Novedades en la categoría De Reyes y Reinas

roquefort-221107-01.jpgRoquefort-sur-Soulzon es un pueblo diminuto de casi setecientas almas, ubicado en el Macizo Central francés y cuna del famosísimo queso homónimo.

En su geografía accidentada, grandes movidas geológicas hundieron parte de la meseta de Cambalou, formando una red cavernosa dotada de continúa ventilación natural, humedad y temperatura invariables. Ideal para que prolifere el Penicillium roqueforti, microorganismo que fermentó un queso cabruno olvidado por un pastor dentro de esa montaña, refugio de sus rebaños.

Tiempo después, volviendo a su improvisada despensa, el hombre encontró el alimento manchado de venitas azul, sabor cambiado y sorprendentemente delicioso. Así nació entre entrañas terráqueas, un tesoro nacional enseguida rebuscado y copiado.

La hazaña hizo historia, brotando la primera apelación de origen con más patina, protección real sellada por un entusiasmado Carlos VI en el siglo XV.  La medida brindó a su aldea natal el privilegio de su fabricación, enseguida proliferando infames sucedáneos.  El Parlamento de Tolosa intentó castigar sin demasiado éxito a los osados imitadores, hasta que en 1925, Francia harta de tanta impostura e infinitos pleitos, legisle definitivamente su reglamentación.

roquefort-221107-02.jpgEmpero, allá por el siglo XII DJC, la cosa ya animaba bastante personal y manteles romanos, para glorificar sus excelencias con testimonios escritos. Al hilo de los siglos, impulsado y acuñado por su fan Diderot ”queso de los reyes y rey de los quesos” consiguió ilustrarse y turisteando por 70 países, confirmó su AOC, estatus acelerando una merecida fama planetaria. Para tal honor, su elaboración implica estrictos controles bacteriológicos de su exclusiva leche de cabra, inyección del hongo brindándole su sabor único y profusa salazón con sal marino. El resultado surte ese queso de carácter y calidad, cuya perfección extrema incluso le propinó el label A.B. (Agricultura Biológica).

Un ejemplar comme il faut nunca ostentará menos de tres meses de edad, durante los cuales, “olvidado” entre cuevas patrias, será naturalmente afinado por un viento húmedo penetrando entre “fleurines” o hendiduras milenarias rupestres.

Poca cantidad basta para aprovechar su imponente potencial energético (¡52% de materia grasa!!) y paladear su sabor inimitable.  Así y siempre con moderación, podrá nutrir el músculo de sus proteínas y sumergir el esqueleto en un impresionante baño de calcio (200mg por 30g).

roquefort-221107-03.jpgEl sublime Roquefort detesta salir del armario y enfadado por bruscos cambios de temperatura, se vengará despiadadamente alterando en el acto sabor, color y textura.

Al contrario, su majestad exige un tacto exquisito derivando de su antañera condición real, como mantenerlo en su embalaje original y sacarlo de su fresco escondite sólo media hora antes de su consumición.  Entonces y solamente entonces, será todo aroma, delicadeza y regia untuosidad.

Sauternes, Jurançon, Oporto y todos los blancos licorosos son sus compañeros báquicos predilectos. Unido a legumbres crudas, nueces, apio, tomates y pescados blancos es delicioso, mezclado con nata espesa compone salsas maravillosas y entre tortillas, suflés, pasta de hojaldre y patatas insufle aires renovados de excelsa sofisticación.

Con esas últimas ilustraremos nuestro Blogapetito, ideal para bajas temperaturas. Invitar cuatro barbas al ágape, mientras precalienta su horno a 200º. Lavar, pelar, secar y laminar finamente 1 kilo de patatas.

Aparte, rebozar 1 cebolla laminada en mantequilla, con ajo y tomillo. Mixar 3 yemas de huevo con ½ pote de nata espesa y 100gr. de Roquefort.

Añadir las patatas laminadas, salpimentar, mezclar a fondo y disponer en el plato para hornear. Proteger con un papel de aluminio la superficie, cocer a 180º entre 60-70’ , retirar la protección y terminar cuando se alcanza el deseado punto doradito gratinado.  Es la bomba y vive la France.

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placeres-redondos-280107-01.jpgEsa enjoyada señora es Margarita (de Saboya), esposa-prima de Humberto I, hijo del primer rey italiano, Víctor Emmanuel II y de María Adelaida de Habsburgo-Lorena. ¿Y que relación existe entre dicha deslumbrante royal  y la humilde pizza? Universal, my friends, dado que se consagró una sobradamente conocida a su nombre, amen de una famosa anécdota.

El sabroso episodio aconteció en 1889 y el napolitano palazzo de Capodimonte, donde la pareja real solía veranear y pasar calores. La soberana, empedernida golosa y anhelando nuevos sabores, se empecinó en probar ese plato simple, de rechupete según sus cortesanos y que los rigores protocolarios le impedían degustar en una popular pizzería. Además, la monarca detestaba el ajo, que consideraba impropio a su refinado paladar y cuyos groseros miasmas vomitivos, decían, flotaban despiadadamente en esos lares plebeyos.

Ante fobia y pataleo reales se recurrió inteligentemente a la praxis mahometana.  Puesto que su achicharrada Majestad no podía desplazarse hasta el objeto de sus crujientes deseos, llegó, por tanto, un establecimiento especializado hacía Ella.

Así el coquinario del más afamado, “Pietro il Pizza iuolo” metió mano en la masa palaciega y con su esposa, la Signora Rosa, compusieron una cata creativa de la cosa, naturalmente despojada de cualquier vulgaridad apestando a endemoniado azúfre.

La primera propuesta ostentó manteca, queso y albahaca, la segunda aceite y tomate.  A la tercera fue la vencida, rebosante de anacarada mozzarella, rojo tomate y fragante albahaca fresca, cromática de la bandera patria y cuyo equilibrado sabor, muy contenido y huérfano de efluvios malignos, entusiasmó a la noble dama.

El artífice del milagro, con suma diplomacia galante, atinadamente bautizó la regia elección “Pizza Margherita”. Noticia y favor corrieron como pólvora entre estrechas calles napolitanas, crónica social y beautiful nacional. Al alba hubo colas, impropios y bofetadas para engullir la dichosa delikatessen, ya real y astutamente publicitada al menú de su inventor, Raffaele Esposito, que se forró con el hallazgo.

Empero, en loor de la verdad, esa receta ya existía, perfecto clásico que nunca sobresalió gastronómicamente más que otro. Fueron, simplemente y con razón, las distinguidas papillas agradecidas de una reina gourmande quienes la ennoviaron para siempre con aristocracia y fama.

placeres-redondos-280107-02.jpg
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barry-121107-01.jpgFue excepcional de belleza, ingenio y vivacidad, Jeanne Bécu. Lástima que erronéamente empleados, esos dones igualmente resultarían su trampolín y perdición. La rubia preciosidad, cuyos rizos un día de 1793 rodarían bajo la voraz cuchilla revolucionaria, nació en 1743 de una pobre costurera y del Hermano Ángel, monje descocado del parisino Convento Picpus.   

Dichas explosivas diecinueve primaveras atrajeron la experimentada mirada de Jean-Baptiste du Barry, aventurero notorio. Probada la niña en flor de incandescencias amatorias, enseguida la prostituyó y atinadamente publicitó sus  excedentes hormonales a un lacayo del ardiente Luis XV en 1768.

Bastó un adecuado cotilleo para que la sulfurosa señorita entrara en cueros vivos en la Historia y  alcoba versallesca de La  Pompadour, caída del cartel por repentina defunción. Empero, entre bambalinas, quien manipulaba realmente el cotarro era Richelieu, preocupado en tumbar al molesto Choiseul, eterno adversario y ministro proaustríaco de Luis XV. 

Jeanne, mudada a sensual espía cardenalesca, a toda liga y buen puerto llevó el arriesgado cometido, seducir al monarca y anular al sujeto.  Año más tarde, el regio cincuentón, atrapado al anzuelo que hasta le enseñaba nuevos placeres, la unió cristianamente a Guillermo, hermano de Jean du Barry (ya casado), dotando la bella de dominios, renta mirífica y fondo de armario inagotable.

barry-121107-02.jpgLa nueva Comtesse pisó oficial y ruidosamente la Corte gala en abril de 1769, con inusitado boato, vestimenta suntuosa y joyas como retablos. Las exclusivas cimas del poder siendo muy codiciadas, la ambición rubia, para mantenerse en el puesto, cuidó astutamente de libido y estómago reales, añadiendo encargos especiales a la royale cesta de la compra.  Así pululó la coliflor,  supuestamente afrodisíaca y predilecta de "La Francia", moto que brindaba al anciano monarca, definitivamente agotado entre sudadas sabanas  palaciegas.

El resultado reverdeció Luis y el favor de esa legumbre, introducida en Francia desde Italia y antaño so fashion a la Corte del Rey Sol, amen del sufrido jardinero De la Quintinie. Bajo el mando de Cupido y de la flamante aristócrata, el Bien Amado, fino gastrónomo y mejor cocinero, zampó bastante sopitas extrañas para incentivar sus alocadas noches y recauchutarse el maltrecho body real. 

Con esos mimbres conoció su auge la coliflor, eclosionando en el Who’s Who hortícola veinte variedades galas inéditas y novedosas recetas inmortalizando el nombre de la imaginativa favorita.  

Entre deleites de ambos tortolitos se encuentra esa delicada crema de coliflor y patatas, hecha en un santiamén lavando y cortando en ramitos una bella coliflor y en daditos dos regordetes patatas peladas. Depositar todo en una cacerola, cubrir con agua adicionada de avecrem, completar con 50 cl. de leche, cocer unos 30’. 

Mixar, añadir unas gotitas de limón y nuez moscada rallada, 1 potito de nata espesa, espesar unos minutos a fuego moderado, salpimentar, verter en una sopera. Al servir, esparcir unas bellas hojitas de perejil, un poco de apio que dicen afrodisíaco y almendras laminadas que tampoco andan a la zaga.

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frambuesas-300707-01.jpg¿Qué recordarán las frutas rojas para hechizarnos tanto? La favorita de nuestra rúbrica, María Antonieta, responde para nosotros: la niñez. Otra vez una rosacéa, mudada a fruta olorosa, nos devuelve a esa tierna etapa y proustiana experiencia.

La reina cultivó frambuesas en su dominio del Petit Trianón, exquisito reflejo de su nato refinamiento, sencillos gustos existenciales y fugaz felicidad.  Después de penosos años arrancándose por pataletas en el codificado Versalles, alimentó su real rebeldía con románticas lecturas rousseaunianas y cotidianas nostalgias del verde Schönnbrunn infantil.

Así "l'Antoine" urdió un plan de independencia bucólica, encontrada a quince minutos escasos de las ostentaciones palaciegas. Al poco de ocupar en 1774 el vacilante trono galo, su finalmente comprensivo marido le regaló una libertad condicionada en forma de llave incrustada de 531 diamantes, clave con la cual emigró sine die al mágico retiro campestre, redecorado a su gusto por el arquitecto Richard Mique.

Del personalísimo criterio de la soberana nació el delicado estilo María Antonieta.  Côté jardin, en su preferido concebido “a la inglesa”, verbigracia libre recreación de Dama Naturaleza, recogía bajo nubes peregrinas y en familia fresas, moras y frambuesas escondidas como rojas alhajas entre flores y esmeralda hierba alta, tal como lo hacía en su amada Austria.

frambuesas-300707-02.jpgA la hora deliciosa del goûter (merienda) en la impoluta laiterie de propreté, se distribuía, todavía brillante de rocío matutino, el precioso botín en inmaculada porcelana helenística, entre bandejas de postres, quesos, nata y mantequilla obsequios de Blanchette y Lison, vacas reales del diminuto Petit Trianón.

Alrededor de blancas mesas marmóreas llevando su sello, en un entorno feérico, Madame Luis XVI, de vaporoso lino blanco vestida y coronada de flores campestres, degustaba con los reales infantes las primorosas frambuesas, hundidas en una suntuosa crema descubierta por Vatel en Maincy, llamada “Chantilly”, localidad donde el ancestro Luis XIV la probó y aprobó, durante un mítico festín celebrado en su honor y 1661.

Con tantos entusiasmos consumía esa peludita fruta color pasión en forma de fragante corazón, un pelín acidulado, que sus complacidos reposteros inventaron un recetario al respeto, plagando merengues, viennoiseries, tartas, bizcochos, panecillos con coulis, mus o mermelada de su predilecta.  Además, los modernos anhelos de la reina en materia de cocina aligerada, despojada de caza grasienta y pesadas viandas borbónicas, así como su medido apetito, igualmente modificaron la anticuada cocina francesa dieciochesca.

frambuesas-300707-03.jpgA su fresca mesa florida excluyó la gula imperante y privilegiando la degustación en pequeñas raciones, alumbró otro concepto novedoso, la delectación. Gustativamente considerado, el regio menú revisado devino coloreado y sano, pero también, calco de una excelsa cocina de autor tan apreciada hoy día.  Desgraciadamente, a la sazón resultó un escándalo socionacional, asícomo un pretexto de críticas suplementarias a la detestada inquilina del maravilloso Petit Trianon.

Mientras, en esa exquisita búrbuja de tiempo y para satisfacer su bermeja predilección estival, se crearon unos rosados macarons aframbuesados, deleite de ojos y papillas, se deslizaron las frutitas en su copa de champagne y platito acompañando su matutino chocolate de ámbar gris, violeta o triple vainilla. 

Muchos de esos rosados postres se pueden admirar en la bellísima película de Sofía Coppola, "María Antonieta".  Desde 1783, escoltada de esa dulzura vital despojada de etiqueta, casi reconciliada con su doloroso destino, vivió en el Petit Trianon un paréntesis intímo preservado y opacidad cómoda, intentando parar el reloj de un destino cuyo final trágico ya intuía. 

Acertó: tiempo e inquina sólo le concedieron dos lustros suplementarios de existencia, antes que su cabeza rodase bajo la afilada guillotina revolucionaria, el 16 de octubre de 1793, después de un pleito infame.

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orient-express-250707-01.jpg

 

Para esa opulenta lady sentada rodeada de su familia, Elisabeth Pauline Ottilie Louise von Weid, ser una perfecta poetă, mumă si regină (poeta, madre y reina) nunca supuso conflicto alguno. Compaginó con sonriente soltura y suma elegancia su doble destino de Carmen Sylva brindado por esa joya de las artes, la Poesía y su título de reina de Rumania, tras el enlace en 1869 con Carol I, nacido Karl von Hohenzollern Sigmaringen.

 

orient-express-250707-02.jpgDesde su nacimiento, un 29 de diciembre de 1843, la aristócrata prusiana destacó por una inesperada sensibilidad artística. Torbellino vital, muy teatrera, la paradoxal soberana, autoproclamada republicana, fue políglota aparte de sobresalir en piano, órgano, canto, pintura, cuentos e interpretación y dar forma literaria a las folklóricas leyendas de su nuevo país, obra traducida a nueve idiomas que coronó la Academia Francesa.

Feminista avant la lettre, abrió cultura y enseñanza superior a sus agradecidas súbditas y el palacio de Sinaía o “Perla de los Cárpatos”, a las celibrities galas de su tiempo, verbigracia Réjane, Sarah Bernhart, Leconte de Lisle y especialmente Pierre Loti, quien la idolatró. Fascinante, polifacética y asequible, superstar de su época, su llameante personalidad desató pasiones, ríos de tinta y flashes, eternizada en una mágica intimidad sepia reproducida en nuestra ilustración.

orient-express-250707-03.jpgDucha en tecnología de su tiempo, Carmen-Elisabeth se prendió de un tren fantástico, cuyos lujos asiáticos despertaron su lado más soñador: el Orient-Express.

Esa moderna maravilla sobre raíles, cruzando velozmente siete fronteras pertrechada de mil comodidades entre confines más inhóspitos, constituía, para la sociedad fashion imperante, el must del chic enrollado, con sus compartimentos de ensueño donde cupieron, en varios idiomas, todos los romances, asesinos y espías del mundo mundial.

orient-express-250707-04.jpgPor tanto la real escritora esperó expectante el 4 de octubre de 1883, fecha inaugurando su primer recorrido europeo uniendo el Gai París a Rumania mediante dos frenadas patrias, Giurgi y Bucarest. Astuta, les aprovechó para publicitar los encantos rumanos, empezando por el admirable Castelul Peleş, cuyos regios esplendores románticos abrió a los sofisticados viajeros del primero tour ferroviario europeo.

Sabiendo que de sus compartimentos emanaba ya un fuerte aroma a , la estudiosa de la cosa amoldó a su hora una party musicoliteraria animada de plateados vals de samovares humeantes y avalanchas de sabrosa gastronomía nacional, devorados por la beautiful elite turística encantada del novedoso happening cultureta de alta alcurnia.

Como broche de oro a esa emocionante tarde histórica, la reina mítica declamó y brilló como la artista excepcional que a la sazón era, entusiasmando sus riquísimos convites con su soberana proximidad y una ambarina infusión que impregnaría toda una literatura ferroviaria capitaneada por otra turista ilustre, Agatha Christie.

orient-express-250707-05.jpgEl bombazo social provocó un magno efecto llamada y despegó la leyenda del Orient-Express, tren de reyes y reyes de los trenes, sucesión de gabinetes móviles decorados por Lalique, rutilantes salones particulares, efluvios de grandes perfumes y gastronomía exquisita. Lo todo, camino del otro Oriente misterioso, mecido por enigmáticas volutas teíferas, ahora reales, mediante voluntad y gracia de una majestad rumana, literata, comediante y tragediante para más ínri.

La regia iniciativa atrajo el esnobismo de unos despreocupados ociosos, hambrientos de confinarse en un hermetismo propenso a líos amorosos, peligros reales y ficticios asesinatos. Encantos indelebles que felizmente, el mágico Orient-Express todavía conserva y que la vanguardista Madame Carmen-Elizabeth a peculiar manera, promovió y promocionó.

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Strawberry-170517-01.jpg¿Sabían que la fresa es un falso fruto y una auténtica rosa? En realidad, resulta el aumento de receptáculo floral, reserva nutritiva de esos 200 lunares aromáticos o eterios, verdaderos frutos del llamado genero Fragaria (familia Rosaceae), cuyos silvestres aspectos gustativos ya deleitaba mesa antigua e inevitable Luis XIV.

Empero, hubo que esperar 1714 para que un francés ingeniero, explorador, botánico  y navegador-espía de apellido predestinado, Amedée François .... Frézier, consiga llevar desde Concepción, ciudad chilena de la región de Biobío, cinco ejemplares de una indígena variedad impoluta llamada “Blanca del Chile”. Evocó con todo lujo de detalles y honorífica grafía latina esa ““Fragaria Chiloensis” en su obra “Viaje de la Mar del Sur” , cuyo frágil destino albergó durante corto tiempo el Jardín Real de París.

Strawberry-170517-02.jpgA continuación, se fue a la caza y captura de dulzura climática y fertilidad excepcionales, cosa encontrada a un tiro de Brest (Bretaña), concretamente en Plougastel, península del Finistère. Ahí, cruzándola con otras variedades europeas dieciochescas se consiguió la carnosa maravilla contemporánea que plagó olorosamente Europa. Hasta 1940 duró su edad de oro y de los lares que hizo prósperos, hasta que el paréntesis bélico amojame el mercado, quien, mediante unas técnicas mejoradas, reverdeció tal ave fénix en 1996. Por tanto, Plougastel y Francia agradecidos consagraron a la gloria de la resucitada maravilla un Museo de la Fresa y del Patrimonio (http://musee-fraise.net/) e incluso, una fiesta anual, el 2 de junio.

En su peludito vestido rojo, la fresa, delicado placer efímero de la estación soleada, también tiene un uso medicinal. Diarias infusiones de hojas y raíces alivian de gota, artritis, ácido úrico y grasa, aparte de ser, al natural, antiinflamatoria, astringente, antianémica y, por atesorar retinol, antiarruga. Degustar al cotidiano 200 de sus gramos significa absorber cero colesterol, dos veces la cantidad preceptiva de vitamina C y esa retahíla de bondades: hierro, potasio, magnesio, fósforo, fibra, cobre, zinc, así como vitaminas de todo pelaje y orden:  A (becaroteno), B1, B2, B3, B5, B6, B9, B12, E y K.

Strawberry-170517-03.jpgLa generosa fresa puede, sin embargo, desatar alergias que su mismidad tiene a humedad, agua y larga conservación. Empero, por su camaleónica capacidad gastronómica adora zambullirse en nata, crema, helados, salsa, agrumas y vinagre, emborracharse con champán, licores, tintos o blancos. En pocas palabras, gusta de sorprender al personal. Así en esa simplísima receta de nuestro Blogapetito, toda frescura, delicadeza y facilidad:  fresas con habas sobre camita de lechuga y lonchas de pavo.

En cada plato de color blanco, disponer sobre unas bellas hojas de lechuga bien limpias, unas fresas muy gordas lavadas, escurridas con dulzura entre paños, cortadas en dos, habas frescas, lonchitas de pavo al natural (o de pollo, de faisán, incluso de pescado como merluza hervida). Decorar con rayas de caramelo, espolvorear sal Maldón (u otro flor de sal) y pulverizar un poco vinagre de Módena. Esa entrada repleta de vitaminas y muy dietética,  puede acompañarse de un original:Strawberry-170517-04.jpg

Sorbete de fresa y de albahaca:   lavar 200 gr. de fresas, mixar con 1 zumo de limón, 1 vaso de agua, 100 gr. de azúcar,  10 gr de hojas de albahaca. Congelar, servir en cuencos transparentes decorados de fresas y lonchitas de limón, hojitas de albahaca restante.

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acelga-040507-01.jpgSeguimos con nuestros afanes de comer ligero y desde luego, uno de los manjares más idóneos es la Beta vulgaris var. cicla o acelga.  Verde, que te quiero verde, debió de pensar su creador mediterráneo antes de verla ingresar el Capitulario De Villis, fiera ordenanza real del siglo VIII reglamentando estrictamente los cultivos de los huertos de un ducho jardinero, Carlomagno.acelga-040507-02.jpg

El Emperador himself vigiló cosa, elecciones y tecnicismos, reformando así agricultura y administración medievales de sus feudos, que corrían de Iberia a Deutschland, pasando por esa  Francie (sic), puro caos en dicho apartado. Contradecir su ecológico diktat costó lo suyo (destierro, cárcel, multas millonarias) a los villici díscolos (gobernadores de sus villi o villa). Con esos implacables mimbres impuso cien cultivos de árboles, plantas y hortalizas, destacando la nervuda acelga, que tanto apreciaba por sus potentes propiedades diuréticas.

Esa sanísima hortaliza es pariente de la espinaca, otra Chenopodiaceae subfamilia de las Amaranthaceae, genero que abarca unos 2400 especies. Se cocina tal favorita de Popeye, la creen insípida y es falso, dígale a los Nizardos llamados “caga blea” (sin necesidad de traducción), por echarla por doquier en sus ollas. Esos lares inventaron un postre sublime, la tourta de bléa, perfecto exponente de la exquisita versatilidad de nuestra heroína, sobreviviendo gustosamente entre manzanas reinette, piñones, queso, anís, aguardiente, pasas, azúcar moreno, sal y pimienta.

acelga-040507-03.jpgCien maravillosos gramos de acelgas apenas surten 20kcal y cero colesterol, un derroche de fibras, potasio, hierro, yodo, sales minerales y magnesio. Sobresaliente en beta-caroteno, ácido fólico, vitamina A (esencial para huesos, piel, mucosas, defensas), reduce peso, depura sangre e hígado, aparte de cocinarse de mil maneras, hojas y pencas confundidas, cruda, hervida, guisada, rellenada, azucarada, rebozada, rehogada, en amor y compañía de carne, demás hortalizas, mariscos y pescados. Y bravo bravísimo, lo todo, a un precio módico.acelga-040507-04.jpg

Los italianos son devotos de esa generosa planta, que nuestro Blogapetito propone hoy en versión marina y gratinada para 4 convites.  En una sartén y aceite de oliva rehogar (30’) 1 cebolla en lonchas, 700gr de hojas de acelga lavadas y cortadas,  un vaso de caldo de pollo, escurrir y disponer en un plato para hornear, de barro mejor. Cubrir con unos filetes del pescado elegido, nata mezclada con un poco de mostaza, salpimentar con prudencia, repartir queso emental o gruyère, gratinar (30’) et voilà!

Consejos: la frágil acelga debe consumirse muy rápidamente, conservarla al fresco entre paños húmedos sin aplastarla, dos día como máximo. Tomada en decocciones, alivia de inflamaciones vesiculares y pesadas hemorroides.

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zanahoria-250407-01.jpg “...  En el subsuelo duerme la zanahoria de bigotes rojos”  (Pablo Neruda)

 

La primavera altera y felizmente provoca apetitos de frescos manjares ligeros, tales Dama Zanahoria, raíz antaño negra, posiblemente une bella afgana salvaje que Plinio el Viejo en su Historia Natural, llamó “pastinaca galinca” o comida de los Galos y describe de tono impoluto. El naturalista antiguo, sin duda,  debe referirse a una rara especie blanca, puesto que la alegre variedad anaranjada fue llevada alrededor del siglo X de mano árabe a  la cálida Hispania donde la llamaron carlota y la botánica "Daucus Carota".  

Carlomagno sintió una imperial devoción para ella, así como su colega Isabel la Católica, quien atiborró realmente su potager con su soberana predilecta y sabiamente extendió su cultivo a toda su amada península. A su intenso consumo personal debe seguramente la reina su deslumbrante carnación, cuya impresionante luminosidad resalta en todos sus retratos (mirad y admirad en ese apetecible ejemplo plasmado por un pincel extático).

Esa humilde planta integra la bella familia de las Umbelíferas (modernas Apiacéas) y plaga toda la cuenca mediterránea con sus admirables cualidades: refuerza las defensas naturales, protege de infecciones y arrugas, agudiza visión y defensas inmunitarias.

Además, ostenta montones de fibras, pectina, hierro, fósforo, sodio, calcio, yodo, potasio, vitaminas B1, B2, B6, C, D, PP y 100 gr de su consumo proporcionan 7,3 mg de beta caroteno transformado por el organismo en preciosa provitamina A.zanahoria-250407-02.jpg Aliada de intestinos e hígado de los cuales regula la función, su jugo natural igualmente mejora las pieles atónitas o escamosas, estimula el tono general y ayuda en el penoso trance menopáusico.

Pulverizada, encerrada en cápsulas o grageas, acelera el bronceado, en mascarilla es maravillosa, su nutritiva aceite antioxidante mezclada de crema hidratante aclara los cutis apagados y sus  utilizaciones culinarias son casi infinitas: zumos, ensaladas, sopas, caldos, potées, pudines, purés, cremas, guisos, salsas, mermeladas, panes y cakes de esa hortaliza son invariablemente deliciosos. Cruda, rallada, rociada de aceite de oliva virgen y gotitas de limón es un matutino tesoro nutricional, hervida presencia los régimenes bajos en calorías, es un potente antidiarreico, al vapor, exquisita y con todo, puro oxígeno para un urbanita organismo estresado y militantemente anticolesterol.

Moraleja de la story, vaya monstruito diez la esbelta zanahoria, casi un botiquín/comodín ella solita, que nuestro  Blogapetito reúne hoy con delicadezas de coliflor, en una inusitada receta de gran aporte vitamínico y bella vistosidad para 4 personas. Encantará mayores y niños, acompañada de una enorme gran ensalada mixta y zumos ligeros.

Cortar 4 zanahorias peladas en finos redondeles, 1 coliflor mediana en trocitos, hervirlas juntas unos 15’. Precalentar el horno a 180-200º. En un bol batir 3 huevos zanahoria-250407-03.jpgenteros, 30 cl de nata líquida espesa,  salpimentar, espolvorear un poco de nuez moscada rallada. Verter la mezcla en pequeños moldes de flanes (de porcelana mejor), repartir las legumbres escurridas, un poco de queso emental o  gruyère, gratinar bellamente (25-30’).

Anécdotas: el arte del perfumista ampliamente aprovecha la rica esencia de zanahoria, para sustituir o reforzar las fragancias de iris, mimosa o  violeta. Los floristas más atrevidos usan sus aéreos rosetones de hojas y gráficas umbelas rosiblancas para decorar frescamente interiores y patios. Gastronautas, basta consumirla, dice la leyenda urbana, para ser happy, amable y delgada, puesto que cien gramos igualan 31 kcal.

Gastroastucia:  finos fans de la cosa dicen que no siempre es necesario pelarla. Con lavarla, depositarla en un paño limpio, frotarla con azúcar gordo parece bastante y de tal guisa, conservará las preciosas vitaminas escondidas bajo su piel.

So famous:  la culta zanahoria abrió museo en la blanca Albión, en un clic a su alcance: http://www.carrotmuseum.co.uk/

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¿Qué es esto?
 

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Los Conquistadores fueron pioneros en degustar una deliciosa legumbre llamada “askutasquash” por los Indios americanos. En España, la llamaron calabacín, en Francia courgette y en Italia, zucchino.

 

Las blancas carabelas hispanas llevaron a Europa cuatro variedades del Cucubirta Pepo, que primero decoró los botánicos antes de lanzarse al huerto mediterráneo, naciendo, especialmente en Italia, deliciosas recetas como gratinados, cremas, pizze, ratatouilles, fritatas, sopas e incluso mermeladas.

 

El esbelto calabacín llega con el verde mes de mayo, tierno y fresco como una rosa, paseando sus más de 3000 primaveras para nuestro placer y salud:  100 gr. apenas surten 30kcal., un gran abanico vitaminado (A, BC, C, B9, B1), fibras amigas del tránsito intestinal e interesantes minerales como calcio, potasio y hierro. En fin, un tesoro de salud, cuidando nuestras forma y líneas.

 

 

Jean-Baptiste de la Quintinie, sufrido jardinero de Luis XIV, especializado en proeza hortícola, -producir frutas y legumbres fuera de estación para deleitar al goloso monarca- lo cultivó experimentalmente en el modélico Potager Royal versallesco, envidia de todas las Cortes europeas, en amor y compañía de otras quince parientas cucurbitáceas, tales calabaza azul y pepino, otro predilecto del rey solar. Luís supervisaba personalmente sus adorados "primeurs" y nunca dudó en disfrazarse de jardinero real, trabajando sus cultivos preferidos y conversando con el erudito De la Quintinie.

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Hoy, nuestro Blogapetito para 4 personas  será de lo más dietético, barato y apetitoso con esa receta ideal para principiantes, feliz maridaje de pasta, queso y calabacines.

Repartir en un plato para hornear y por capas, 250 gr. de spaghetti hervidos al diente y escurridos, 2 calabacines grandes, finamente cortados y cocidos a la plancha sin ninguna materia grasa.

 

Salpimentar con moderación, cubrir con queso rallado a discreción, añadir un poco de flor de sal y de mantequilla, gratinar y degustar con una ensalada lechuga bien condimentada.calabacin-170417-04.jpg

 

Consejo:  elegir siempre unos calabacines de verde intenso, brillantes, firmes y deprovistos de manchas o negruras. Cocidos al vapor, son todavía más beneficiosos. Para perfumar su carne, depositar una hojita de laurel o de orégano en el agua de cocción. Resulta sorprendente.

En Africa y Asia, el calabacín simboliza riqueza y fecundidad. Fue alimento básico, con el maíz y las habas, de los Amerindios. En la Provenza francesa y Niza especialmente, consumen sus flores en buñuelos, acompañados de una salsa de tomate natural apimentada. Es una auténtica delicia servida en aperitivo, con un vino fresco y rosado del terruño.

Es el mejor alimento-forma que se puede encontrar, muy digesto incluso para los organismos más frágiles y delicados, como de los níños y personas mayores. ¡Usar y abusar del calabacín!

 

 

 

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¿Qué es esto?
 

gazpacho-120307-01.jpg¿Qué vínculo extraño une la última emperatriz francesa, Almodóvar y El Quijote? Respuesta:  el top ten de las sopas frías, español por antonomasia, verbigracia el gazpacho. En un primer apartado, nobleza obliga y pamelones en ristre, andaremos de bodón parisino. Ese frío 20 de enero de 1854, la capital gala exulta y Cupido también: Luis-Napoleón III desposa a su adorada Eugenia Maria Ignacia Augustina Palafox de Guzmán Portocarrero y Kirkpatrick de la Platanaza, novena Condesa de Teba, alias Eugenia de Montijo.

Arrecia la hispanomanía en Francia, el mito rebelde de Carmen y a ritmo de vals bajo los oros del  Segundo Imperio, nace la refulgente estrella de su nuevo reino y época, Madame Napoléon III, según las pícaras crónicas solamente vestida de diamantes y de sus marmóreas espaldas.

La Corte gala deviene una frenética fiesta perpetua y el menú casero, un testimonio de sus anhelos patrios. Así jamón serrano, verde aceite de oliva andaluza y gazpacho ahora imperiales, hacen el paseíllo entre estupefactos vichyssoise, foie gras y entremeses tan français. Los happy few disfrutadores de esos ibéricos placeres, en la estela de una joven emperatriz envuelta de flores, tules, cold cream y patchulí, casi se mueren de glamour en el endogámico experimento. 

Guiado por su pasión andaluza, Luis-Napoleón ordena una folie (palacio) digna de su esposa y sus nostálgicas inclinaciones gastronómicas. La construirá en Biarritz (costa vasca francesa), perla oceánica  predilecta de la soberana, que ya disfrutaba en su niñez de sus blancos encantos arenosos, salvaje costa esmeralda y plateados cielos de encaje. Dicen que las cosas de palacio van despacio, empero en tal caso y año escaso, surge de 18 hectáreas de dunas vigilando las olas bravas, Villa Eugenia, maravillosa residencial estival, cuyas tres alas perpendiculares dibujan una E inmortal, a la gloria eterna de su hermosa destinataria. Así mandan las cosas del Amor, incluso en la arquitectura.

gazpacho-120307-02.jpgPor tanto en julio de 1855 lujo, clase y magnificencia modificarán el destino del modesto pueblo ballenero mudado a ”playa de los reyes y reina de las playas”. Mientras la Corte retoza entre baños de mar, esa osada novedad, el sesudo Emperador-constructor modifica el litoral local. El resultado es un boom inmobiliario frente al verde y espumoso abrazo atlántico, ahora rendez-vous obligado de testas coronadas y tropeles de famosos pudientes acudiendo del mundo mundial.

Tales setas crecen marabuntas de magníficas mansiones, hoteles particulares y castillos, feudos de los saraos más selectos y ágapes más costosos con famosfera incluida. Eugenia triunfa, su inseparable gazpacho también, degustado como fashion delikatessen veraniega en inusitados tazones de barro rodeados de impolutos encajes que realzan sus tomateros exotismos.

Ciento cincuenta y dos lunas después pervive su tradición al menú de Villa Eugenia, ahora Hotel du Palais, megapalacio vestido de oro, ocre y suntuosidad heredada de ese pasado tan intenso.  Al paso de su mágica puerta giratoria, el tiempo detiene su vuelo y reciben intactos, gracia, alma y aura de Eugenia en un purpúreo marco marmóreo donde el lujo palpita entre orquídeas y elegantes palmeras. Cenar en La Rotonde, su ovalado y deslumbrante restaurante antiguamente sala de baile, es un inolvidable sueño romántico servido por un ballet stylé de aplicados camareros, en una aterciopelada atmósfera cerúlea atentamente vigilada por los retratos imperiales. Emociones de aligerada alta gastronomía franco-vasca, sabrosos productos locales, postres de alquimia divertida y, como no, de tenaz gazpacho impecablemente interpretado por el maestro Jean-Marie Gautier, son las deliciosas propuestas diarias del asequible menú (55€), rebuscado por los paladares más exigentes y regado por los vinos más exquisitos.

Evidentemente tantos embrujo, esplendor perenne y buen gusto necesitan de un rara avis, mente privilegiada y perfeccionista excepcional, para mantener a flote leyenda hostelera, máximo control de calidad y contundente página de Historia que también, se degusta. El culpable que no cesa, huérfano de tiempo libre y a pie de cañón desde cuatro décadas se llama Jean-Louis Leimbacher.

Anfitrión delicado, herramienta imprescindible y conversador chispeante, vela tal vestal incasable sobre clientela, fastos y hogar de Eugenia, tesoro arquitectónico clasificado monumento histórico, trotando discreto, incansable y con ojo clínico por el escenario de una historia compuesta de  pasillos infinitos, 22 suites, 154 habitaciones, 3 restaurantes, 2 bares y magnífico recién estrenado SPA. Es que Biarritz, sin tales talentuosos profesionales custodiando esa  flor marina mecida por las olas que desafía a los siglos, no sería del todo esa joya apodada Biarritz la Belle. A la vitalista Eugenia tanta entrega apasionada a su imperial sueño preservado la hubiera deleitado. www.hotel-du-palais.com

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