Archivos Abril 2008

" Para ser buen alquimista hay que comprender la química de la vida. La medicina no es solo una ciencia sino también un arte; no consiste únicamente en preparar y recetar píldoras, emplastos y drogas de todas las clases, sino en tratar todos los procesos vitales. Estos deben ser bien conocidos de antemano para poder dirigirlos. La voluntad puede ayudar a la curación en casos en que la duda solo conduciría al fracaso. El carácter de un médico puede tener más eficacia que todas las drogas que sepa manejar."


paracelso1.jpgFelipe Aureolo Teofrasto Bombasto de Hohenheim, más conocido como Paracelso. (Einsiedeln. Suiza 1490 - Salzburgo. Austria 1541)


Resulta curioso observar como el médico fundador de la iatroquímica, antecesora directa de la farmacoquímica, es el primero en poner en sobreaviso del peligro del abuso del medicamento y del exceso de fé en su poder curativo. Hoy en día, casi cinco siglos después de su muerte, estas palabras de Paracelso cobran más sentido que nunca, sobre todo dichas por aquel que tuvo fama por la excelencia en la utilización de las drogas y los compuestos químicos.

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La sociedad actual ha llegado a considerar el medicamento como un producto de consumo más. El gasto sanitario en farmacia es una de las principales preocupaciones de los gestores y de los médicos.

A causa de la actitud general de la población, los médicos progresistas tienen grandes dificultades para cambiar los modelos actuales de la asistencia sanitaria. Conozco a varios médicos que tratan de explicar a sus pacientes los síntomas que padecen, que relacionan su enfermedad con su modo de vida, con sus costumbres y con su forma de alimentarse. Sin embargo se encuentran una y otra vez con que al paciente no le convence esta manera de abordar el problema: quiere otra cosa y generalmente no queda satisfecho hasta que no sale del consultorio con una receta en la mano.

Existe miedo a cambiar nuestro modo de vida, resulta en muchas ocasiones más cómodo ignorar a la naturaleza e incluso enfrentarse a ella. Tenemos fármacos y drogas que nos permiten mantener modos de vida antinaturales, insanos y en muchas ocasiones fatales. Insistimos en delegar toda la responsabilidad de nuestra salud en los fármacos y en los médicos que los manejan y no queremos darnos cuenta, de que la solución pasa por cambiar radicalmente parte de los conceptos actuales en los que se asienta nuestra manera de vivir.

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¿Qué es esto?
 

Las enfermedades no afectan tan solo a quien las padece, también influyen de forma particular a los que conviven con la persona enferma.
En ocasiones las repercusiones de una enfermedad son especialmente relevantes en el entorno familiar, hasta el punto de sobrepasar las resistencias de sus miembros y convertirles también a ellos en enfermos.

La cultura española, con fundamentos mediterráneos, pone en el centro y en lo más alto de la escala de valores a la familia. Precisamente sobre la familia recaen las responsabilidades de cuidar a los familiares enfermos y dentro de la familia esta labor la realizan “desde siempre” y “por tradición”  las mujeres. Mujeres que en muchas ocasiones tiene que ocuparse además de otras responsabilidades tanto fuera como dentro del núcleo familiar.

Nuestro sistema sanitario y social, las administraciones públicas y los gobiernos de turno, se han abstraído y no se han involucrado lo suficiente en el asunto. No han dado prioridad a estas mujeres que realizan una labor fundamental, que no solo beneficia a su familiar enfermo, sino a toda la sociedad. De no ser por ellas, el sistema tendría que hacerse cargo de todas y cada una de estas situaciones particulares.


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Son mujeres el 60% de los cuidadores principales de personas mayores, el 75% de los cuidadores de personas con discapacidades y el 92% de los cuidadores de las personas que necesitan atención en los hogares. Muchas de estas mujeres han tenido que dejar su trabajo o reducir su jornada laboral para poder atender a sus familiares enfermos. Se estima que asumir el papel de cuidadoras principales ha condicionado la exclusión definitiva del mercado laboral del 35% de ellas, y del 46% si consideramos las exclusiones temporales. Además cuidar a un familiar enfermo supone una carga psicológica y física enorme que condicionará de manera muy importante su salud futura.

En los últimos tiempos se oye hablar de cambios y se plantean posibles soluciones (ley de dependencia, conciliación de la vida familiar y laboral, etc), pero habría que preguntarse tres cosas al respecto:
¿se le está concediendo a este asunto la importancia que se merece?
¿se está fomentando la equidad y reduciendo la desigualdad?
¿somos conscientes del envejecimiento progresivo de la sociedad y del aumento consecuente de las enfermedades crónicas?

Es muy posible que en el futuro gran parte de la población tenga que cuidar a algún familiar en situación de dependencia. Las soluciones están ahí esperando a ser puestas en práctica y es que una sociedad inteligente, es aquella que cuida a sus cuidadores.



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