Archivos Septiembre 2008

Me encantan los helados. Especialmente el de crema tostada de las Heladerías Regma, que por desgracia solo venden en Cantabria. En verano resultan deliciosos después de una jornada playera, aunque yo los disfruto de igual modo en invierno.

 

Ahora que se avecina la temporada de gripes y catarros, resulta fundamental tener en consideración la poca credibilidad científica que tienen determinados mitos establecidos sobre el frío.

 

Lo primero que hay que saber es que el frío "per se" no enferma, el frío no transmite enfermedades. Lo que ocurre es que en condiciones climatológicas en las que se mantienen las bajas temperaturas, se adoptan una serie de comportamientos que favorecen la transmisión de enfermedades infecciosas, especialmente virus respiratorios. Estos comportamientos son entre otros: mayor permanencia en espacios cerrados, inadecuada ventilación de estos espacios, cambios bruscos de temperatura, abrigarse en exceso (hasta el punto de llegar a sudar), frecuentar espacios cargados y llenos de gente, etc.

 

 

  helada-extrema.jpg                                                                                          Helada extrema

 

Hay que derribar los mitos sobre el frío y saber que podemos ducharnos cuando queramos y acostarnos con el pelo húmedo si se nos antoja (no existe respaldo científico ni a favor ni en contra de este comportamiento), que podemos y debemos abrir las ventanas y ventilar la casa o el lugar de trabajo (con sentido común, sin llegar a transformar el espacio en una nevera), que no debemos abusar de sopitas, cefetitos, tetitos y demás brebajes que además de ser poco nutritivos llenan el estomago y evitan que nos alimentemos correctamente y por supuesto que no existe ninguna contraindicación para tomarse un helado de vez en cuando y a pesar del frío: de crema tostada o de chocolate, de fresa o de vainilla, de limón o de avellana, de turrón o de nuez, de aceite de oliva o hasta de fabada. Para gustos, los colores... y los helados.

 

helados.jpg                                                                                          Bolas de helado

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¿Qué es esto?
 

 Además de la realidad física de la enfermedad, la cual puede consistir en una variedad más o menos florida de signos y síntomas (fiebre, dolor, alteraciones funcionales, alteraciones analíticas), la enfermedad conlleva un sentir de sí misma diferente en cada enfermo, una experiencia distinta en cada ser humano. Las distintas formas de esta experiencia pueden condicionar la sintomatología propia de la enfermedad exacerbándola o mitigándola. No significa que por propia voluntad podamos curarnos de enfermedades que implican una gran morbilidad y mal pronóstico, sin embargo nuestro sentir influirá en como vivamos mientras la enfermedad nos acompañe.

De esta forma existen personas que afrontan la enfermedad como un reto, mientras otras la asumen como un castigo, otras la ven desde una perspectiva azarosa y otras la consideran una prueba. Para quien la sufre la enfermedad puede ser castigo y prueba, azar y prueba o prueba y reto. Todo es posible en la experiencia de la enfermedad y nadie sabe cómo reaccionará ante ella, hasta que se padezca.

Afrontarla como reto o como prueba es en principio mejor ya que nos alienta a superarla y a poner todos los medios a nuestro alcance para vivirla de una forma natural, como una parte más de nuestra vida. Asumirla como castigo o azar incrementa nuestro sentimiento de culpa y nuestra desdicha ante el infortunio, nos debilita frente a ella permitiendo así que nos consuma y anule nuestra propia personalidad.

La enfermedad nunca es deseable, pero no todo lo que trae es necesariamente malo. Algunas personas encuentran en un proceso de enfermedad nuevas claves que les hacen darse cuenta por ejemplo, de su verdadera vocación. La enfermedad les reconduce hacia nuevos planteamientos y proyectos.

 

320px-Basilica_of_St__Ignatius_in_Loyola.jpg                                                                                Basilica de Loyola

Uno de los casos más conocidos de esta transformación provocada por la enfermedad es el de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Después de una larga convalecencia que le llevó al borde de la muerte tras ser gravemente herido en combate, decidió cambiar radicalmente su vida y convertirse de soldado a religioso. Igual que le ocurrió a San Ignacio, existen grandes pintores, músicos y escritores que han iniciado, impulsado o culminado su obra bajo la influencia de procesos de enfermedad. Ludwig Van Beethoven compuso su 9ª y más memorable sinfonía en un estado de sordera absoluta consecuencia de una grave enfermedad, posiblemente originada por un intento de envenenamiento. ¿Quién sabe si el reto que suponía componer toda una sinfonía sin poder oírla físicamente, actuó de alguna manera en el resultado de tan grandiosa obra de arte?

  beethoven2.jpg                                                                               Ludwig Van Beethoven 

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