Cada vez que caen cuatro gotas la gente comienza a hacer cosas absurdas y sin sentido. Con lo más cuidado hay que tener es con los paraguas. La gente se cree que mientras lo tengan lo tengan abiertos son un escudo invulnerable. Hay que vigilar que no te salten un ojo, y si llevas paraguas, debes esquivarlos con la habilidad que te puedas permitir. Lo más divertido es cuando la gente entra en algún sitio. Esperan hasta estar dentro para cerrar el paguas y duchar al que se ponga a su lado. A partir de ahí empieza lo divertido.
- El paraguas bastón. Con el paraguas cerrado la gente ya no sabe que hacer con él, pero si quién lo lleva es un hombre y el paraguas es lo suficientemente largo, tarde o temprano acaba usándose de bastón. Primero con timidez se apoya de vez en cuando, pero hay quienes le cogen gusto y empiezan a blandirlo enérgicamente entre paso y paso. Los que más miedo me dan son de punta de acero. Peligroso ponerse delante de alguien así.
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El paraguas yo-yo. El ridículo paraguas pequeñito que cuando lo cierras se hace más pequeño aún y que debería llevarse en un bolsillo o bolso. Cuando tienen asa larga acaban enganchados del antebrazo o la muñeca del dueño. El paguas va revoloteando cada vez con más fuerza y acaba por golpear a los pasan cerca. Me recuerda las mazas revienta cráneos del medievo. - El paraguas puñal . Es el más peligroso. Un paraguas largo sujeto por la mitad por alguien que suba unas escaleras delante tuya te hacen temblar de pánico. La maniobra de huida habitual es detenerse para que el sujeto suba lo suficiente para que la punta del paraguas deje de apuntar a tu entrepierna y, acto seguido, intentas sobrepasarle por cualquiera de sus flancos como si una maniobra de batalla se tratara.

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