Una parte importante de nuestro presupuesto familiar se destina, además de al tan cacareado tema de la vivienda, a la compra de alimentos, y de la buena gestión de este presupuesto depende, en gran parte, la economía y la salud de la familia.
Debemos tener en cuenta que en momentos de crisis, cuando por algún motivo el presupuesto familiar disminuye, se tiende a reducir el presupuesto de alimentación, y en estos casos es muy importante conocer bien las propiedades de los distintos alimentos para conseguir dar a la familia una dieta equilibrada y agradable a la vez que ahorramos todo lo posible.
Al escribir sobre este tema tenemos presente que los ingresos familiares son muy variables y que, sin embargo, muchos tienden al consumo de alimentos "de lujo". Sin embargo debemos tener bien claro que los productos más caros no tiene por qué ser los más nutritivos o los más sanos, aunque, normalmente, la mejor calidad suponga, por lo general, un precio más alto.
Lo que sí ha quedado demostrado es que aunque un aumento de la calidad suponga un incremento excesivo del precio, el producto es igualmente aceptado por los compradores.
Los factores de calidad que debe usted tener en cuenta al decidir comprar un producto o rechazarlo son: su contenido en componentes nutritivos, la higiene y sus propiedades organolépticas, aquellas que hacen el producto atractivo (aroma, sabor, textura, etc.).
Algunos son rápida y fácilmente evaluables pero otros, no tanto; por eso le aconsejamos que lea siempre las etiquetas del envasado con atención, ya que hoy en día son cada vez más informativas.
Por otra parte, conviene que tenga usted algunas nociones de nutrición para poder componer menús equilibrados a precio correcto.
Tenga usted en cuenta también el factor higiene, aunque esto es más difícil de evaluar ya que los defectos pueden estar ocultos (aditivos nocivos, contaminaciones por manipulación o por bacterias...)
Piense también en el uso que va a hacer del producto. Por ejemplo, si usted compra huevos de la mejor calidad o de mayor calibre, destínelos ser comidos enteros o fritos; pero si se van a utilizar para rebozar o para otros usos culinarios, pueden ser adecuados los de menos calibre que resultarán más baratos.
Las técnicas en el tratamiento de alimentos hacen que no siempre convenga decidirse por alimentos frescos. Así, por ejemplo, hay verduras congeladas que resultan casi mejores que las frescas y suponen un ahorro para el bolsillo y en lo que respecta al tiempo y al trabajo culinario. Téngalo también en cuenta a la hora de tomar una decisión.
Procure una educación adecuada del paladar y de las costumbres alimentarias de su familia ya que los niños son muy reacios a los cambios: por eso es conveniente que desde el momento en que puedan, diversifiquen lo más posible su alimentación y prueben nuevos sabores y texturas.
Las modas son otro problema con el que el ama de casa debe enfrentarse. Por publicidad o por otras causas, se van introduciendo algunos alimentos demandados en principio más bien por los niños, y que no resultan ser los más adecuados para su dieta. por su composición ni convenientes por su precio. Lea las etiquetas y sopese si merece la pena. A veces es bueno variar y no encasillarse en las costumbres, como ya hemos señalado antes.
Recuerde que hay muchos alimentos que pueden prepararse con antelación y congelarse; eso le ayudará si usted trabaja fuera de casa y no tiene tiempo de cocinar a diario.







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