Pues sí, gentes y gentas de esta España camisa blanca de mi esperanza y rincones varios del mundo que me leéis,
pues sí, que sostenido el misterio y la expectación acerca de los temas australianos y australianizantes durante todos estos días, pues como que he decidido que ya puedo proceder al relato de la segunda parte de ese Aquí huele a ...; y es que por mucho que la venta de las tazas esté siendo un no parar (sí, sí, que se os ve de un animado, de un consumista y de un derrochador tela estas Navidades) pues como que, al final, el que aquí escribe -oséase moi pues como que ha decidido continuar su relato, porque uno escribe porque sí, por amor al arte, por amor a vosotros, por amor a ti querido lector y querida lectora, y pese a que de todos es sabido que quien te quiere te hará llorar pues como que yo he decidido no haceros llorar ni sufrir más con la incertidumbre del continuará (o to be continued que dicen los sajones) y hoy, lunes prenavideño donde los haya, pues como que me digo un ¡ea!, un y un aquí que os cuento la segunda parte.
Y es que si bien es cierto que yo me fui de
mi querida España, esta España mía, esta España nuestra dejando mi edificio
inundadico perdío por culpa de un manguito traicionero que decidió dejar de ser enlace entre la tubería y la taza del inodoro (
váter que dicen los chungos de extrarradio,
water-closet que dicen los sajones y
cuarto de baño que decimos los que más que
inodoro,
lavabo o
aseo
tenemos una -o más- verdadera habitación dedicada al baño y aseo personal -como la
Preysler, como tú, como yo en definitiva-) y así, sibilinamente fue
anegando toda la vivienda del tercero,
chorreando al segundo,
empando al primero y
mojando hasta el bajo, pues como que no es menos cierto que como yo al final ya estaba en
Australia (
Canberra primero o
first,
Melbourne después o
then y
Sydney finalemente o
finally) y como a mi piso no le había pasado
ná de ná, pues como que a mí la inundación, el anegamiento y, al final, el efectivo desalojo de la
vecina del segundo pues como que me daban un poquito igual y como me daban igual, pues como que para mí el tema agua había quedado ahí, cerrado y no había pasado de ser algo meramente anecdótico... pero, ¡cuán equivocado estaba!, y es que si de todos es sabido que
mis cosas nunca terminan aquí (ni
ahí, ni tan siquiera
allí) pues como que en esta ocasión, y por mucho que de todos sea sabido, pues como que al que aquí escribe -oséase
moi- se le olvidó, y así estaba yo,
feliz-feliz (a ratos) e
ignorante o
ignorante y
feliz-feliz (a ratos o ratillos), de reunión en reunión, de cláusula del contrato a cláusula del contrato, de restaurante en restaurante y del hotel a la oficina y de la oficina al hotel, pensando eso, precisamente eso, que lo del agua ahí había quedado y que como que
agua que no has de beber déjala correr, pues eso, ¡que corriese el agua!.
Pero claro, con lo que no contaba yo era con que por mucho que eso del
agua que no has de beber sea cierto y por mucho que eso lo
cantara o cantase Sarita Montiel pues como que tampoco deja de ser cierto o verdad (
verité que dicen los franceses y afrancesados) que en el
refranero y
fraseario popular español también tenemos un bonito
nunca digas de este agua no beberé, este cura no es mi padre ni
esta polla no me cabe... y es que
cuando el río suena, agua lleva, lo mismito que
cuando ruge la marabunta algo se cuece en la selva... y es que, al final, ese agua que corría del tercero al segundo, del segundo al primero y del primero al bajo pues como que sí

que trajo grandes consecuencias, no siendo aquella inundación más que un breve adelanto de lo que todavía estaba por venir. Pero allí seguías tú (vamos, yo),
australianizado perdío, con tu
Morning! en la boca cada mañana (que es que el que yo siempre he sido mucho más de un
morning que de un
good morning!, lo mismito que soy mucho más de un
thanks que de un
thank you) y con tu
Bye! y tu
see you tomorrow cada noche, sin saber lo que se estaba cocinando en
España... lo que yo os diga,
feliz-feliz e
ignorante o
ignorante y
feliz-feliz hasta que,
¡zas!, un día allí que tú te levantas, allí que tú te conectas al
messenger antes de salir del hotel, allí que tú no esperas encontrar a nadie porque entre otras cosas pues como que ni ganas tienes de calcular que hora que es en
España, pero allí que sí que te encuentras a alguien y ese alguien que te encuentras se llama
ricguionbajo que así, a bocajarro, sin anestesia y sin un
buenos días, un
good morning, ni tan siquiera un mísero
morning te suelta un
"por aquí se comenta que la Infanta Elena se va a separar"... y claro, como uno es
pues como que así, de entrada, se queda frío, como en estado de
shock, pero como uno también es eso,
monárquico y letizista pues como que enseguida reacciona y allí que escribe un
"bah!!! rumore, rumore... eso lo llevan diciendo años, la gente que es que es muy mala", pero el
ricquionbajo allí que no se calla y allí que sigue
erre que erre con un
"que sí, que sí, que lo ha dicho la Campos", pero tú
"que no, que no, que no se separa nadie y punto pelota".
Y así, casi un mes después regresas tú a
España, ahora sí
feliz-feliz por el regreso pero igual de
ignorante y

allí que tú te vuelves a cruzar medio mundo (y con ese medio ya tienes un mundo entero cruzado) y allí que ya estás en casa, allí que
la del segundo sigue desalojada pero no ya por el agua si no por las obras de reparación de los destrozos del
aquapark particular que se había montado la del tercero, allí que tú vuelves a tu día a día y allí que tú, en ese día a día tan tuyo y tan español pues como que piensas...
"hay que ver cómo somos, mira que seguir dale que dale a que los Duques de Lugo se separan... tanto se separan, se separan y mira, ahí siguen, juntos". Lo que yo os decia, ignorante, ignorante perdío, que es que
soy un ignorante, soy un ignorante... no te veía y te tenía delante.

Pero no os penséis que la cosa temina aquí, no, que es que de todos es sabido que mis cosas nunca terminan
aquí (ni
ahí, ni tan siquiera
allí) y como nunca terminan
aquí pues como que aún queda una
tercera parte que contar así como que muchos cabos que atar, pero como
hoy ya he escrito bastante y los silencios hay que saber manejarlos pues
¡ea! aquí que por hoy yo ya os dejo con un
Plus, Plis, Plas... ¡mañana más! (un y unos ..., ya sabéis, para mantener el suspense y vuestro pensamiento en suspensión)
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