes donde los rojos se combinan en perfecta mitad con los naranjas, los fucsias con el negro y donde, como en botica, hay de todo, incluso látex con el que crear trajes de blazer y bermuda para ellos y traslúcidas faldas y vestidos para ellas que, además de antídoto, se convierten en profiláctico contra nuevos contagios, infecciones e inflaciones.
La moda como antídoto, como sueño para todos en medio de cada realidad, con joyas realizadas en cera virgen, efímera y cercana, el lujo de lo cotidiano... así receta Ana Locking, y como en los propios inicios de la medicina y farmacopea también acude a la naturaleza, a las flores y frutas de la botánica clásica con la que estampar vestidos que casi podrían ser verdaderos capotes de paseo con los que torear la crisis o simplemente capear el temporal porque, ya se sabe, con un poco de azúcar, esa píldora que os dan, la píldora que os dan, pasará mejor. Si hay un poco de azúcar, esa píldora que os dan satisfechos tomaréis... y si así cantaba Mary Poppins, ahora lo demuestra la doctora y yo, al menos, no me atrevo a llevarles la contraria.








HELLO!
Canada
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Grecia
México
Mogambo es una de mis películas favoritas y desde luego la colección de Juanjo Oliva sería una maravilla de vestuario.
No te avenguences de que la música te condicione, al fin y al cabo se trata de un show. Si solo se tratara de prendas no haría falta más que prendas colgadas en perchas. Pero un desfile es un espectáculo que merece ser criticado (o ensalzado) tanto por lo que se muestra como por su música. Por cierto... ¡Odio que los diseñadores usen musica de Michael Jacksoncomo homenaje tras su muerte! Me parece populismo barato. La mayoría han pasado de la música de él en vida. Por cierto... ¿La SGAE mete el cazo en los desfiles de moda? (pregunta capciosa)
Juanjo es fantástico, y anna desde que camina sola, se sale del dibujo..
Abzs.
Cada vez tengo más en cuenta tu opinión...
RV: Jajaja, como decía, si Grace lelvase estos vestidos en Mogambo... sería otra historia.
Agustín: No, no, no me avergüenzo, lo confieso y publico tal cuales y como digo es lo que hay. Para mí la música, los pasos, la puesta en escena... todo forma parte de la colección que estoy viendo y todo ayuda (en un sentido u otro) a los sentimientos que me provoca.
En cuanto a lo de Michael Jackson... pues qué quieres que te diga, que lo estoy descubriendo gracias a Cibeles (yo antes como que sólo de su Scream y porque cantaba con Janet), pero sí, es totalmente cierto (en casa lo decimos mucho y me cansé de publicarlo en face en su día) que no sé a que viene ahora tanto fan, tanto seguidor, tanto homenaje y tanto sentido pésame cuando en vida y en estos últimos años ya ni era la caricatura de si mismo y lo único que provocaba era mofa... ¡La SGAE mete cazo en todo!.
ser_anonimo: Juanjo a mí me enamoró con esos vestidos mini, esos estampados y la botánica de Ana con esos volantes de doble faz me fascinaron.
Me tomo tu última frase como el mejor de los piropos. Gracias.