"Regalo de Dios que apacigua la amarga indigencia"
La ruta de la papa. Tenía ya 13.000 años cuando en 1537 el conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada topó con ella en un pueblo colombino, donde todavía la llamaban “trufa”. Así entró el tesoro de los Andes en el ruedo ibérico para alimentar... ganado y cerdos, etiqueta restrictiva que le impidió el acceso a la mesa humana.
Además, pertenece a las solanáceas, rama de plantas que supersticiones dieciochescas tachaban de tenebrosas. Imagínense, hacen volar a las brujas y fornicar con el demonio: son el beleño, la belladona y la mandrágora. Consideraron la patata causante del mal de ojo (tiene muchos) y por vivir bajo tierra, perfecto zombi que muchos incautos incultos comieron verde (indigesta) y con sus hojas (tóxicas). De ahí, las acusaciones de propagar disentería, peste, lepra y otras lindezas.
Más desprecio: siendo una raíz, los pueblos superiores la consideraron comida para seres inferiores. En fin, cuán difícil fue ser patata en Europa, hasta que su “inventor”, el químico-farmacéutico militar y agrónomo, Antonio Agustín Parmentier (Montdidier, 1737-París, 1813), la rehabilitara.
La circunstancia fue la Guerra de los 7 Años, el lugar Hanovre, donde preso de los Prusianos, pero perfecta y exclusivamente alimentado del tubérculo maligno, hizo un estudio químico-alimentario del mismo. Lo consideró una bomba energética, sustituta del trigo e inventó el pan de patatas, remedio a las terribles hambrunas que asolaban a Francia.

Así lo plasmó su relato ávidamente leído por Luis XVI en Versalles, quien lo recibe entusiasmado el día de su onomástica de 1783. Acudió Parmentier con un ramo de flores de... patatas. María Antonieta, reina de Francia y de la moda, prendió una en su escote, su esposo otro en la solapa y la Corte les imitó. Vestidos, sombreros y manteles aristocráticos se cubrieron de sus violáceos pétalos, Parmentier ofreció una comida integralmente patatera a los monarcas, pero a pesar de la propaganda real, la “parmentière” no arrancó entre franceses, que siguieron muertos de hambre ... y de miedo.
Antonio Agustín recurrió entonces a una estratagema, plantando sus predilectas en un prado de los Sablons (París). Cuando llegaron a maduración, lo rodeó de día de una guardia ligera, como si de un cultivo secreto y elitista se tratara. Por tanto, de noche, otros lógicamente robaron el tesoro, lo cocinaron y por fin, lo apreciaron. La nación refloreció y Luis XVI, aliviado, felicitó al astuto nutricionista en esos términos: “Francia un día agradecerá su invento de pan de los pobres”. Nobleza obliga, Luis pidió un nombre más elegante para la patata: por eso, qué chic, se llama pomme de terre (manzana de tierra), en ese país.
El benefactor Parmentier ligó igualmente su recuerdo en el siguiente plato, el hachis (no háchis!!) Parmentier, una pequeña delicia:
Blogapetito para 4 personas: 750 gr de carne picada, puré de patatas, 50 gr mantequilla, sal y pimienta, 1 cebolla picada, 1 hoja de laurel, vino blanco, queso emental rallado.
Elaboración: Rehogar la cebolla picada en aceite o mantequilla con el laurel, cuando está bien dorada añadir el vino, tapar unos minutos. Añadir la carne, mezclar, salpimentar, cocer 10 minutos. Poner en un plato para el horno, cubrir con puré, queso, mantequilla, salpimentar, cocer hasta que esté bien dorado. Servir con una ensalada, mostaza y un tinto. Es un plato muy nutritivo, original y se puede congelar.
Arma de guerra. Las catastróficas cosechas de patatas irlandesas (1845-1949) hicieron que 1 millón de personas muriese y otro millón y medio embarcara hacia tierras más prometedoras. De ahí, la fuerte emigración irlandesa en EE.UU y Canadá.






El nido americano. El Meleagris gallipavo, nombre sabio del potente ave, cuyo macho (domesticado) puede fácilmente alcanzar los 15 kg, fue descubierto gracias a Cristóbal Colón, cuando su viaje inconcluso a las Indias y por su delicioso sabor, rápidamente aterrizó en el plato del genovés. Poco cambio, empero, al menú de ese delicioso ave, predilecto de Moctezuma, el último emperador azteca. México, de hecho, conserva un extraordinario guiso de pavo al chocolate, el “mole poblano de guajolote”.
Blogapetito - Ingredientes para 4 personas: 1 gran pechuga de pavo (pedir al carnicero de aplastarla bastante). Aparte, momento minipimer mezclando pan de molde con un 1 vaso de leche, 1 huevo entero, jamón desgrasado picado, un poco de paté de campaña, 1 chorrito de coñac o whisky, salpimentar, retirar y depositar en la pechuga. Repartir 10 ciruelas sin hueso en el relleno, enrollar todo, cerrar con palillos. Depositar en un cuenco para el horno sobre un lecho de cebollas finamente cortadas, añadir 2 clavos de olor, un poco de salvia seca, laurel, 1 vasito de coñac o whisky, un poco de aceite, unos trocitos de mantequilla si quiere que se dore más, salpimentar. Cocer a fuego suave para no secar la carne (20/25'), rociar de tanto en tanto con la salsa obtenida. Retirar los palillos, cortar en lonchitas, servir con una mezcla de coloridas ensaladas variadas, y/o patatas fritas. Salsas de arándanos o mostaza casan estupendamente con el delicado sabor de ese asado. Su efecto es siempre muy festivo, su sabor semidulce sorprendente y un vino blanco fresco afrutado (Cune, Rioja) de lo más apropiado para acompañarle.
caviar Beluga mezclado con yema de huevo y gratinado de colas de bogavante. Como postre, una chica fatal y mareante. Para merendar: foie gras francés, del caro y de los pijos. 

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