Además de la realidad física de la enfermedad, la cual puede consistir en una variedad más o menos florida de signos y síntomas (fiebre, dolor, alteraciones funcionales, alteraciones analíticas), la enfermedad conlleva un sentir de sí misma diferente en cada enfermo, una experiencia distinta en cada ser humano. Las distintas formas de esta experiencia pueden condicionar la sintomatología propia de la enfermedad exacerbándola o mitigándola. No significa que por propia voluntad podamos curarnos de enfermedades que implican una gran morbilidad y mal pronóstico, sin embargo nuestro sentir influirá en como vivamos mientras la enfermedad nos acompañe.
De esta forma existen personas que afrontan la enfermedad como un reto, mientras otras la asumen como un castigo, otras la ven desde una perspectiva azarosa y otras la consideran una prueba. Para quien la sufre la enfermedad puede ser castigo y prueba, azar y prueba o prueba y reto. Todo es posible en la experiencia de la enfermedad y nadie sabe cómo reaccionará ante ella, hasta que se padezca.
Afrontarla como reto o como prueba es en principio mejor ya que nos alienta a superarla y a poner todos los medios a nuestro alcance para vivirla de una forma natural, como una parte más de nuestra vida. Asumirla como castigo o azar incrementa nuestro sentimiento de culpa y nuestra desdicha ante el infortunio, nos debilita frente a ella permitiendo así que nos consuma y anule nuestra propia personalidad.
La enfermedad nunca es deseable, pero no todo lo que trae es necesariamente malo. Algunas personas encuentran en un proceso de enfermedad nuevas claves que les hacen darse cuenta por ejemplo, de su verdadera vocación. La enfermedad les reconduce hacia nuevos planteamientos y proyectos.
Basilica de Loyola
Uno de los casos más conocidos de esta transformación provocada por la enfermedad es el de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Después de una larga convalecencia que le llevó al borde de la muerte tras ser gravemente herido en combate, decidió cambiar radicalmente su vida y convertirse de soldado a religioso. Igual que le ocurrió a San Ignacio, existen grandes pintores, músicos y escritores que han iniciado, impulsado o culminado su obra bajo la influencia de procesos de enfermedad. Ludwig Van Beethoven compuso su 9ª y más memorable sinfonía en un estado de sordera absoluta consecuencia de una grave enfermedad, posiblemente originada por un intento de envenenamiento. ¿Quién sabe si el reto que suponía componer toda una sinfonía sin poder oírla físicamente, actuó de alguna manera en el resultado de tan grandiosa obra de arte?
Ludwig Van Beethoven


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Magnífica entrada!!
Soy médico y la verdad es que no llegué a comprender el sentimiento de enfermedad hasta que estuve verdaderamente enfermo. No me refiero a un proceso agudo, como un catarro o una gastroenteritis, sino a una enfermedad importante que me llevó a estar hospitalizado 11 días.
Mientrás duró mi convalecencia pude darme cuenta de muchas cosas que posteriormente me hicieron cambiar mi manera de tratar a los enfermos y mi manera de practicar medicina.
No quiere esto decir que todo médico deba estar enfermo alguna vez para conocer en propias carnes la enfermedad, pero sin duda alguna estar enfermo me sirvío personalmente de mucho en mi ejercico profesional.