Archivos Marzo 2009

No sé por qué al pensar en El Delgado BuilSuperfurryportada.jpg siempre me he imaginado a un ser excepcional, como uno de esos personajes de cuento que llevan condesando en su nombre el resumen de todas sus cualidades y características y, por tanto, éste, mi Delgado Buil, lejos de la suma de los apellidos maternos de sus dos creadoras (Anna Figuera Delgado y Macarena Ramos Buil), a la fuerza tenía que ser un hombre marcado por su estatura y delgadez. Alguien que, casi salido de la boca del Big Fish de Tim Barton o de la fábrica de sueños que en realidad era la de chocolate vistada por Charlie, se movería ondulado por el viento, rozando el cielo con sus largos brazos y dedos afilados, dejando surcos de nubes de los brotarían los colores de tenues arcoiris. Un hombre alto y Delgado que llevaría por nombre Buil o, mejor aún, habría nacido allí, en el pueblo o condado de Buil, llevándolo casi como estigma, como el Macondo pertenece a los Buendía y Comala a Pedro Páramo y donde lo excepecional sería precisamente el carecer de especialidad alguna.

Y en eso precisamente pensaba cuando me sorprendió el comienzo del desfile en ese inicio del martes final de Cibeles. Un desfile de Super Furry Animals puestos en movimiento; animales superpeludos en mohair, angora, terciopelo y piel de conejo que llenaron la pasarela como recién salidos de ese condado de Buil, teñidos de los colores nacidos de esos surcos oradados por los dedos de mi Delgado: coral, aguamarina y ocre de los coloristas 90's con los que cubrir el regreso a formas más ochenteras de cremalleras y ojales metálicos, de hombros extremados y cinturas estrechas en las que tanto caben los superpitillos tobilleros como pantalones abombachados y vaporosos.

Super Furry Animals, animales superpeludos superfurryarco.jpgcon manoplas de pelo de cabra y conejo por garras y tocados por gorros rusos de los que parcen brotar sus orejas... personajes de cuento atados a la moda por cintas de corsé que sin embargo, lejos de encorsetarlos, parecen aflojar aún más los jerseys y pantalones... peluches atados a la moda por grandes lazadas de napa con las que ceñir ese nuevo punto de relieves futuristas, como atadas a ella aparecieron sus dos creadoras: Anna y Macarena, fabuladoras de esta historia que lejos del colorín colorado, en cada colección, cada temporada y cada paso nos recuerdan que aquí hay cuento para rato.

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¿Qué es esto?
 
HANNIBFOTO Ruben.jpgFue un lunes. Un lunes final de febrero. Un lunes de prisas y agobios en el trabajo, de dudas y miedos por saber si finalmente conseguiría coger el avión que me llevase a Cibeles lo mismo que a la diosa la llevaban su carro y sus leones. Un lunes de aeropuerto y avión, de aterrizaje, metro y hotel. Un lunes de llamadas a desconocidos para decir un "¡hola!, ya estoy aquí" y un "¡hola! soy tal, ¿me das el teléfono de cual?". Un lunes de presentaciones, de ubicación, de visita a camerinos y de preparativos de desfiles. Un lunes de besos, encajes, bordados, macarrons y colores tiñendo la Grey Goose. Un lunes de Hannibal Laguna y un lunes de sentirme niño, muy niño en definitiva.

Niño porque sí, porque si de los que son felices, están contentos o simplemente disfrutan se dice de ellos que están como un niño con zapatos nuevos yo, el lface2face.jpgunes, no estrenaba zapatos sino zapatería entera y niño también porque lo mismo que se sienta a un niño y se le dice "no te muevas, tú ahí quietecito" a mí me sentaba la Jefa de Prensa de Hannibal Laguna y me hacía recordar otro tiempo y quizás otro lunes en el que siendo verdaderamente niño mi padre dejaba el coche aparcado en doble fila y mirándome muy fijamente a los ojos y casi como si la paz mundial dependiese de aquellas palabras me decía "si viene el guardia le dices que estoy en la farmacia, que no tardo nada y que no me multe". Y aunque en este lunes de Hannibal no había coche ni sólo dos filas, sino infinidad de ellas, ella me miraba igual de fijamente y, como si la paz mundial dependiese otra vez de mi quietud, me decía un "pase lo que pase y te digan lo que te digan tú de ahí no te muevas, y si alguien se pone muy pesado le dices que te puse yo ahí".

¿Crisis?, ¿quién dijo crisis?... fuera el PF09-HANNIBAL_LAGUNA_10.JPGque fuese puedo asegurar que no ha sido Hannibal Laguna. Y es que si algo tengo claro desde ese lunes es que la crisis no existe y para demostrarlo allí estaba él y su nueva colección Face2Face. Porque digan lo que digan las noticias, el Fondo Monetario Internacional, las bolsas e incluso mi propia cuenta bancaria, a día de hoy, si alguien me pregunta, yo juraré y perjuraré (lo mismo que hasta tres veces negó Pedro)  que no hay crisis o, de haberla, Hannibal ya ha acabado con ella. Y es que lo mismo que el cartaginés acabó con los romanos a lomos de su ejército de elefantes, Hannibal Laguna ha acabado con la crisis a golpe de organza y chantilly; porque en su colección, en su desfile y en esa sala Neptuno de ese lunes niño si algo había era puro derroche: derroche de genialidad y aciertos, derroche de telas que casi se convertían en oro adquiriendo su dureza y, a la vez, su misma ductilidad. Derroche de encajes y bordados que, en las más diversas formas y procedencias cubrían las telas y los cuerpos haciendo de ellas y ellos pura Alta Costura que, en algún momento, casi hacían imaginar que lo que se movía bajo los focos y en la pasarela era el propio Oscar ganado el día anterior por Penélope, más español que nunca y ahora hecho mujer.

La crisis ha muerto y lo ha hecho a manos del raso y la gasa. La ha matado la red de plata y los bordados de Richelieu que se superponen a las telas como sueños recortados de otra vida. La crisis ha muerto acuchillada por los cristales de swarovski y la plata que en Hannibal dejan de serlo y se transforman en mariposas que se ciñen a su cuello (al de esa crisis ahora inexistente y ya inventada), invitándola a dejar de respirar y volar como vuelan y desaparecen las mariposas en una tarde de final de verano porque empieza una época, un otoño, que ya no les corresponde. La crisis murió el lunes, un lunes niño, y aunque comenzase su agonía a la nada taurina hora de las nueve de la noche sí lo hizo con un gran maestro como artista ejecutor, como han de morir los morlacos de trapío, a manos de Hannibal Laguna y su ejército de mujeres que, ceñidas con cinturones de lidia y calzadas de plaza, parecían empeñadas en recordarnos a cada paso -casi a cada taconeo- que no, que pese a los focos, los fotógrafos y el smoking, esto no es Hollywood queridos sino Madrid, un Madrid casi alzado contra la crisis como ya se alzó un día de otro tiempo y que igual de vencedor puede gritar ahora que la crisis ha muerto, viva la crisis.
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