
Así es como me imagino a Vicky Martín Berrocal de niña, entre tijeras y volantes, cortando telas y papeles de colores y coloreados para dar forma a vestidos con los que vestir a sus muñecas o, incluso, vestirse ella misma en ese pequeño mundo de fantasía que todos tenemos de pequeños. Así es como me imagino a Vicky niña y así, de esa misma forma, con esas mismas tijeras y volantes la imagino ahora: con lápiz y pinturas, con tijeras y volantes en la mano.
Y
quizás fuese así, entre tijeras y volantes, cómo en el año 2005 decidió dar el salto a ese Al Alba que en ella, además de amanecer o primera luz de esa nueva etapa, se convierte en hija. Un Al Alba que al año siguiente siguió creciendo y que terminó dando paso a Tus Lunares, lunares de feria, rocío y campo en el 2007 y al Va por ti del 2008 que más que dedicado le fue brindado a Valentino tras su retirada de las pasarelas; brindado como se me antoja que se brindan los toros entre los toreros, entre dos grandes maestros que se miran cara a cara dedicándose la faena, porque si en ese símil taurino Valentino es maestro, Vicky es torero que, vestida de Alta Costura flamenca, confirma su alternativa.

Y ahora, después de todo, después incluso de la muerte, Vicky grita Vivir y nos ofrece una colección que resulta ser precisamente eso: vida, múltiple y variada como lo ha de ser la propia vida pero siendo siempre una vida nueva, elegante y flamenca en la que caben desde los brillos y encajes hasta las sedas que recuperan el verdadero glamour, aquel de los años 40's, a los más variados estampados liberty que combinados de una y mil formas captan la esencia gitana y casi zíngara de su romancero. Una vida que se mira a si misma a través de la luz que dejan pasar los miles de flecos que componen los mantones y que en esa vida, ese Vivir de Vicky lo llegan a cubrir todo captando una alegría de la que parece que sólo fueron dueños los alegres años 20's.







No sé por qué me resistía a conocerla. Quizás A tenga razón y me he transformado en alguien asocial y, de serlo, la contradicción más grande de mi vida sea entonces la de formar parte de una de las mayores redes sociales desde su creación. No lo sé, lo único que sé es que cuando recibí la sugerencia de su amistad tarde varios días en hacerle caso, la dejé como quien deja un yogurth en el frigorífico en espera de un mejor momento para comerlo y realmente no sé por qué. Quizás fuese la pereza provocada por su retrato a lo Jordi Labanda -tan genial y, a la vez tan explotado-, quizás el peligro que siempre intuyo tras el anonimato o la fingida
lo mismo que aquél hipopótamo azul de mi infancia- tuvo razón y, al final, la curiosidad mató al gato y mi gato, herido de muerte, terminó cediendo y pinchando sobre su nombre, sobre aquel Margarita Gayo, convencido de que tras la visita a uno de los
modo de graffiti haute couture adornaba su fachada principal, me recibía y, aunque quizás ahora no compartamos todos los nombres, mis ojos y mi mente en aquel momento sólo saltaban de la Deneuve a Nati (Abascal) y de ella a Pepa para acabar en la Velasco y terminar, mi mente y mis dedos, buscando ese "Añadir a mis amigos", porque, tal y como terminé tecleando, leer esos nombres "ha sido motivo y razón más que suficiente".
La Deneuve será siempre la Belle de Jour, fría como un témpano, pero admirable. La Velasco ha sido una atrevida, una montaña rusa de emociones, y eso vale un aplauso y mi admiración.
La Gayo. Una gallo de pelea que ha luchado desde pequeña
siempre me he imaginado a un ser excepcional, como uno de esos personajes de cuento que llevan condesando en su nombre el resumen de todas sus cualidades y características y, por tanto, éste, mi Delgado Buil, lejos de la suma de los apellidos maternos de sus dos creadoras (Anna Figuera Delgado y Macarena Ramos Buil), a la fuerza tenía que ser un hombre marcado por su estatura y delgadez. Alguien que, casi salido de la boca del Big Fish de Tim Barton o de la fábrica de sueños que en realidad era la de chocolate vistada por Charlie, se movería ondulado por el viento, rozando el cielo con sus largos brazos y dedos afilados, dejando surcos de nubes de los brotarían los colores de tenues arcoiris. Un hombre alto y Delgado que llevaría por nombre Buil o, mejor aún, habría nacido allí, en el pueblo o condado de Buil, llevándolo casi como estigma, como el Macondo pertenece a los Buendía y Comala a Pedro Páramo y donde lo excepecional sería precisamente el carecer de especialidad alguna.
Fue un
unes, no estrenaba zapatos sino zapatería entera y niño también porque lo mismo que se sienta a un niño y se le dice
hojas tropicales disfrazadas de la elegancia que siempre da el negro. Podría contar que sus pantalones son flojos y de corte masculino y sus escotes se inflan y se desbocan lo mismo que se inflan sus faldas superpuestas teñidas de oro viejo... podría incluso atreverme a asegurar que, desde ya y para mí, Palacio es lo mismo que decir o recordar aquel vestido, verde y mini, de bolsillos frontales.
Lo decía una
Un
no un 

erminan los cuentos en Alemania, con algo parecido a nuestro
y rincones varios del mundo que me leéis, pues sí, tras décadas en las que todos y todas (la sociedad en general, vamos) hemos ido perdiendo poco a poco los papeles, llegando a un punto en el que casi podría decirse que todo vale y en el que parece que la teoría del menos es más nos va a comer a todos, el que aquí escribe -oseáse moi- ha decidido decirse un ¡basta ya!, un ¡se acabó!, un ¡ea! y, en definitiva, un si los papeles se han perdido pues vamos a recuperarlos.
vez recuperados empapelar con ellos la vida entera, pues como que nada mejor que los chicos germanos de
algún tiempo nos lanzamos al fascinante mundo de los papeles pintados y el empapelamiento discreto del hogar cubriendo una única pared de la salita de la chimenea pues como que ahora lo tenemos claro y como que no, que no, que con nosotros eso del menos es más pues como que no va, que no somos minimalistas ni queremos serlo, que pasamos del diseño nórdico y sus líneas puras y depuradas... que no, que nosotros no hemos sido educados para eso, que no, que no y que no, que nosotros no perdemos los papeles por mucho que se empeñe quien se empeñe y que si ya tenemos una pared de la casa empapelada, ¿por qué no vamos a empapelar el resto?... así que ahí estamos, empapelando el resto y quien dice resto pues dice todo y quien dice todo dice hasta el baño y la cocina.
cocina empapelamos. Porque además nuestra casa es muy así, muy de 1900, muy como la casa de los cliks y muy de un modernismo racionalista y si bien es cierto que antes la zona no alicatada del baño la teníamos decorada con antiguas tierras florentinas (que esto, y por muy rimbombante que suene no es más que pintar la pared a bochazos desiguales consiguiendo zonas de luces y sombras con un acabado arena) pues como que ya no, y tras mucho dudar entre el imperio de papel lo que ahora cubrirá esas zonas y esas tierras no será otra cosa más que el papel
momento, seguiremos así, sin cruzarnos más que las líneas o en las líneas que a continuación podréis leer.
rayos catódicos, el celuloide y el patio de butacas siempre han impuesto entre nosotros y, al menos de momento, seguiremos así, sin cruzarnos más que las palabras o en las palabras que acabáis de leer, sin embargo, parafraseando lo que alguien que conocí decía de otra señora estupenda, ahora mismo me siento como si los dos nos acabásemos de tomar un té con vainilla en el Palace. Nunca me he cruzado con Concepción Velasco Varona y, sin embargo, ahora tengo una comida pendiente con Concha Velasco.
HELLO!
Canada
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