Lo verde empieza en los Pirineos. Así rezaba el título de una película del llamado "destape" de nuestro cine y, así, como si de una premonición o boutade
del destino se tratase, podría llamarse la nueva colección del diseñador francés Nicolas Vaudelet para la firma Sevillana El Caballo porque -y las comparaciones son odiosas- si en aquella película y cual ideales revolucionarios, libertad, igualdad y fraternidad sólo se encontraban tras la cadena montañosa que nos separa del vecino galo precisamente ahora, y en el caso de El Caballo, ha tenido que ser de detrás de esas montañas y país de donde ha venido el nuevo aire, estilo y revolución de una casa, la sevillana, que en los últimos tiempos quizás pecaba en demasía del estatismo e inmovilidad propios de la sociedad y ciudad que la vieron nacer.
Y es que si Sevilla es luz, azahar, aceite, albero, coche de caballos, incienso, iglesia, Cristo y Esperanza, feria y manzanilla no es menos cierto que ella, Sevilla, también es una mirada constante al pasado, a la tradición y a lo que se supone que debe ser y a lo que jamás ha de serlo y es que si a la mujer del César no le basta con ser honesta sino que además ha de parecerlo a Sevilla, centro del Sur que la contiene y hasta mujer de España si se me apura, tampoco parece bastarle y por eso esa eterna mirada al pasado y a la convención cual cadena a la que se ata y freno que le impide avanzar.
Sin embargo, como en todo, no se puede generalizar y así, la familia Rodríguez Pineda, -sevillana pero emprendedora, clásica y artesanal pero también preocupada, renovada y con visión de futuro- lo mismo que fue capaz de lograr que de forma natural, la canana de cacería se convirtiese en cinturón, y el zurrón en bolso de diseño decidió un buen día alzar la vista no sólo, como dice el dicho, de Despeñaperros para arriba sino mucho más allá, haciendo que su caballo, El Caballo, saltase con ellos los Pirineos y quedase bajo los cuidados de las manos y mente creadora de Nicolas Vaudelet, increíble genio francés criado a golpe y bajo cobijo de Christian Lacroix, John Galliano en Dior, de Louis Vuitton, Givenchy y de Gaultier lo mismo que otros lo hemos sido a base de Cola-Cao, Nocilla y Petit Suisse que alimenta como un bistec pero que se conoce que para estas cosas del arte y de la moda tampoco es tan necesario o, al menos -y a mis propias pruebas me remito-, no tan efectivo.
Y es que si Sevilla es luz, azahar, aceite, albero, coche de caballos, incienso, iglesia, Cristo y Esperanza, feria y manzanilla no es menos cierto que ella, Sevilla, también es una mirada constante al pasado, a la tradición y a lo que se supone que debe ser y a lo que jamás ha de serlo y es que si a la mujer del César no le basta con ser honesta sino que además ha de parecerlo a Sevilla, centro del Sur que la contiene y hasta mujer de España si se me apura, tampoco parece bastarle y por eso esa eterna mirada al pasado y a la convención cual cadena a la que se ata y freno que le impide avanzar.
Sin embargo, como en todo, no se puede generalizar y así, la familia Rodríguez Pineda, -sevillana pero emprendedora, clásica y artesanal pero también preocupada, renovada y con visión de futuro- lo mismo que fue capaz de lograr que de forma natural, la canana de cacería se convirtiese en cinturón, y el zurrón en bolso de diseño decidió un buen día alzar la vista no sólo, como dice el dicho, de Despeñaperros para arriba sino mucho más allá, haciendo que su caballo, El Caballo, saltase con ellos los Pirineos y quedase bajo los cuidados de las manos y mente creadora de Nicolas Vaudelet, increíble genio francés criado a golpe y bajo cobijo de Christian Lacroix, John Galliano en Dior, de Louis Vuitton, Givenchy y de Gaultier lo mismo que otros lo hemos sido a base de Cola-Cao, Nocilla y Petit Suisse que alimenta como un bistec pero que se conoce que para estas cosas del arte y de la moda tampoco es tan necesario o, al menos -y a mis propias pruebas me remito-, no tan efectivo.
Y así es como, aún conservando la tradición, la calidad y el acabado artesanal de los tiempos iniciales y aún volviendo la vista a la Sevilla de su compatriota Bizet, de cigarreras y bandoleros, Nicolas Vaudelet es capaz de ofrecernos un nuevo caballo cubierto de pelo de cabra y ceñido con pañuelos que recuerdan a mantas con las que pasar la noche en








HELLO!
Canada
Rusia
Grecia
México
Lo primero que conocí de la marca fue un sensacional vestido azul, con un estampado similar a los azulejos andalusíes. ¡Qué arte!
Desde luego, merece ser más conocida.
Un fuerte abrazo.
Me encanta el estilo pero da muchos toques oscuros a casi todos y eso no me termina de convencer.. pero por lo demas todo genial!
Ay Gre.. con la action sampler no se aún porque me encontré en casa unos carretes del mundial de futbol del 2002 y los puse a ésta y a otra analógica que tengo de mi abuelo (una vieja Yashica de los '70) Pero luego me di cuenta que en la caja ponía que tenía que revelarlo antes del 2004... asi que lo he llevado a la tienda para ver que sale pero me temo que salga todo blanco.. buff! aún tengo esperanza! jaja
por cierto, en genial el video que nos has puesto! no es el típico que hacen de pasarelas.
No conocia la marca,pero ya indagare mas a partir de ahora que me tiene muy buena pinta.
El Caballo es una de nuestras marcas favoritas.
Aunque con toque clásico, tiene una elegancia que nos gusta a casi todas.
Besitos Privalia