Mi tío tenía una Polaroid, una de aquellas verdaderas cajas mágicas en las que con tan sólo mirar por un agujerito y apretar un botón la caja -y su magia- a los pocos segundos te entregaba, casi como el que saca la lengua al sonreír para una foto, un pequeño trozo de papel, duro, de bordes blancos, en el que la negrura inicial poco a poco se i
ba revelando (y nunca mejor dicho) en imagen, en un cachito de tiempo capturado... un trozo de recuerdo cazado al vuelo al que sostener entre las manos.
Recuerdo perfectamente mi primera y única imagen Polaroid: en casa de mi tío, con la hermana de la que por un breve periodo de tiempo llegué a ser gemelo. Los dos tras la mesa de aquella especie de despacho (que más que despacho parecía el interior de un armario empotrado o despensa) atiborrado de libros que amenazaban con derrumbarse a nuestras espaldas y engullirnos como dicen que los aludes de nieve atrapan a los alpinistas. Los dos de pie, sonrientes e infantiles, con una de esas sonrisas que, de tan horizontales, parecen haber dividido tu cara en dos. Los dos con los flequillos caídos sobre la frente. Los dos sintiéndonos únicos por haber sido elegidos para salir de aquella caja mágica convertidos en papel, convertidos en recuerdo.
Hoy ya no hay Polaroid, ya no está mi tío, la foto está lejos y aquella hermana, casi gemela, también ha desparecido. Sin embargo todos ellos han vuelto a mi memoria de la mano de The MACALLAN, la exclusiva marca escocesa, la de los maestros del Whisky de
Malta, que tal vez hayan estado en aquel mismo despacho sin yo saberlo o, sin haberlo estado nunca, sí han sentido la misma nostalgia que yo siento al pensar en aquella caja mágica y así, como maestros y magos que son a la vez, han decidido hacer sus trucos con otro prestidigitador, el famoso fotógrafo Rankin, entregándonos una serie limitada de 1000 botellas de su Fine Oak de 30 años, en las que no sólo la etiqueta se transforma en imagen, en instantánea Polaroid, sino que cada una de las botellas va acompañada del original, de ese pequeño trozo de papel, duro, de bordes blancos en el que la imagen de la Easter Elchies House se convierte de la mano de Rankin y la desnudez de Tuuli en verdadero arte, haciendo lo cotidiano único o, tal vez, lo ya de por sí especial en algo excepcional.
"Esta colección es el punto y final después de la Polaroid, para entrar de lleno en la era digital", dice Rakin, y yo me atrevo a decir que la era digital nos ha robado la impaciencia, el deseo contenido, la duda acerca de qué imagen nos entregará la cámara, el soplar sobre el papel viendo como a cada soplido las imágenes aparecen como si nuestro propio aliento exhalado pudiese dibujarlas... nos ha robado la magia a cambio de una inmediatez no siempre necesaria ni deseada que, sin embargo, ahora The MACALLAN, Rankin y Tuuli nos permiten recuperar a través de esas 1000 botellas.
(15 de estas botellas están disponibles en España en las casas de los Macallan Ambassadors: Show me that -Argensola 22, Madrid-; Lorenzo del Castillo -Cañizares 7 Madrid-; Casa Florida -Marqués de Riscal 12, Madrid-; Barcena -Jorge Juan 18, Madrid-; Baskelita -Cervantes 26, Madrid-; Just One -Villanueva 28, Madrid-; Patricia Medina -Fernández y González 15, Sevilla-; The Outpost -Roselló 281 bis, Barcelona-; Villas del Mundo -Aribau 230 - 240, Barcelona- y Persuade -Villarias 8, Bilbao-)
ba revelando (y nunca mejor dicho) en imagen, en un cachito de tiempo capturado... un trozo de recuerdo cazado al vuelo al que sostener entre las manos. Recuerdo perfectamente mi primera y única imagen Polaroid: en casa de mi tío, con la hermana de la que por un breve periodo de tiempo llegué a ser gemelo. Los dos tras la mesa de aquella especie de despacho (que más que despacho parecía el interior de un armario empotrado o despensa) atiborrado de libros que amenazaban con derrumbarse a nuestras espaldas y engullirnos como dicen que los aludes de nieve atrapan a los alpinistas. Los dos de pie, sonrientes e infantiles, con una de esas sonrisas que, de tan horizontales, parecen haber dividido tu cara en dos. Los dos con los flequillos caídos sobre la frente. Los dos sintiéndonos únicos por haber sido elegidos para salir de aquella caja mágica convertidos en papel, convertidos en recuerdo.
Hoy ya no hay Polaroid, ya no está mi tío, la foto está lejos y aquella hermana, casi gemela, también ha desparecido. Sin embargo todos ellos han vuelto a mi memoria de la mano de The MACALLAN, la exclusiva marca escocesa, la de los maestros del Whisky de
Malta, que tal vez hayan estado en aquel mismo despacho sin yo saberlo o, sin haberlo estado nunca, sí han sentido la misma nostalgia que yo siento al pensar en aquella caja mágica y así, como maestros y magos que son a la vez, han decidido hacer sus trucos con otro prestidigitador, el famoso fotógrafo Rankin, entregándonos una serie limitada de 1000 botellas de su Fine Oak de 30 años, en las que no sólo la etiqueta se transforma en imagen, en instantánea Polaroid, sino que cada una de las botellas va acompañada del original, de ese pequeño trozo de papel, duro, de bordes blancos en el que la imagen de la Easter Elchies House se convierte de la mano de Rankin y la desnudez de Tuuli en verdadero arte, haciendo lo cotidiano único o, tal vez, lo ya de por sí especial en algo excepcional.
"Esta colección es el punto y final después de la Polaroid, para entrar de lleno en la era digital", dice Rakin, y yo me atrevo a decir que la era digital nos ha robado la impaciencia, el deseo contenido, la duda acerca de qué imagen nos entregará la cámara, el soplar sobre el papel viendo como a cada soplido las imágenes aparecen como si nuestro propio aliento exhalado pudiese dibujarlas... nos ha robado la magia a cambio de una inmediatez no siempre necesaria ni deseada que, sin embargo, ahora The MACALLAN, Rankin y Tuuli nos permiten recuperar a través de esas 1000 botellas.(15 de estas botellas están disponibles en España en las casas de los Macallan Ambassadors: Show me that -Argensola 22, Madrid-; Lorenzo del Castillo -Cañizares 7 Madrid-; Casa Florida -Marqués de Riscal 12, Madrid-; Barcena -Jorge Juan 18, Madrid-; Baskelita -Cervantes 26, Madrid-; Just One -Villanueva 28, Madrid-; Patricia Medina -Fernández y González 15, Sevilla-; The Outpost -Roselló 281 bis, Barcelona-; Villas del Mundo -Aribau 230 - 240, Barcelona- y Persuade -Villarias 8, Bilbao-)








HELLO!
Canada
Rusia
Grecia
México
Realmente las POLAROIDS eran algo MARAVILLOSO.
Todo pasa.
¡Besos!
Quizás sea cierto todo eso que dice Rakin respecto a la era digital, pero a cambio nos ofrece la posibilidad de capturar una y otra vez "ese instante que queremos". Nos da la posibilidad de volver a empezar y no dejar que la memoria termine por borrar el instante que con la polaroid no conseguimos capturar, por falta de una luz adecuada, de un movimiento in apropiado o una mala distancia con el objetivo... Pero está bien hacerle un homenaje a modo de despedida a esa caja que tantos momentos cotidianos dejó grabados en nuestras particulares historias de vida.
Es como dices, convertir lo cotidiano en especial como especial es lo que escribes.
Tengo la misma sensación sobre la impaciencia o la paciencia pérdida. El tema de la foto digital es una de las muestras más gráficas de ello. Aunque todo tiene su punto, claro!
Tal vez la Polaroid no fuese más que la primera aproximación a lo digital, al fin y al cabo en segundos tenías el resultado, sin tener que esperar al revelado del carrete completo. En cualquier caso bien por la gente de Macallan y bien por ti, es difícil hacer arte y homenajear como lo habéis hecho.