Pues sí, gentes y gentas de esta España camisa blanca de mi esperanza y rincones varios del mundo que me leéis, pues sí, que aunque dicen eso
de que Año nuevo, vida nueva pues como que como a mí la vida vieja no me ha ido nada mal y tenía yo ahí pendiente un capítulo más de mi saga australiana pues aquí que hoy me digo yo un nuevo ¡ea! y continúo el relato. Y es que si nos habíamos quedado con mi regreso a esta España mía, esta España nuestra a finales de septiembre, con la explicación del por qué (el why que dicen los sajones) de la inundación del edificio y posterior desalojo de la vecina del segundo así como los rumores (por aquel entonces aún rumores) de separación de los Duques de Lugo, pues como que ahora toca continuar el relato.
Pues bien, así las cosas, con el fin de septiembre llegó octubre y con octubre la noticia de que a comienzos de noviembre debía de regresar a Australia, aumentando así mi creciente australinización. Total, allí que uno ya se va mentalizando, allí que uno ya intenta organizarse un poco más los tiempos, averiguar algo más de Melbounre como sede y base de la nueva estancia australiana y australianizante, allí que uno se planea un regreso con dos días de paso
en Singapore e incluso la posibilidad de algún fin de semana intermedio en Tazmania, allí que uno planea y vuelve a planear todo pero allí que lo que uno no planea, ni espera, ni ná de ná es que justo dos días antes de su nueva salida rumbo a Australia y justo cuando se dispone a entrar en la cocina con las bolsas de la compra para una magnífica cena de despedida, ¡zas!, lo que se encuentra sea con una bonita estampa acuífera en el suelo de la susodicha. Y es que claro, uno que allí entra, uno allí que medio resbala y patina, uno que en un último intento por no caer al suelo se agarra como puede de su encimera de mármol blanco (mesado que dicen en tierra de los naranjos), uno que allí se agarra y uno que allí nota que la citada encimera pues como que también forma parte de la estampa húmeda y allí uno que uno, sin caerse pero casi y también casi ya repuesto, pues que decide investigar de dónde es que procede el agua, allí que mira la techo y ¿qué se encuentra?, pues con las caras de Bélmez sólo que en versión techo y sobre fondo verde con una bonita grieta que, de lado a lado, rajaba el falso techo atravesando justo por la mitad el foco empotrado que nos sirve de luz y guía en los momentos culinarios... vamos, qué lindo, qué lindo, qué lindo panorama.
Entonces uno, como racional no es (porque de todos es sabido que el elemento racional de la pareja es A, mi A, vuestra ya A), pues allí que lo que primero que hace es ponerse a investigar más y más el origen del agua porque claro -pensaba yo-, si el suelo está mojado, y el techo está mojado, el agua del suelo viene del techo... pero, sí la encimera de mármol blanco está mojada y la misma no se encuentra bajo el techo si no bajo las alacenas superiores (armariado que igualmente dicen en tierra de los naranjos) y si las alacenas superiores están secas, entonces, ¿de dónde narices mana el agua??... y en estas me encontraba yo cuando A, mi A, vuestra ya A
con un rápido movimiento de muñeca, ¡zas!, allí que me apaga la luz y, ¡zas!, allí que me dice un " es que no ves que el agua está inundando también el foco??" para a continuación, coger la fregona y decir, "y además, antes de hacer nada, lo más normal es secar el suelo, ¿no?"... que claro, como todo eso te lo dice ya con la luz apagada pues como que, de noche y con la luz apagada, pues no, como que tú no ves nada, y lo de secar el suelo, pues sí, quizás hubiera o hubiese sido más inteligente en lugar de estar evitando patinazo va y patinazo viene a cada instante y aún encima a oscuras... Eso sí, racional no seré, pero justo en el instante anterior a apagarse la luz yo ya había descubierto el origen del agua o el nacimiento del río particular que teníamos en casa o, al menos, de uno de sus afluentes, y es que insisto en que yo lo de la racionalidad y el raciocinio pues como que no, que no lo tengo yo muy desarrollado, pero eso es igual que cuando uno se queda ciego, que desarrolla mucho más otros sentidos, pues yo lo mismo pero con la razón mermada; vamos, que yo, a falta de razonamiento pues como que aplico el tacto, y allí que las puntillas de mis dedillos -en ese justo instante en el que A cortaba la luz- pues como que ya habían palpado, descubierto y sentido el origen del agua así que al grito de "lo tengoooo" y al siguiente (también grito) de "enciende la luz", pues allí que A, mi A, vuestra ya A la enciende, allí que la luz vuelve, allí que al volver yo recupero la visión y veo y allí que al ver descubro cómo por una pequeña y minúscula junta de los azulejos brotaba, tímida, el agua que, siguiendo su curso natural y la propia ley de la gravedad, encharcaba mi encimera y se reunía con su hermana agua del techo en el suelo de mi cocina (vamos, que el que no pueda ir a Zaragoza, se pasa por mi casa y allí que tiene el ciclo del agua completo que, oyes tener a la Pilarica no la tendremos, pero tenemos una miniatura del Niño Jesús de Praga, que bueno, es una divinidad).
Vamos, lo que yo os diga, una estampa maravillosa la que allí teníamos, las caras de Bélmez en versión techo y sobre fondo verde...
que hasta podría decirse que lloraban y hasta también aquello de que sus lágrimas -como nuestras vidas- son los ríos que van a dar al mar, siendo el mar, en este caso, el suelo de mi cocina.. y, por otro lado, el tímido surgir de su afluente por entre las juntas del alicatado de la pared... vamos, una divinidad... y en esas estábamos, admirando la estampa, aquel prodigio de la naturaleza en versión casera que teníamos cuando, ¡zas!, allí que el agua del techo que tan proféticamente había anunciado A, mi A, vuestra ya A que inundaba el foco debió de hacer un mal viaje, coger un atajo o yo qué sé que allí que, ¡zas! hizo corto y, ¡zas!, salta el fusible y con el fusible saltado volvemos a las tinieblas, a lo que A, mi A, vuestra ya A, mirándome con esa misma expresión y ese mismo cariño infinito con el que sólo puede mirarse a un perrillo abandonado o a un pequeñuelo que ante un 2+2 responde 8, me dice un "no, si, si a investigador, Jessica Fletcher y Srta. Murple no te gana nadie, pero chico, que si yo apago la luz pues como que es por algo".
Y entonces ya es cuando (crecido por la Fletcher y la Murple que llevas dentro) tú decides subir al segundo, contiguo al de la desalojada por la inundación primera y primigenia, y allí pedir explicaciones... porque sí, porque la Fletcher y la Murple te acompañan y a las pruebas te remites...
así que allí que tú subes, allí que tú pulsas o accionas el timbre (acción vulgarmente conocida como timbrar pero que al que aquí escribe -oséase moi, en estos momentos le parece harto vulgar y de chunga de extrarradio) y allí que tras breves instantes te abre la puerta el muchacho al que tú hasta ahora sólo conocías por escuchar día sí y día también con la ventana abierta y a todo volumen a Rebeca Pous y su Duro de Pelar, acompañando tales extrañas acciones de palmada y saltitos varios que hacen retumbar el techo de tu habitación del ordenador (a lo que claro, tan Fletcher y tan Murple que tú eres pues como que hacía días que ya te habías dicho un: nada, que debe ser monitor de aerobic el chiquillo)... te abre la puerta el muchacho -estaba dicendo yo- y allí que te descubres a ti mismo diciéndole un "¿están tus padres?" con el que no sólo te sientes así como que medio gili porque el susodicho muchacho y presunto monitor de aerobic a la par que desfasado musical (porque está bien eso de ser vintage y hasta revival, pero lo de escuchar duro de pelar en las postrimerías del 2007 pues como que supera todo eso y mucho más) vendrá a tener tu misma edad, sino que además te sientes como si tú en ese mismo instante te hayas sumado así como que 20 años, directamente y por propia iniciaitiva... pero, la titularidad del piso es la titularidad del piso, y con las titularidades no se juega.
Así que allí que el presunto monitor de aerobic y desfasado musical (que también podría denominarse hortera pero no seré yo quién tire la primera piedra)
pues que llama al padre y allí que el padre viene, presentándose así el padre y el hijo ante mí... allí que yo explico mi entrada triunfal en la cocina, mi resbalamientos y patinamientos varios, mis caras de Bélmez en versión techo y sobre fondo verde (Amazonas, verde Amazonas, que eso no lo había dicho yo todavía... en tono intermedio, para más datos), mi descubrimiento y despejamiento de la incógnita del de de dónde mana el agua y ya casi cuando iba yo a relatar lo del foco, la luz, el fusible y hasta lo racional que A, mi A, vuestra ya A es, pues allí que el padre me mira, me remira, me vuelve a mirar y me dice: ya, ya, pues mira y allí que como si de un maestro de ceremonias del circo que dice aquello de pasen y vean, señoras y señores, pasen y vean... pues allí que me conduce a la cocina y ya en ella enciende la luz, y con la luz me señala la esquina inmediatamente homóloga a la mía y allí como que una leve sombra de humedad aparecía. Que claro, comparado con lo mío, pues como que lo de su cocina no era ná de ná, vamos, para entendernos, que aquello ni era río, ni afluente, ni tan siquiera un lago, lo suyo, como mucho, era un estanque de jardín o pecera particular, pero claro, pese a lo poquita cosa que todo aquello parecía mi Fletcher y mi Murple interior pues como que ya me estaban avisando que, al final -y lo mismo que aquella primera y primigenia inundación preaustraliana con desalojo de la vecina contigua del segundo inclñuída- lo de esta nueva fiesta acuática era por obra y origen de la vecina del tercero, operada del cerebro en el pasado y actual agonizante.
Así que como la cosa se complicaba, como ya era muy tarde, y como las 11 de la noche no son horas ningunas para presentarse en domicilio de operada del cerebro en el pasado y actual agonizante alguna, pues como que allí que el que aquí escribe -oséase moi- decidió despedirse del padre y del hijo e incluso del espíritu santo y allí que regresó a su hogar, instalando un bonito recipiente de plástico (también llamado palangana) bajo las caras llorantes y nacimiento de su afluente particular y diciéndose un al fin y al cabo mañana será otro día (after all ... tomorrow is another day que dicen los sajones), al más puro estilo Scarlett, dió por termiando el día pero siendo consciente, eso también, de que la cosa no terminaba ahí, porque de todos es sabido que mis cosas nunca terminan ahí, ni tan siquiera aquí o allí... y como de todos es sabido pues eso, que querido lector y querida lectora, ya puedes irte haciendo a la idea de que aún queda una cuarta e incluso quinta parte por contar.
Plus, Plis, Plas... ¡mañana más!

Yo el otro día em econtré con una manifestación anti borbones y, además de acordarme de ti, me sirvió para sentirme más cerca de australia... qué cosas
No me entero...la fuga venía del tercero, pero resulta que en el segundo caía menos agua que en el primero??? pues si que es raro, sí, y si encima ya le sumamos el "duro de pelar", pues ..apaga y vámonos, aunque eso fue lo que hicistíes cuando subísteis al segundo, ahora que lo pienso...
Miedo me da tu encuentro con la operada del cerebro en el pasado y actual agonizante... ¡Miedo! Casi que para tu próximo post me voy ahora mismito a buscar un impermeable, chubasquero o raincoat, para tus Sajones, y ¡UN CRUCIFIJO! jajaja...
Jjajajaja. Qué historia tan interesante, o rocambolesca, palabra poco utilizada que espero ver en tu próximo capítulo porque te la presto o, como dirían en los barrios bajos, te la "empresto".Lo de encender la luz con todo mojado dice mucho...Un abrazo
Viva la señora Fletcher!