Tu trabajo es una mierda y no te respeto porque tú no me respetas.
Estoy bastante harto de que me llamen a horas prohibitivas con promociones publicitarias. Encima intentan que te sientas culpable cuando te enfadas, queriendo hacerte entender que simplemente están trabajando. No pienso guardarle el más mínimo respeto al que me llama un lunes a las tres de la tarde (estoy comiendo), un miércoles a las ocho de la mañana (estoy desayunando), un viernes a la cuatro de la tarde (bendita siesta) ni un sábado o domingo a cualquier hora para decirme que soy muy afortunado porque puedo contratar sus servicios. Es una intrusión a mi intimidad y, hasta lo considero tortura, que esté continuamente sonando el telefonillo del portero automático, el teléfono y el móvil alterando mi rutina.
Me imagino a todos los telefonistas como monos aguantando chaparrones de la mayoría a los que llaman e intentando guardar la simpatía para llamar al próximo. Pero es que no se puede esperar menos de la gente cuando se la está molestando continuamente. El teléfono es algo muy personal para mí. Una llamada comercial no tiene nada de personal, digan lo que digan, es publicidad.
Viví muy feliz durante más de dos años. Gracias a mi poca vida social tenía el teléfono sin timbre y el portero automático trucado para que no sonase. Que paz pude disfrutar aislándome de la sociedad cuando me apetecía.
No es que yo odie a la gente, es que las personas me molestan.







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